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Reportaje:FOTOGRAFÍA

Romance en tiempo real

En el portal Flickr surgió la llama. A Madi Ju y Patrick Tsai les separaban continentes, pero se unieron para documentar una historia de amor que ahora siguen internautas de medio planeta. El festival de Hyères les trajo en carne y hueso.

SE conocieron por Internet, en el portal de fotos Flickr, y se enamoraron al instante. Él, un chico de granja de Lehighton, un pueblo de apenas 5.000 habitantes en la estadounidense Pensilvania. Ella, del otro lado del mundo, de Wuhan (China), una megalópolis de casi ocho millones de almas. Patrick Tsai, 27 años, y Madi Ju, de 25, decidieron unir sus vidas en julio de 2006. Pat Pat (así se hace llamar él) estaba viviendo temporalmente en Taiwan, de donde era originaria su familia, mientras que ella residía en Cantón (China). ¿Solución? Viajar hasta Macao y conocerse. "Quedamos a medio camino", ríen los dos, y terminaron "en la habitación 414 de un hotel". Ahí empezó su proyecto, My little dead dick, o Mi pequeña polla muerta. Así, como suena. "Nunca hemos creído necesario explicar el nombre", dice Madi con complicidad.

Muertos, lo que se dice muertos, no parecen ni el pene de Pat ni el cuerpo de Madi en las innumerables instantáneas hechas estos dos años. Porque lo que comenzaron a documentar en la 414 es una relación amorosa. En pelotas, muchas veces; posando y sin posar, riendo a carcajadas. "Éramos muy curiosos los dos. Nos encantaban las fotografías del otro. Y cuando por fin nos conocimos empezamos a disparar como locos", recuerda Pat. "Esa primera noche le hice la primera foto desnuda a Madi". La primera de muchas más, claro. "Gastamos como 10 carretes ese día. ¡Y el resultado nos sorprendió!", explica ella. Decidieron colgarlas online y convertirse, conscientes o no, en todo un culto entre internautas. "La gente hizo comentarios estupendos; nos animamos a continuar".

My little dead dick empezaba así una larga travesía que el pasado abril les llevó al 23º Festival Internacional de Moda y Fotografía de Hyères (Francia), el trampolín europeo favorito de los editores de revistas de tendencias que importan. Aunque la pareja asegura que no ha tenido suerte. "No ha sido un éxito. Parecía que la gente no nos tomara en serio", reconoce, modesto, Pat. Diga lo que diga, su singular realidad cotidiana ha logrado, Internet aparte, aparecer en publicaciones y festivales de Italia, Estados Unidos, Rusia, China o Brasil. Países que les han otorgado una dimensión de artistas que se ha acabado traduciendo en esta invitación a Hyères, festival que a su vez ha lanzado a diseñadores de moda como Viktor & Rolf o Gaspard Yurkevich o fotógrafos como Sølve Sundsbø. La particularidad de Pat y Madi es la combinación entre la fotografía y la Red, y cómo esa mezcla logra hacerse un hueco en las galerías de arte. Una forma desacomplejada de entender la fotografía que es honestamente narcisista y orgullosamente aficionada. Producto inequívoco de esa generación yo popularizada por la psicóloga Jean Twenge, en la que el individuo joven —convenientemente armado con todo tipo de cachivaches digitales— se convierte en arranque, finalidad y estrella absoluta de sus manifestaciones. Un trabajo que evoca a Ryan McGinley y la naturalidad de sus desnudos, y quizá también a las polaroids de Dash Snow, mucho más salvajes que las de Pat y Madi, pero igual de libres, inmediatas y desmitificadoras.

Cuentan que han dejado "de momento" la fotografía en pelotas. Aunque ninguno de los dos se arrepiente de ella. Madi dice que accedió a destaparse "por su novio, porque es natural". Lo que no imaginaba eran sus consecuencias. Dejó de ser tan tímida, "como son la mayoría de los chinos", cuando se mostró al mundo. "Me ayudó a cambiar mi personalidad", cuenta. A Pat le pasaba igual: "no me gustaba mi cuerpo", admite, pero un día, en Estados Unidos, con sus compañeros de Universidad, se tiraron desnudos a la piscina. "Me dio por hacerles fotos. Más adelante empecé a aparecer yo en ellas. Entendí que no importa que tu cuerpo no sea perfecto. Hay cosas mucho más importantes para lograr un buen desnudo", asegura.

La feliz pareja de fotógrafos se pone seria para explicar que el desnudo no es un problema en China. "Aunque no puede ser portada de las revistas", reconocen. La censura está en otras partes, no en los genitales precisamente. "Los temas realmente sensibles tienen que ver con el desafío al Gobierno en situaciones como la ocurrida recientemente en Tíbet", señala Pat. La pareja, que vive en Pekín, cuenta que "mientras no toques la política, todo irá bien". Pero no es fácil. Sus imágenes supuran libertad. Por sus fuertes contrastes de colores y luces, por sus encuadres y naturalidad... Uno les entiende mejor cuando dicen: "A veces te dan ganas de gritar y traspasar los límites. Pero si quieres hacerlo... es mejor usar un seudónimo".

¿Planes de futuro? Los lógicos, más fotos y más vida de pareja. De momento ya han participado en la creación de un anuncio de publicidad. Pero no quieren dar más detalles al respecto. Pat sólo ríe aliviado ante la opinión familiar sobre su trabajo: "Mi madre ha dejado de pensar que no hago nada en la vida". Los padres de ambos nunca han visto My little dead dick. "No deben verlo. No lo aceptarían", coinciden.

http://www.mylittledeaddick.com/ http://www.flickr.com/photos/patpat http://www.flickr.com/photos/madiju

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de mayo de 2008