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viernes, 2 de mayo de 2008
Reportaje:Editar en los márgenes

El sutil arte de cazar lectores

Los nuevos sellos independientes reclaman su lugar en el mercado - Les unen el mimo, la vocación literaria y un espíritu marginal patente ya desde sus nombres

Hay datos suficientes para alarmarse. Algunos sostienen que el libro ha perdido ya su prestigio como camino privilegiado para llegar al conocimiento. Como entretenimiento, tiene demasiados rivales, y las nuevas tecnologías facilitan cada vez más el acceso a los contenidos audiovisuales. El lamento sobre el descenso de lectores viene de lejos y, periódicamente, un nuevo soporte tecnológico (ahora es el Kindle) amenaza al tradicional, el que está hecho de páginas. Con ese panorama, ¿hay alguien que pueda explicar la consolidación de tantos proyectos editoriales independientes en España? Un dato del reciente informe sobre la producción editorial de 2007, hecho por el Instituto Nacional de Estadística (INE), revela que la tirada media de los casi 64.000 títulos publicados es de 3.111 ejemplares. Tiradas menores, búsqueda de lectores concretos. Lo pequeño se impone.

"Confiamos en la potencia absoluta de la palabra escrita" (Acuarela)

"Nuestros títulos los proponemos sin estridencias, en voz baja" (Minúscula)

"Cuidamos hasta la exasperación nuestra imagen" (Impedimenta)

"Periférico como autónomo: dueño de tu propio destino" (Periférica)

"Rechazamos 'lo nuevo' como un valor en sí mismo" (Asteroide)

"El riesgo consiste en basarse en el propio gusto" (Sexto Piso)

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Buena prueba de ello son las editoriales convocadas para este reportaje. Sus catálogos rigurosos, la presentación elaborada y pasión por el oficio les unen. No sólo eso. Son tantos los nuevos y pequeños editores que el criterio para elegirlos ha sido en esta ocasión su nombre. Periférica, Minúscula, Libros del Asteroide... Todas comparten desde su bautismo un campo semático que remite a lo marginal.

"Conservamos intacta nuestra confianza absoluta en la potencia explosiva de la palabra escrita cuando entra en resonancia con la experiencia vivida", dice Amador Fernández Savater. Es uno de los amigos que pusieron en marcha Acuarela (se fundó en 1999, ha publicado 28 títulos y da nombre también a un sello discográfico, una revista y un grupo de música), que ahora trabaja con la editorial Antonio Machado. No Irish, No Blacks, No

Dogs, de Johnny Rotten (Sex Pistols) resume lo que persiguen: "Un relato en primera persona, una crítica radical de lo existente, una invitación a experimentar sin miedo fuera de lo conocido...". "Preferimos proponer libros sin recurrir a estridencias, casi en voz baja", comenta Valeria Bergali, de Minúscula (2000; 40 títulos). "Esto no significa que renunciemos a ser ambiciosos". Lo han sido. En su catálogo hay perlas como LTI. La lengua del Tercer Reich, de Victor Klemperer, o Las ciudades blancas, de Joseph Roth, e irán publicando los seis volúmenes de Relatos de Kolimá, de Varlam Shalámov.

Además de algunas editoriales independientes que ya han hecho historia como Anagrama, Tusquets o PreTextos, desde hace unos años hay otras muchas que se lanzan a la batalla del libro. Lengua de Trapo fue una de las primeras de esta nueva hornada. Le siguió Páginas de Espuma, y luego llegó el aluvión: Gadir, Nórdica, Barataria, Bartleby, Ediciones del Viento, Laetoli, Menoscuarto, Candaya, Global Rhythm, Cabaret Voltaire, Rey Lear, Melusina, Berenice, KRK, Bassarai, Abada, Katz, Marbot... En este mundo hace falta pasión, pero también importa hacerlo bien.

Es el caso de Libros del Asteroide (2005; 34 títulos), que consiguió poner en el mapa a un escritor como Robertson Davies con su Trilogía de Deptford y que, entre los españoles, ha rescatado El maestro Juan Martínez que estaba

allí, de Manuel Chaves Nogales. "Rechazamos deliberadamente que lo nuevo sea necesariamente un valor en sí mismo y por eso proponemos libros que ya han sido leídos y disfrutados por multitud de lectores en otros países", explica Luis Solano. "Son las pequeñas editoriales las que menos libros malos publican", afirma Julián Rodríguez, de Periférica (2006; 24 títulos). "Porque su programación es tan corta que pueden elegir sólo lo mejor, lo más interesante, y porque su prestigio, aún en vías de consolidación, se fundamenta en la calidad constante". Enrique Redel, de Impedimenta (2007; 10 títulos), insiste en una idea que comparten todos: "El culto por la estética es una especie de signo de los tiempos, y no somos ajenos a él. Creo que es por eso por lo que la mayoría de las nuevas editoriales cuidamos hasta la exasperación nuestra imagen de cara al público".

Y entonces, llegamos a sus nombres. Porque desde ahí ya muchos definen el terreno que pisan. "Periférico como autónomo", explica Julián Rodríguez recordando a Leonardo Sciascia, "es decir, como dueño de su propio destino". Santiago Tobón, de Sexto Piso (2002; 65 títulos), lo cuenta así: "El nombre es una combinación entre una idea muy clara que siempre tuvimos del logo (un sujeto lanzándose desde un edificio) y una muletilla que utilizamos desde hace años entre nosotros: 'Prefiero lanzarme de un sexto piso a...'. La intención de búsqueda permanente del riesgo implica emprender proyectos basados en el gusto y en la calidad literaria".

Cierto espíritu suicida igual es necesario, pero la juventud de los proyectos, y de los propios editores, revela que sigue habiendo un público interesado en leer. Las tiradas de las primeras ediciones van de los 1.000 ejemplares a los 5.000 (en contados casos). La aventura es casi la de salir a buscar uno a uno a los lectores. Enrique Redel (Impedimenta) reconoce haber editado "rarezas" y "exquisiteces", pero celebra haber apostado por los cuentos de Andrés Ibáñez. En Periférica el abanico es más amplio: clásicos y contemporáneos y una apuesta decidida por autores latinoamericanos desconocidos (Carlos Labbé, Yuri Herrera...), aunque sus cifras de venta sean "ruinosas". De la variedad de caminos que explora da idea su exitoso empeño en dar a conocer las novelas del serbio Goran Petrovic y arriesgar con títulos como Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber.

"¿Quién le compra hoy a su hijo una enciclopedia en papel?", se pregunta Solano (Asteroide), que considera que el libro ha perdido la batalla "por ser el primer transmisor de cultura". Pero no ve mal el momento editorial de nuestro país: "Se leen más libros, de más calidad y mejor editados que nunca". Julián Rodríguez apunta a otro sitio: "Hemos nacido en una época donde podemos ser editores sin ser ricos". Lo permiten las nuevas tecnologías.

Eso sí, al libro electrónico no le tienen mucho temor. "El libro es muy práctico, está por demostrar que pueda haber algo mejor que el libro... para lectores", dice Fernández Savater. Y Valeria Bergali: "El libro sobrevivirá, es casi perfecto. Y digo casi porque la perfección, dicen, no existe".

Más información en el blog El rincón del distraído, de José Andrés Rojo.

50.000 euros en cuentos

Son muchas las editoriales que publican cuentos, pero Páginas de Espuma se ha tomado la batalla por la defensa de este género como una cuestión personal, por así decir. No se ha limitado simplemente a publicar relatos de autores muy diferentes, sino que ha tratado de incorporar la vocación por lo breve como una seña de identidad del sello.Hace poco su lucha se concretó en una iniciativa muy ambiciosa: Páginas de Espuma es la editorial que publicará el libro ganador del premio más cuantioso destinado a apoyar al relato como género.Se trata del I Premio Internacional de Narrativa Breve, de carácter bienal y dotado con 50.000 euros para el mejor libro de cuentos inédito en castellano. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero se encarga de la parte económica del asunto y Páginas de Espuma es la que se ocupará de materializar el libro (el primero de ellos, previsto para 2009).Como comentaba el día de la presentación del premio Juan Casamayor, responsable de la editorial, en un cuento "nada puede sobrar ni faltar, requiere una técnica exquisita que elimine lo sobrante y deje sólo la esencia, como un buen vino".Así que vino y literatura en el caso de Páginas de Espuma. El camino parece ser justamente ése: buscar cómplices, establecer pactos, unir esfuerzos. Varias de las nuevas editoriales independientes comparten imprenta, se soplan quiénes son los buenos traductores, colaboran a la hora de buscar distribuidor, se reúnen en congresos.La unión hace la fuerza. Es la única salida para competir en un mercado plagado de novedades y en el que mandan los grandes grupos, y donde si algunas editoriales independientes, ya clásicas, han sabido mantenerse ha sido por su inmejorable olfato y buen hacer.

FERNANDO VICENTE

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