Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Confirmado, los milagros del Photoshop no existen

Reino Unido reaviva el debate sobre el retoque fotográfico

La británica Keira Knightley presenta sin duda uno de los palmitos más atractivos entre las jóvenes actrices del celuloide. Pero sus atributos no convencieron a los distribuidores americanos de la película El rey Arturo (2004), que decidieron incrementar el volumen de sus pechos en el cartel publicitario que anunciaba la película.

La prensa ya ha admitido los efectos nocivos de esa distorsión

Lejos de constituir una anécdota, la práctica de trucar digitalmente (o lo que es lo mismo, con Photoshop) las imágenes de las estrellas viene siendo habitual. Especialmente en las páginas de papel cuché que erradican artificialmente cualquier atisbo de arruga o michelín de los físicos que las protagonizan. Y que no afecta sólo a los famosos: también sucumbió el presidente francés Nicolas Sarkozy. La revista Paris-Match, cuyo propietario, Arnaud Lagardère, es amigo, le eliminó un michelín de su cintura. Era el pasado verano y había que lucir palmito.

Esa táctica tan extendida podría tener los días contados en el Reino Unido si un conjunto de revistas que integra la Asociación de Publicaciones Periódicas -entre las que se encuentran Vogue y la edición inglesa de ¡Hola!- accede a imponer el veto solicitado desde el sector sanitario y el propio Consejo Británico de la Moda.

Las negociaciones están en curso y el propio sector de la prensa ya ha admitido los efectos nocivos de brindar una imagen distorsionada y poco realista del cuerpo, sobre todo cuando se trata de exhibir el cuerpo femenino.

La campaña cuenta con el apoyo de la actriz Kate Winslet (cinco veces candidata al Oscar), quien dos años atrás osó plantar cara a la revista GQ por modificar un reportaje fotográfico del que era protagonista para estilizar su figura. Ni ella ni su colega y amiga Emma Thompson están dispuestas a ceñirse a unos cánones de belleza que estiman tan artificiales como pernicioso ejemplo para el público más joven e influible.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de abril de 2008