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domingo, 23 de marzo de 2008
Reportaje:

Muere 'Cachao', la gran estrella del mambo

El músico fallece a los 89 años tras sufrir una enfermedad renal

Israel López Cachao era un señor afable pero circunspecto, muy lejos de la exuberancia que se atribuye a las figuras de la música cubana. Parecía un buda de caoba, constantemente sorprendido de que la fama le llegara cuando ya había pasado la edad de jubilarse y la salud le traicionaba. Contrabajista y compositor de 89 años, fallecía ayer en un hospital de Miami, víctima de una dolencia renal.

Cachao, uno de los últimos supervivientes de la edad dorada de la música afrocubana, puede ser considerado uno de los inventores del mambo, aparte de popularizador de las descargas, el equivalente latino de las jam sessions jazzísticas. Sin embargo, nunca alardeaba de sus logros. No tuvo ningún resquemor contra Pérez Prado, al que reconocía su habilidad para convertir el mambo en un ritmo aceptado mundialmente. Ni se veía como propietario del concepto descarga: "Era algo que hacíamos muchos músicos habaneros, por puro relajo".

El músico habanero era el vivo retrato del instrumentista modesto

El espíritu puritano y autoritario de la Revolución le impulsó al exilio

Habanero del 14 de septiembre de 1918, pertenecía a una familia musical, donde todos dominaban al menos un instrumento. Se estrenó en grupos cuando todavía llevaba pantalones cortos y recordaba poner música a sesiones de cine mudo. Estudió solfeo y, como muchos de los López, se inclinó hacia el contrabajo, ingresando en la Filarmónica de La Habana.

Corrían los años treinta y Cachao complementaba sus escasos ingresos clásicos tocando en orquestas de música popular, en teatros y salas de baile. Con su hermano, el pianista Orestes López, entró en Arcaño y sus Maravillas y juntos desarrollaron sincopados danzones propios: eran temas como Mambo (1938), que ellos encuadraron modestamente en la categoría de "ritmo nuevo". Fueron otros músicos, como Pérez Prado, los que dieron forma comercial al mambo, convirtiéndolo en una de las músicas más salvajes de mediados del siglo XX.

Por temperamento, renunció a dirigir una agrupación y prefirió ser un pluriempleado, trabajando en las bandas de Mariano Mercerón, José Antonio Fajardo o Bebo Valdés. La música afrocubana había integrado el formato de jazz band y Cachao, hombre curioso, se interesó por otros hallazgos del jazz. Participaba regularmente en descargas y decidió grabarlas. Convocó a los músicos tras sus habituales trabajos nocturnos, los reunió en un estudio y realizó varios elepés que servirían de inspiración a mil discos posteriores.

La llegada de la revolución castrista, con su puritanismo y un desmedido afán regulador de todas las actividades, le impulsó al exilio. A finales de 1962, dejó a su familia y se subió a un barco rumbo a España. Instalado en Madrid, tocó en La Riviera y otros locales de ocio. Pero aquel no era un buen ambiente para crear: Cachao se alojaba en una pensión y todos los días debía aguantar los sermones de otro cliente, un cura fanático que le aseguraba que iba por el camino de la perdición.

En cuanto arregló los papeles, se trasladó a EE UU. En Nueva York sabían quién era y encontró trabajo fácilmente: Machito, Tito Rodríguez, Cándido, Tito Puente, Chico O'Farrill, Eddie Palmieri o Lou Pérez fueron sus nuevos jefes. Por su habilidad para improvisar, tuvo más oportunidades en el mundo del latin jazz que en el de la entonces pujante salsa, aunque se puede encontrar su nombre en algunas contraportadas de Fania.

En los años ochenta, buscando un clima más benévolo, se trasladó a Miami. Pero la industria de la música latina de Florida no tenía hueco para un veterano de su categoría y terminó ganándose los frijoles en lo que él llamaba "un grupito de la BBC, de Bodas, Bautizos y Comuniones". Siempre profesional, hasta se aprendió canciones judías, para complacer a la numerosa comunidad hebraica de la ciudad. Incluso renunció al voluminoso contrabajo para tocar instrumentos más transportables.

Le rescató de la oscuridad un amante de los viejos sonidos y percusionista aficionado, el actor Andy García, que le dedicó un vibrante documental, Cachao: como su ritmo no hay dos. A través de García, conectó con Gloria y Emilio Estefan, entonces reyes del Miami latino, que le dieron bola en Mi tierra, el primer disco retro de música cubana pensado para el gran público, y que continuaron recurriendo a sus servicios. Cachao aglutinó entonces unos deslumbrantes discos estelares, los volúmenes de Master Sessions, que le dieron un reconocimiento tardío. Pudo recorrer todo el mundo, dándose el capricho de volver a actuar en La Riviera madrileña, pero como primera figura.

Con una excepción. Aunque ganó el premio Grammy, en Cuba siguió en el ostracismo. Incluso en los medios musicales, donde le confundían: allí existe otra generación de contrabajistas con su mismo apellido, como su sobrino Orlando Cachaíto López.

Cachao, en 1995, durante el rodaje de la película Two Much, de Fernando Trueba. / SANTOS CIRILO

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