La brisa de la pintura toscana sopla en la vieja central eléctrica
Caixaforum 'debuta' en Madrid con piezas maestras de la Galería de los Uffizi
Caixaforum ofrece su exposición denominada El pan de los ángeles. Colecciones de la Galería de los Uffizi. De Botticelli a Luca Giordano. En una sala-zaguán lucen tres espléndidos tapices de seda, hilo de oro y plata dorada, tramados en el taller montado en Florencia por la patricia familia Médicis, en un intento, feliz, por emular la magnificencia textil de los bajos y altos lizos de los Países Bajos.
Con esta carta de presentación -cartones y dibujos de Alexandro Allori y Francesco de Rossi, más Guasparri Papini y el bruselense Nicolás Karcher, tejedores- el visitante se ve adentrar de lleno en el puro clasicismo europeo, el Renacimiento, dentro de una arquitectura ultramoderna de compleja hechura tapizada con un jardín vertical, apenas a un latido del cercano Museo del Prado. La travesía de estas obras de arte desde la ciudad de los Médicis hasta Madrid podría ser interpretada como un reto a la soberbia dote pictórica que alberga el cercano edificio de Juan de Villanueva; pero cabe entenderla, más bien, como un guiño cosmopolita que invita a una emulación evocadora, de doble gozo: el Prado y los Uffizi, las dos cumbres de la pintura europea y universal, por primera vez en su historia se aproximan tanto y permiten, casi al tiempo, ser admirados.
Además del relato sacral en torno a la vida y muerte de Jesucristo -ineludible para comprender la trama del arte europeo desde la Edad Media hasta el siglo XIX- la exposición admite aquí otros ejes narrativos, como el meramente cromático: desde el azul líquido que tiñera de sueños Patinir, explícito en La creación de Adán, de Jacopo da Empoli (1632), hasta el anaranjado de La cena de Emaús, obra de Cristofano Allori, en 1605, o el carmín de una Virgen de Francesco Mazzola, prodigio de devota axialidad bizantina y de inocencia. Junto a una deslumbrante Madona della loggia del florentino Sandro Botticelli, destellan fogonazos del genio más puro, como los rostros leonardescos de una Virgen con el Niño, de Andrea Piccinelli.
Culmen expresivo de serenidad y belleza cabe admirar en la mirada de María, con su hijo en brazos, en una Sagrada Familia de Nicolás Pisano: sus ojos ensimismados parecen columbrar la Pasión de Jesucristo.