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lunes, 17 de marzo de 2008
Reportaje:

Quiero saber quién es mi padre

La nueva ley de adopciones recoge el derecho del niño a indagar en su origen biológico - La búsqueda puede llegar a los donantes de semen

¿Tienen derecho todas las personas a conocer la identidad de sus padres biológicos, sean adoptados, criados en una institución, concebidos gracias a un donante de semen o de óvulos o incluso las personas nacidas gracias a un útero alquilado, una opción ilegal en España pero admitida en algunos estados norteamericanos? La clave de esta respuesta está en el hijo. Frente a las antiguas leyes que protegían ante todo la voluntad de los padres, por las herencias o la presión social, las legislaciones modernas anteponen por encima de todo el derecho del niño a conocer a su padre o a su madre, haya sido adoptado, concebido gracias al semen de un donante y sea cual sea el país de origen de sus padres. En España, la Ley de Adopción Internacional ha concedido este derecho a todos los adoptados una vez que cumplan 18 años, lo que, según los juristas, abre la posibilidad de que las demás personas que no conocen sus orígenes puedan solicitarlo a un juez o incluso de que se plantee en el futuro un cambio de la legislación para eliminar, por ejemplo, el anonimato en las donaciones de semen o de óvulos.

Sólo la mitad de los que quieren saber sus orígenes llega a algún contacto

La búsqueda se debe hacer con la ayuda de un mediador profesional

En España, la donación de semen y de óvulos es secreta y todos los datos del donante los guarda el centro de reproducción asistida. Pero ya no lo es en países como el Reino Unido o Suecia y en algunos estados norteamericanos. Aparte de constituir un derecho de la persona el saber quiénes son sus padres, otra cuestión que inclina la balanza hacia la transparencia son los avances científicos. La investigación con células madre permite, por ejemplo, concebir hijos para usar la sangre del cordón umbilical para salvar a un hermano y sus avances harían posible avisar a un familiar de una enfermedad genética tratable antes de que se desarrolle en él o en sus hijos. Se abre así un mundo nuevo en la medicina en el que el conocimiento de los orígenes biológicos puede ser clave para salvar vidas. Además, ¿no deber ser también una opción individual reconstruir la vida que se tiene si así se desea? Muchas personas necesitan conocer más de su pasado cuando llegan a un momento clave de su vida. El derecho a poder hacerlo es indiscutible para muchos expertos, pero esta búsqueda supone tomar un camino que conduce a un destino plagado de incertidumbres y, en muchos casos, de problemas.

Una vez localizados los padres biológicos, ¿qué pasa si éstos no están dispuestos a ser encontrados? ¿No tienen derecho a que se proteja su anonimato?

Los acuerdos internacionales son claros y la legislación española ha ido adaptándose a ellos. España ratificó en 1990 la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, que establece el "derecho, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos". Este principio es el que se ha aplicado en la Ley de Adopción Internacional, aprobada el pasado 28 de diciembre. "Tendrán derecho a conocer los datos que sobre sus orígenes obren en poder de las Entidades Públicas españolas, sin perjuicio de las limitaciones que pudieran derivarse de la legislación de los países de que provengan los menores", reza la norma.

Aunque -como recuerda Pilar Blanco-Morales, directora general de Registros y Notariados del Ministerio de Justicia, que ha coordinado el proceso de elaboración de esta ley- este derecho ya estaba reconocido para los adoptados dentro de España en el Código Civil y en el derecho propio de algunas comunidades autónomas. "Esta ley complementa algo que ya existía, es muy respetuosa con los procesos que se deben seguir y recoge todos los estándares de protección del menor", explica la jurista.

Pero el reconocimiento de este derecho de los adoptados puede ser sólo el principio para su generalización a toda persona que quiera conocer sus orígenes, como defiende Naciones Unidas. Algunos juristas ven probable que pueda ampliarse ese derecho en España, algo que buena parte de los psicólogos ven razonable siempre que se haga a iniciativa del interesado y con la ayuda de un mediador profesional, pero que los especialistas en reproducción asistida consideran problemático. Éstos advierten de las dificultades que provocaría el eliminar el anonimato de las donaciones de semen y óvulos.

Uno de los principales expertos en derecho de familia, Luis Zarraluqui, recuerda que "el principio universal que ha de regir esta actuación es el interés del menor". Y recuerda el derecho de éste a saber su origen, por ejemplo, a conocer "que es adoptado y que sus padres no lo son biológicamente". Zarraluqui añade que no hay que olvidar que a menudo la identidad de los padres biológicos es desconocida.

Pilar Blanco-Morales, catedrática de Derecho Internacional Privado, lo ve así: "La medicina del futuro no va a ser de los medicamentos sino de la biología, de la genética. Cuestiones como la investigación con células madre o la conservación de los cordones umbilicales harán cambiar todo. Aunque la ley garantiza el anonimato de los donantes, no descarto que llegue el momento en el que alguien lo reclame en los tribunales o en el que la legislación española cambie de principio".

La Ley de Reproducción Asistida, de 2006, sólo permite "excepcionalmente" revelar la identidad de los donantes si hay "peligro cierto para la vida o la salud del hijo". "En algunos países nórdicos permitieron que se conociera su identidad y se quedaron sin ellos, es muy negativo para la reproducción asistida", advierte el presidente de la Sociedad Española de Fertilidad y jefe del servicio de Medicina de la Reproducción del Instituto Universitario Dexeus, Buenaventura Coroleu. "Si España se plantea cambiar esto, tendría primero que discutirlo un grupo multidisciplinar para analizar los beneficios y perjuicios desde el punto de vista psicológico, médico o ético", añade.

Tiene una opinión en el mismo sentido el codirector del Instituto Valenciano de Infertilidad, Juan Antonio García Velasco: "Ya analizamos el impacto que esto podría tener en el sur de Europa y vimos que era brutal. Yo creo que es difícil que aquí se abra la legislación, sea bueno o no para el niño, porque vemos todos los días cómo muchas parejas no le dicen ni a su hijo ni a sus familiares cercanos que el niño ha sido concebido gracias a un donante de semen o de óvulos. La presión social es tremenda".

En España nacen alrededor de 15.000 personas gracias a las técnicas de reproducción asistida y se producen unas 1.300 gestaciones por inseminación artificial de un donante. Pero estos datos son aproximados, al no existir registro de donantes ni de centros.

En el caso de las personas adoptadas, la búsqueda de sus orígenes tiene muchas veces el plus del sentimiento de abandono e incluso el del maltrato. Esto hace que puedan tener más inquietud por encontrar a los padres biológicos. En España se adoptan cada año cerca de 4.500 niños de países extranjeros y 800 españoles.

El catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, Jesús Palacios, especialista en adopción y acogimiento, dice que "todo lo que afecta a la identidad de las personas forma parte de su derecho y esa información debe darse en el momento y en la forma adecuada, sin hacer daño a la persona y ofreciéndole ayuda".

Palacios explica que lo crucial es la mediación. Si hay una colisión de intereses, el mediador debe ocuparse. "Lo ideal es que la gente no se lance a la aventura, porque la otra persona puede no querer ser encontrada. También es común que decidan buscar sus orígenes cuando les pasa algo importante en su vida, como cuando tienen un hijo o se les detecta una enfermedad".

Palacios explica que se dan dos tipos de búsquedas, una interna y otra externa. La interna empieza a los 8 o 9 años, edad a la que se plantean por qué le adoptaron, si se acordarán de él o por qué no buscaron trabajo para poder mantenerle. Este especialista insiste en que la calidad de la comunicación con el hijo sobre este tema es crucial. "Es bueno que el niño sepa que la adopción es algo de lo que se puede hablar y preguntar en su casa, con independencia de la cantidad de información que se tenga o se le pueda dar en cada momento". A los 13 o 14 años repunta la curiosidad. A estas edades se plantean, por ejemplo, la hipótesis de qué hubiera pasado, cómo habría sido su vida si hubiera crecido con sus padres biológicos. Pero Palacios dice que, según su experiencia, la mayor parte de los adolescentes "se tranquilizan cuando se les asegura que se les va a ayudar y entonces la mayoría lo posponen".

La segunda búsqueda es la externa, la decisión de intentar localizarlos y conocerlos. En países como Estados Unidos hay empresas que se dedican a estas búsquedas, muchas de las cuales se anuncian en Internet, pero en España no ha surgido este tipo de negocio porque el sistema de adopciones es público.

Las personas adoptadas pueden pedir ayuda en los servicios de postadopción de las comunidades, que cuentan con equipos multidisciplinares de trabajadores sociales, psicólogos y asesores jurídicos. De los adoptados que atienden en estos servicios, sólo alrededor del 25% o el 30% acuden para buscar sus orígenes y de ellos el porcentaje que acaba poniéndose en contacto con ellos raramente supera el 15%.

"La mayoría de los que buscan sus orígenes en la actualidad han sido adoptadas en España, los que proceden del extranjero son aún pequeños. Pero sabemos, por la experiencia de otros países, como Suecia, que aumentarán estas búsquedas", explica el psicólogo y coordinador del Servicio de Postadopción de Andalucía oriental, Daniel Soto. Su programa de búsqueda de orígenes lleva cuatro años durante los cuales han atendido unos 110 casos. En Andalucía hay 8.000 familias adoptivas.

"Lo que quiere la mayoría es conocer su historia. En un primer paso se busca información, lo que no implica que ambas partes se identifiquen", explica Soto. Es un contacto mediado y se quedan en él la mitad de las personas que inician esta búsqueda. "Al segundo paso llegan alrededor del 15% de los que acuden al programa. La mayoría tiene entre 18 y 30 años y más que a su madre o padre biológico buscan hermanos de los que a menudo tienen algún recuerdo". Daniel Soto dice que para el adoptado es menos complejo buscar hermanos porque los consideran salvaguardados de cualquier tipo de responsabilidad de lo que pasó.

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