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viernes, 14 de marzo de 2008
Reportaje:Signos

Una nueva cultura del deseo

El sevillano Dokushô Villalba publica un libro sobre la meditación zen

Dokushô Villalba ha recorrido un largo camino desde su nacimiento en Utrera (Sevilla). Fue ordenado monje soto zen (forma de budismo) en París. El encargado de su ordenación fue Taisen Deshimaru, su primer maestro, con quien estudió durante varios años el zen. Villalba se formó en los principales monasterios zen de Japón. Ha traducido una treintena de obras de la tradición budista y es autor de varios libros sobre el zen.

Villalba ha publicado Zen en la plaza del mercado en Aguilar. El libro lleva como subtítulo Claves zen para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la globalización. Esta obra es una introducción a la historia y la práctica de la meditación zen, considerada como una herramienta que ayuda a las personas a bucear en su intimidad más profunda y a comprenderse mejor. El libro busca también dar claves para desenvolverse en una sociedad dominada por las leyes del mercado y la globalización.

"El zen es un excelente antídoto contra el mal de la alienación"

Un utrerano dedicado al zen supone una curiosa combinación. Tras ella hay una historia de militancia política, crisis existencial y renacimiento espiritual. "Estudiaba Magisterio en Sevilla en los años 1975 y 1976. Estaba muy implicado en la lucha antifranquista. Tenía una inquietud social fuerte. Pero sufrí una gran desilusión respecto a la lucha política como sistema de transformación de los individuos. Por ello, dejé la lucha política y atravesé una crisis espiritual. Fui a una conferencia de un monje zen y me convertí en su mano derecha. Me di cuenta de que ahí había un camino para mí", relata. Luego vino un periplo que se inició en París y culminó en Japón.

Zen en la plaza del mercado es su octavo libro. "Llevo 25 años trabajando en el mundo editorial. He traducido unas 40 obras de espiritualidad oriental. Este libro fue una propuesta de Aguilar. Acepté la propuesta como un reto, como una manera de llegar a un público más amplio", comenta Villalba.

El malestar existencial corroe a muchas personas. Para el resto, es una amenaza que pende constante, una bandada de pájaros de mal agüero que dan vueltas en vuelos cada vez más cerrados. "La condición humana está siempre sujeta a un cierto estado de angustia existencial. Somos los únicos animales conscientes de su propia muerte, de su carácter transitorio. Aparte de esto, en nuestro momento histórico, el malestar adopta la forma de una angustia existencial que tiene como base la pérdida de contacto con la propia naturaleza humana. Hemos desarrollado una cultura contraria a nuestras necesidades reales y, por tanto, contraria a las leyes de la naturaleza", explica Villalba.

¿El zen puede servir de alivio o curación de los males generados por un entorno social hostil? "El zen no es un elixir curalotodo. Las causas de la crisis son complejas. El zen puede aportar claves; el zen puede aportar inspiración. En la tradición budista la felicidad se consigue con el autocontentamiento. Una reducción consciente de nuestros deseos innecesarios implicaría una reducción del consumo innecesario. Necesitamos una nueva cultura del deseo; necesitamos aprender a desear sanamente. El deseo es como un fuego. Y la publicidad y el marketing se encargan de estimularlo. Controlar este fuego es fundamental. De lo contrario, nos veremos abocados a un colapso económico y social", asevera.

"Normalmente estamos identificados con una autoimagen producto del condicionamiento social. La práctica del zen no implica un nuevo condicionamiento, sino tomar contacto con uno mismo", dice. "La práctica del zen supone crear la propia vida a partir de lo que uno siente personal, emocional y espiritualmente. Y no a partir de una imagen o idea inducida por el condicionamiento sociocultural. El zen es un excelente antídoto contra el mal de la alienación. Crear deseos es muy fácil. Satisfacer los deseos creados es más difícil. La publicidad estimula deseos que luego no se pueden satisfacer. El resultado es un estado de frustración que genera malestar existencial y violencia", agrega.

Villalba ha visto a lo largo de su vida cómo el zen influía de una forma positiva en la existencia de cientos de personas. "Lo veo continuamente. Llevo 25 años de enseñanza. He visto la transformación de cientos de personas. El zen lo practica todo tipo de gente: personas acomodadas, obreros, mujeres, hombres, jóvenes, maduros, ancianos... Y es tan simple como sentarse y sentirse", concluye.

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