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Reportaje:

Las librerías se ponen al día

Los libreros impulsan un inédito mapa del sector con ayuda de la Generalitat

¿Están las librerías catalanas empresarialmente al día? ¿Cuántos trabajadores tienen de media? ¿Se las puede ayudar a reconvertirse ante los nuevos retos? Y aún más básico: ¿cuántas hay? A todas esas preguntas elementales querrá dar respuesta el futuro mapa de librerías catalanas que el Gremio de Libreros de Cataluña ha puesto en marcha en el estudio más completo planteado hasta ahora en el sector, una ambición apoyada por el Departamento de Cultura de la Generalitat, que subvenciona el estudio con 52.000 euros.

La simbiosis era inevitable: en un momento de profundos cambios en el mundo del libro, la concentración de puntos de venta, el inexorable avance de las grandes superficies y las exigencias de inmediatez de los clientes preocupan y laminan al último escalafón de la cadena del libro, los libreros. El Gobierno de la Generalitat, por su parte, teme la lenta sangría de la librería tradicional: es la que aguanta el libro en catalán, pues casi la mitad de sus fondos son en esa lengua, lo que no sucede en los grandes almacenes (26%) e hipermercados (21%). Sólo pensar qué puede ocurrir cuando quizá ni tan siquiera puedan vender uno de los grandes salvavidas del año, los libros de texto (no sometidos al precio fijo y, por tanto, carne de gran superficie o cooperativa), acrecienta la preocupación institucional. El miedo es fundado: el porcentaje de libros que se venden en librerías independientes ha descendido cinco puntos en los últimos años en España, hasta quedar en uno de cada tres ejemplares.

Los puntos de venta tradicionales, cobijo del libro en catalán, están en retroceso

"Vivimos un momento de cambio de modelo de negocio que está afectando a toda la cadena del libro y en especial a los libreros, por lo que hay que recabar su opinión y conocer su estado; pero para eso hay que identificarlos bien", apunta Gerard Nahm, responsable del que parece un plan de viabilidad dada la amplitud de la investigación, de la que se espera resultados para septiembre, y la creación de unas conclusiones con un abanico de propuestas.

El primer objetivo es algo tan básico como localizar y contar las librerías existentes en Cataluña y su tipología. "Agremiadas hay unas 350, pero debe de haber unas 700", apunta Nahm.

Desde las listas de las cámaras de comercio a las páginas amarillas, se quieren cruzar datos y cuantificar un sector disperso (donde conviven desde el quiosco y la librería-papelería al departamento de gran hipermercado) en un trabajo de campo en el que se preguntará por las especializaciones, el porcentaje de ventas de uno u otro producto, y la adecuación de la tienda a su entorno socioeconómico.

En cualquier caso, Nahm tiene claros algunos problemas del sector antes de empezar el estudio: "La informática tiene poco peso en el proceso global de la librería; las relaciones con editores y distribuidores no son fluidas ni están exentas de dificultades -como se demuestra a veces al averiguar si un libro está o no agotado-, mientras que el servicio al cliente también es susceptible de mejora", enumera. Pero a su vez es conocedor de algunas soluciones adoptadas por colegas como los alemanes: "La respuesta de las librerías independientes pasa por modelos de trabajo compartido entre ellas".

Las sinergias colectivas entre librerías independientes también aparecieron como apuesta de futuro en el informe que el economista Antoni Serra Ramoneda realizó sobre el sector de la distribución del libro por encargo del Departamento de Cultura, pero que la presidenta del gremio de libreros, Imma Bellafont, califica de "pobre y desfasado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de febrero de 2008