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lunes, 28 de enero de 2008

El Foro Social Catalán concluye con una fiesta de 3.500 protestas

Unas 190 asociaciones integraron ayer una marcha marcada por la espontaneidad

FERRAN BALSELLS Barcelona 28 ENE 2008
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"El Foro no acaba aquí, es un proceso permanente que hemos de sostener entre todos", insistieron sus responsables en la plaza de Sant Jaume, a modo de despedida. En este cierre fueron desfilando algunas entidades que participaron, durante el viernes y el sábado, en las actividades que el FSC realizó en la Universidad de Barcelona. "La clave del éxito es que se han sumado personas que nunca se habían manifestado antes", explicó un organizador.

Pau no fue el único principiante, a juzgar por una naturalidad tan ausente en otras marchas convocadas bajo intereses políticos o eclesiásticos. A primera hora, cuatro jóvenes estudiantes se esforzaban en acabar sus cartulinas de protesta al tiempo que discutían porque les daba vergüenza ponerse en primera fila. Y en el último momento, Jonas se apresuraba a anudar con hilo de tender ropa los altavoces del único coche de la marcha. "Es lo que tenía a mano", comentó este sueco de 56 años que vive en Barcelona desde hace 23.

"Es un gran avance. Tras el foro estamos más abiertos a las demás entidades"

"Con tanto folleto ya no sé ni cómo me llamo", bromeó una manifestante

Su pareja, Núria Vidal, ecologista de 62 años, contó que este ambiente era similar al del Foro de Porto Alegre. Sabe de lo que habla, porque ha acudido cuatro veces a esa cita. "Qué gusto, andar todos juntos", dijo. "Es un gran avance, porque antes estábamos como encerrados en nuestros propios grupos", resumió.

Pasadas las 12.30, los manifestantes echaron a andar mientras se iban sumando asociaciones cívicas para unir sus exigencias a la manifestación. Tantas, que a Roser le faltaban manos para cargar con todos los folletos. "Ya no sé ni cómo me llamo", bromeó ahogada en un mar de papel.

A su paso por La Rambla, los turistas vieron desfilar a ritmo de batucada una exhaustiva lista de las cuestiones que preocupan a la sociedad catalana. Desde la Ley de Extranjería hasta el "terrorismo multinacional", pasando por la tala de bosques, la guerra de Irak y la violencia machista, por citar algunos ejemplos.

Sergi, de 13 años, recorrió el kilómetro y medio de espaldas porque marcaba el compás de los tambores. "Queremos que la gente vea que podemos cambiar el mundo", gritó entre la música. Sus golpes retronaban en los callejones próximos a Canaletes, donde Asunción, de 81 años, intentaba seguir el ritmo. "Sí, muy bonito, pero el mundo es caprichoso", dijo recordando su experiencia. "Espero que tengan más suerte que nosotros", suspiró.

 
 

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