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domingo, 27 de enero de 2008

Un tipo común

La personalidad anodina del 'broker' al que Société Générale acusa del mayor fraude bancario de la historia aviva las dudas sobre su culpabilidad

Jérôme Kerviel era demasiado normal para ser considerado un perdedor. Hasta el día en que fue acusado por Société Générale de haber cometido el mayor fraude de la historia bancaria, no había nada llamativo en él.

No logró los suficientes votos para ser elegido concejal en su pueblo natal, Pont-l'Abbé, una localidad de 7.800 habitantes de la Bretaña francesa; después de años de practicar yudo, no pasó del cinturón verde, un nivel medio, por culpa de un problema en sus rodillas; y no asistió a ninguna universidad de élite, sino a una facultad mediana, donde cosechó unas notas respetables, pero nada sobresalientes.

"Los más espabilados; los que consiguen mejores trabajos no estudian aquí", dice Valérie Buthion, la directora del departamento de Economía e Ingeniería Financiera de la Universidad de Lyon, donde Kerviel hizo un máster en finanzas.

Sus compañeros dicen que es listo, pero no un genio de la informática

En un intento por explicar cómo un broker de nivel medio ha causado unas pérdidas de 4.900 millones de euros, los antiguos jefes de Kerviel en Société Général, uno de los más antiguos y respetables bancos franceses, le describieron como un empleado "brillante" que logró eludir los sofisticados sistemas de control. Pero el perfil de la vida de Kerviel, de 31 años, no ofrece ningún brillo especial. Al contrario, los que le conocen le retratan como un joven reservado que prefería quedar siempre en un segundo plano.

Es esta descripción la que ha avivado las dudas sobre su capacidad de generar él solo unas pérdidas tan desorbitadas. Algunos expertos franceses sugieren que Kerviel puede servir de chivo expiatorio para tapar otras pérdidas que el banco habría tenido por las hipotecas basura.

El salario de Kerviel, unos 100.000 euros anuales, era irrisorio si se compara con el de algunos de sus colegas. Y la subida que logró en 2006 se limitó a un pobre 1,5%. Sus compañeros de trabajo aseguran que era tranquilo y que destacaba poco. Listo, pero desde luego ningún genio de la informática. "Cuando apareció la noticia, vi su foto y pensé que no podía ser él", dice un compañero que prefiere no dar su nombre.

Hijo de una peluquera y de un profesor en una escuela de siderurgia que murió hace dos años, vivió en Pont-l'Abbé hasta que se marchó a estudiar a Nantes, y más tarde a Lyon. Allí fue a una universidad con estudiantes destinados a cubrir puestos poco glamourosos en oficinas. "Era uno más entre los de su clase; nunca destacó", dice su antigua profesora Gisele Reynaud.

Como muchos de sus compañeros, Kerviel comenzó a trabajar de becario en Banque Nationale de Paris. Y entró en Société Générale en 2000. Un año más tarde, el alcalde de su pueblo le llamó para entrar en las listas para las elecciones municipales, pero no logró suficientes votos para ser concejal.

Según cuenta el que fue su profesor de yudo durante seis años, a Kerviel le gustaba tratar con la gente, por lo que él también dio clases de artes marciales a niños.

Con los periodistas merodeando por su casa desde que se destapó el desfalco multimillonario, los familiares han preferido guardar silencio. "Lo siento, pero no tengo ningún interés en hablar de eso", decía el viernes su tía Raymonde Kerviel, antes de dar un portazo en la cara de los curiosos.

Los responsables del banco, que afirman que Kerviel no se ha enriquecido, aseguraron en una rueda de prensa el pasado jueves que es una "persona débil" y que tenía "problemas familiares".

Tanto el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, como el primer ministro, François Fillon, insistieron en que el caso Kerviel no tiene ninguna relación con el desplome de las Bolsas de la semana pasada o con las crisis de las hipotecas subprime. Pero Fillon no dejó pasar la ocasión de criticar a Noyer por no haberle avisado antes del agujero de 4.900 millones de Société Générale.

© The New York Times.

Un policía registra el apartamento de Kerviel en la noche del viernes. / AP

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