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lunes, 14 de enero de 2008
COLUMNA

Desiré

Leo en este periódico un reportaje estupendo de María R. Sahuquillo sobre las numerosas mujeres que estos días se han visto afectadas por el paro de los centros abortistas. Entre los distintos casos que recoge, me detengo en el que sigue, sobre una mujer que está a punto de cumplir el límite legal para abortar y no puede. Dice la periodista: "Desiré está embarazada de 22 semanas y hace tan sólo unos días le detectaron una malformación genética al bebé que espera. Ayer visitó una de las clínicas que secundan el paro".

Un poco más abajo, entre paréntesis, la citada periodista nos aclara que el nombre de "Desiré" es supuesto. Y esto me hace pensar en los motivos que la llevaron a elegirlo. Normalmente, cuando uno tiene que poner un nombre supuesto, elige un nombre estándar. En un reportaje, cuando no puedes dar el nombre verdadero del protagonista, le pones uno falso, porque es mucho más próximo que poner una inicial, como hacía Kafka en alguno de sus libros. Pero ese nombre falso no puede chupar plano a no ser que sea con intenciones humorísticas. Si María R. Sahuquillo, por ejemplo, hubiese elegido un nombre como Romualda o Agripina, automáticamente su trabajo no habría sido tomado en serio.

En prensa, cuando no puedes dar el nombre de una persona le pones uno falso, bonito y no chocante

Los nombres utilizados en los reportajes en castellano o catalán hasta ahora han sido Laura, o Marta, o Susana, o Isabel, o Rosa. Nombres bonitos y no chocantes. Desde luego, cuando se trata de ponerle un nombre ficticio a alguien de otro país, se elige un nombre de ese país. Y hay veces que a ese nombre se le quiere dar una intención narrativa. Por ejemplo, el nombre y el apellido de la heroína de ficción Pilar Prim, como recordarán los estudiantes de literatura, es una contraposición. Algo fuerte y sólido como un pilar, resulta que es prim; es decir: delgado. Por otra parte, los cómicos malos, cuando quieren retratar al hijo de unos padres bastos y de poca cultura automáticamente le bautizan como Kevin Costner de Jesús. O cuando quieren retratar a un joven rico y pijo, le ponen Borja Mari.

Desiré es un nombre ficticio llamativo, que a primera vista se podría considerar con intención narrativa. No te imaginas, para entendernos, a unos padres pijos poniéndole Desiré a la niña. Luego, ¿la periodista llama Desiré al personaje real de su historia para demostrarnos a qué clase social pertenece, por ejemplo? Pues creo que no. Al contrario. Hace unos años, tal vez el nombre de Desiré denotaba una clase social, del mismo modo que lo denotaban ciertos nombres que en nuestras latitudes resultaban exóticos. Pero ahora no. Ahora, las Desirés son tan castizas -o mucho más- que las Mercedes. En las noticias de TV-3 hay una periodista -estupenda- llamada Samantha Vall. Las Vanesas que le deben el nombre a la pequeña Vanesa de Manolo Escobar son multitud. Por eso, la periodista de este reportaje ha sido la primera en cambiar las tornas y en darse cuenta de que hoy, el genérico es Desiré y el exótico es Mercedes. Prueba de esto es que hace un tiempo, un panadero del barrio de Sants se encontró a un bebé en un contenedor. Los periódicos publicaron que se iba a llamar Mercè en honor a la patrona de Barcelona, que celebraba en esos días su festividad. No es un nombre demasiado popular hoy en día. Yo pienso que es más fácil que se bautice como Mercè a esa niña encontrada en un contenedor (por el componente simbólico o de mascota que tiene) que a la hija del panadero que se la encontró. Por eso, en Barcelona también, existe una fantástica panadería llamada Forn Kevin.

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