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Reportaje:Las relaciones Gobierno-Iglesia católica

Por la familia, pero sólo la cristiana

La jerarquía católica arremete contra las leyes de Zapatero ante 160.000 fieles

"A la desesperanza por el camino del aborto y el divorcio exprés". "A la disolución de la democracia". Y en dirección contraria "a la Declaración Universal de los Derechos Humanos". A eso se dirige España por culpa del Gobierno socialista, en opinión de los obispos españoles, que ayer convocaron en el centro de Madrid a decenas de miles de fieles -dos millones según los organizadores, 160.000 según el cálculo de este periódico- para reivindicar "la familia cristiana" y arremeter contra el Ejecutivo, sin citarlo. El papa Benedicto XVI los saludó a todos, en directo, desde el balcón de san Pedro del Vaticano.

La política estuvo mucho más presente en la tribuna de oradores -un escenario de 40 metros en la plaza de Colón, presidido por un crucifijo gigante y ocupado por medio centenar de cardenales, obispos y representantes de movimientos católicos- que en el auditorio; a pie de acera, tomada por grupos de padres, hijos y abuelos -como mandaba el espíritu de la convocatoria-, no hubo gritos contra el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Aunque, entre cánticos y oraciones, muchos se declaraban preocupados por los mismos "ataques" a la "institución familiar" que los obispos iban denunciando en sus discursos: la ley de matrimonio homosexual, la de investigación biomédica, la del aborto -que no ha sido aprobada ahora sino en 1985, y que ningún Gobierno ha tocado- y, por encima de todas las anteriores, la del divorcio exprés, la que más rechazo parecía generar.

García-Gasco: "El laicismo radical lleva a la disolución de la democracia"

Cañizares: "La familia está siendo sacudida por legislaciones inicuas"

Rouco "[La ley] ha dado marcha atrás respecto a los derechos humanos"

Redes Cristianas ha criticado el acto y la "visión estrecha" de la jerarquía católica

El más apocalíptico entre los purpurados fue Agustín García-Gasco, cardenal de Valencia, que auguró "la disolución de la democracia" si prosigue "la cultura del laicismo radical": un "fraude" que "no respeta la Constitución" y "conduce a la desesperanza por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes", en referencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Antes de él había hablado Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, para subrayar que "el matrimonio y la familia son el centro neurálgico de la humanidad"; pero no cualquier familia sino en concreto la cristiana, que corre el peligro de "difuminarse" ante los nuevos modelos de familia. Éstos no sólo no son el centro de la humanidad sino que están dando lugar a leyes que son "ataques de gran calado", añadió el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares.

"La familia, pese a ser la institución social más valorada, está siendo sacudida en sus cimientos, incluso con legislaciones injustas e inicuas", dijo Cañizares. Y señaló el principal "problema social" en el que debe volcarse la Iglesia católica hoy: "La salvaguarda del matrimonio".

"Hoy la familia se siente acosada: se promueve el aborto y la anticoncepción, las familias se rompen apenas formadas...", clamaba en el estrado Francisco Ayuga, presidente diocesano de Acción Católica. Y en la calle dos mujeres asentían: "Cuando hay crisis en el matrimonio hay que dar oportunidades a la reconciliación, no empujar al divorcio". "Gays siempre hubo, qué le vamos a hacer. Que vivan juntos, pero nada de llamarlos familia", se escuchaba en otro grupo.

Aunque también había padres mucho más preocupados porque "el respeto se está perdiendo en las aulas" que por las leyes de Zapatero: "Eso de las leyes es lo de menos, de verdad. Lo importante es la educación, eso sí crea o rompe vínculos", murmuraba José Antonio rodeado por sus cuatro hijos.

Por fin se produjo la conexión con Roma, apareció Benedicto XVI en una pantalla de 25 metros cuadrados y cientos de padres levantaron en hombros a sus hijos -sepultados hasta entonces entre las rodillas de los adultos- para que lo vieran bien. El Papa animó a los cristianos a trabajar "por la familia y el matrimonio" y dijo que los padres tienen "la obligación" de educar a sus hijos en la fe.

Después de eso se sacó en procesión a la imagen de la Virgen de la Almudena, Kiko Argüello (fundador del Camino Neocatecumenal) cantó desde el estrado con su guitarra y, finalmente, tomó la palabra Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid. "El ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas reconocía: que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida". No se protege, según él, porque con "las leyes vigentes" se "relativiza radicalmente la idea del matrimonio" y "se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida opuestos al valor del amor indisoluble".

La concentración se disolvió a las tres horas de iniciarse. Y empezaron las críticas: IU lo tachó de "acto de precampaña del PP" (la dirección de ese partido no asistió como tal, aunque sí lo hicieron algunos cargos del PP como el diputado Jorge Fernández Díaz y el ex ministro Jaime Mayor Oreja) y la Federación de Gays y Lesbianas acusó a los obispos de despreciar la convivencia. Desde el seno de la Iglesia, el colectivo de base Redes Cristianas denunció la "visión estrecha" de la jerarquía católica.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de diciembre de 2007