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Editorial:

El desprestigio de la FP

Es hora de fomentar la Formación Profesional y de acabar con los prejuicios en su contra

Cada año salen al mercado más titulados universitarios que de Formación Profesional. Unos 190.000 frente a unos 150.000, respectivamente. Nadie parece haberse parado a pensar o, al menos, a exponer los perjuicios crecientes de esta situación tanto para el equilibrio del mercado laboral como para el desarrollo del país y para los intereses de los afectados de forma más inmediata, los jóvenes. La pirámide se está invirtiendo y si cada vez hay más titulados universitarios que saben, por ejemplo, hacer proyectos, no sucede lo mismo con quién los va a ejecutar.

Lo que cobran los universitarios cuando entran en el mercado laboral se está acercando cada vez más a lo que ganan los jóvenes que han cursado sólo la educación obligatoria, es decir, la ESO. La FP -que es la otra opción al Bachillerato después de conseguir el título de ESO- está en un punto intermedio, pero el 80% de los titulados en ella en muchas comunidades encuentra trabajo en su campo antes de seis meses. No les pasa lo mismo a los universitarios.

La FP sigue considerándose socialmente como la opción para los estudiantes que no están capacitados para ir a la Universidad. El 71% de los padres de alumnos de 16 años quiere que su hijo tenga estudios superiores. La consecuencia es que sólo 3 de cada 20 alumnos que acaban la ESO eligen la FP en lugar del Bachillerato. Esta situación no encaja, además, con que el 30% de los alumnos de esa edad ni siquiera logra el título de ESO.

A estas creencias populares que desprestigian injustamente una opción educativa (compuesta por dos etapas, FP de grado medio y FP de grado superior) que forma profesionales imprescindibles para el sistema productivo español, se une la falta de voluntad política para buscar una solución, más allá de las buenas palabras que siempre expresa el Gobierno de turno sobre la FP. Esta etapa necesita un verdadero vuelco, precisa repensar sus dos conexiones: con el mundo empresarial y con el ciudadano. Sería deseable meterla directamente en las empresas, darla a conocer bien en los colegios e institutos e incentivar su elección. Y no sería mala idea incluso cambiarla de nombre, como proponen algunos expertos.

En otros países, la FP no está desacreditada ni mucho menos. Más bien al revés. Sólo el 36% de los jóvenes españoles ha hecho una Formación Profesional de grado medio, casi la mitad que en Alemania (67%) o en Italia (62%), y estamos a años luz también en este tema del país ejemplar en todas las cuestiones educativas: Finlandia. Allí, el 81% de los alumnos cursan este tipo de formación, muchos de ellos para tener una preparación práctica antes de ir a la Universidad.

No debe confundirse el derecho de todos los alumnos a ir a la Universidad con la necesidad de que todos lo hagan. El sistema educativo que necesitan los ciudadanos del siglo XXI después de cursar la educación obligatoria debe ser ante todo flexible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de diciembre de 2007