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domingo, 14 de octubre de 2007
COLUMNA

De cómo y para qué se ejerce el periodismo

Director de EL PAÍS 14 OCT 2007

DESDE QUE HACE BASTANTES meses comenzamos los esfuerzos que culminarán el próximo domingo en el primer gran cambio que EL PAÍS experimenta en sus 31 años de historia, hubo una pregunta que se habría de repetir luego en tantas reuniones que acabó por convertirse en el primer gran escollo que parecía necesario solventar antes de poder avanzar. Primero, con timidez, asomó en citas internas, de la casa, donde esbozábamos ideas aún nonatas y garabateábamos borradores que todavía no lo eran; pero después devino en un crescendo al que se sumaron, a ambos lados del Atlántico (por eso somos el periódico global en español), tantos amigos, lectores y colaboradores:

-¿Y para qué cambiar?

Cuando logramos formular la respuesta, ya estuvo hecho casi todo. Hubo un día en que por fin atrapamos los perfiles de ese anhelo en una frase muy sencilla: cambiamos por responsabilidad; por responsabilidad con nosotros mismos, en primer lugar, como periodistas; por responsabilidad con nuestros lectores y, por extensión, por responsabilidad con la sociedad a la que nos dirigimos y con la que ya contrajimos ese compromiso hace 31 años, cuando el periódico vio la luz por vez primera.

El diario -independiente de la mañana- que salió a la calle entonces era un feroz compromiso con la sociedad de aquel momento, con las libertades, con la democracia, y con el cambio que se estaba produciendo tras 40 años de una dictadura insólita en Europa occidental. Y ése fue su éxito: su independencia insobornable, su capacidad de entroncar con los anhelos y con las aspiraciones de la centralidad de la sociedad española de 1976. Esto es, su capacidad de constituirse, a la vez, en referencia del país al que se dirigía y en foro público donde conformar la opinión pública de la nación, un elemento imprescindible de la democracia tal como la hemos entendido hasta ahora.

Por eso no creemos que el periodismo esté en crisis; y si nos hubiéramos de preocupar por el futuro de los periódicos, mejor haríamos en hacerlo por el futuro de la democracia misma. Por eso cambiamos. Un periódico es, entre otras muchas cosas, una mirada compartida con sus lectores a lo largo de los años. Y para seguir desempeñando esa función con éxito en los próximos 15 o 20 necesitamos conectar con las generaciones que se convertirán en el eje central de este país en ese periodo de tiempo. A todos los niveles: un nuevo discurso narrativo; otra manera de contar lo que sucede; cómo se les ofrece y qué se les ofrece; un nuevo perfil de la modernidad, que ahora tiene poco que ver con la que se impuso hace tres décadas; Internet. Asumimos la responsabilidad de todo ello porque queremos seguir siendo el espacio público para la formación de un consenso en torno al proyecto democrático: hemos venido a serlo desde 1976. Muchos otros han renunciado; ninguno puede aspirar a él desde la posición de primacía de EL PAÍS en España y en el universo que se expresa en español a ambas orillas del océano Atlántico.

No estamos hablando de que las fotos sean más grandes o más pequeñas; no estamos toqueteando unos detalles en los márgenes para ver si las páginas quedan un poco más modernas; no pretendemos más vistosidad como puro efecto pirotécnico. Nos estamos jugando cuestiones fundamentales para la España de los próximos 20 años. Y tenemos una idea muy clara de qué país queremos, porque ser independientes no implica cargar con la losa de la indiferencia o la equidistancia: aspiramos a una sociedad abierta, liberal, moderadamente progresista, lo que muchas veces ha venido a identificarse con las posiciones del centro izquierda de este país, aunque a propósito de sonadas trifulcas con Gobiernos socialistas los más tontos o los más interesados hayan realizado muchos aspavientos de incredulidad que, de ser sinceros, tan sólo muestran un grado supino de desconocimiento de cómo se ejerce el poder, de cómo se ejerce el periodismo independiente, y de cómo se relacionan ambas cosas entre sí. Y así pretendemos seguir, igual de beligerantes, de independientes y de incómodos para todos los poderes como, con el apoyo de nuestros accionistas, ejecutivos y redactores, hemos venido siendo desde 1976. Ni más, ni menos.

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