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miércoles, 10 de octubre de 2007

Un general ruso denuncia los abusos del círculo de poder que rodea a Putin

Un responsable de los servicios secretos rompe el silencio y alerta de una guerra interna

Por primera vez, un alto cargo de Rusia, el general Víktor Cherkésov, petersburgués y allegado del presidente, Vladímir Putin, ha reconocido en público que la casta de los servicios de seguridad que gobierna el Estado, y a la que él pertenece, está enfrentada en una guerra intestina, que puede llevar a Rusia por el camino de las "peores dictaduras latinoamericanas". Cherkésov, que dirige el Servicio Federal de Control de Estupefacientes y fue jefe de los órganos de seguridad de San Petersburgo, tomó la iniciativa de publicar ayer un extenso artículo en el diario Kommersant.

En él, el general exhortó a los miembros de los servicios secretos en el poder (la "corporación", según su terminología) a elegir entre asumir con disciplina militar la responsabilidad histórica de sacar al Estado ruso de la crisis de los años noventa o hundirse en la corrupción y aprovecharse del poder para enriquecerse. "No puede haber ganadores en esta guerra", escribe Cherkésov. "Hay demasiado en juego".

Cherkésov prefiere la palabra "corporación" a "casta" para denominar la élite gobernante, formada por funcionarios de seguridad o chequistas, pero subraya que "ni siquiera a una casta le está permitido todo". "Una casta tiene sus normas, sus reglas. Una casta se destruye desde dentro cuando los soldados comienzan a convertirse en mercaderes", afirma.

El artículo se inserta en la compleja lucha por el reparto de poder en el Kremlin cuando acabe el mandato presidencial de Putin y es también un alegato defensivo de Cherkésov tras el arresto de Alexandr Búlbov, uno de sus colaboradores inmediatos y de otros funcionarios de su departamento, que, a petición de la fiscalía, ayudaban a investigar dos grandes escándalos de contrabando de la época Putin en los que están implicados altos cargos de Seguridad, Aduanas e Interior.

A Búlbov se le acusa de escuchas telefónicas y de extralimitarse en sus funciones, lo que muchos interpretan como un intento de evitar la imputación de altos cargos de los servicios. Búlbov investigaba el caso de contrabando de muebles denominado Las Tres Ballenas (en alusión al centro comercial al que iba destinado), en el que hubo asesinatos. Se da la circunstancia de que el periodista y diputado Yuri Schekochijin, que investigaba este mismo caso, murió de una forma extraña, que indujo a pensar en un posible envenenamiento. El comité que dirige Cherkésov ha insistido en que debe abrirse una investigación judicial, según el ex agente de seguridad Kiril Kabánov.

El caso de Las Tres Ballenas produjo tal crispación interna entre los allegados de Putin que éste lo entregó a un investigador de San Petersburgo de su confianza, con el cual colaboraba el arrestado Búlbov. Cherkésov afirmaba ayer que el registro realizado en el piso de éste sólo podía interpretarse como un intento de cuestionar las pruebas recogidas en el caso.

Cherkésov no daba nombres, pero expresaba desconfianza ante el comité investigador, recientemente creado, que, según él, sólo puede tener éxito si es "independiente". El arresto de sus colaboradores indica "todo lo contrario", además de una "crueldad excesiva", afirmaba. El comité, adscrito a la fiscalía, está dirigido por Alexandr Bastrikin, hombre próximo al vicejefe de la Administración presidencial, Igor Sechin, quien a su vez, está emparentado con el ministro de Justicia y ex fiscal Dmitri Ustínov. Sechin y Ustínov forman, según los kremlinólogos, el eje de la línea dura, que se vale de la intimidación y de la arbitrariedad para reforzar sus intereses.

Según el alto funcionario, Rusia puede evolucionar por tres caminos. El mejor sería que formara una "sociedad civil normal" y plena y cuanto más pronto mejor. El segundo, peor que el primero, es la vía corporativa, en la que los chequistas aseguran "una estabilidad a largo plazo y una salida progresiva de la profunda depresión sociocultural" que vive Rusia. Esta vía, sin embargo, tiene "enormes riesgos", entre ellos "el peligro de transformar un gran país en una ciénaga del tipo de las peores dictaduras latinoamericanas con su cerrazón social y su neofeudalismo", afirma Cherkésov. El tercer camino, "incompatible con la vida", es el de repetir todos los catastróficos errores que llevaron a la desintegración de la URSS, y destruir el sistema de los órganos de seguridad que han sido los únicos capaces de consolidar el Estado.

Putin conduce su coche, un Mercedes ML, acompañado del presidente francés, Nicolas Sarkozy, en su dacha de Novo-Ogarievo, cerca de Moscú. / AFP

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