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sábado, 22 de septiembre de 2007

El matemático que sólo confiaba en un hombre

En 1990, Alberto Fujimori era un desconocido profesor de Matemáticas, hijo de inmigrantes japoneses, cuyo mayor cargo público había sido ser rector de la Universidad Nacional Agraria de La Molina. Ese mismo año se dio a conocer y al frente de una novel agrupación política, Cambio 90, derrotó al novelista Mario Vargas Llosa en la segunda vuelta de las elecciones generales y se convirtió en el sucesor de Alan García en la presidencia.

Heredó un país flagelado por el terrorismo y una inflación que superaba récords históricos. En sus primeros años, con agresivas medidas, logró estabilizar la economía, un mérito muy recordado por la población.

En 1992 clausuró el Parlamento e inició el proceso de elaboración de una nueva constitución, la misma que le permitió la reelección en 1995. En esos años también logró la captura de los principales líderes terroristas.

Sin embargo, también aparecieron las primeras objeciones respecto a los métodos a los que recurrió el estado en esta guerra, así como a su alianza con el asesor Vladimiro Montesinos, siniestro personaje que desde el servicio de inteligencia nacional convirtió el espionaje político en una práctica común y se convirtió en un poder oculto detrás del poder oficial. Fujimori no confiaba en nadie más que en Montesinos. No tenía más asesores de confianza.

Fujimori tiene cuatro hijos, de los cuales la primogénita, Keiko Sofía, fue la congresista más votada en las elecciones parlamentarias del año pasado. Ella podría ser la candidata del fujimorismo para las elecciones presidenciales de 2011.

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