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Tribuna:

Darfur, una tragedia que puede repetirse

La crítica situación que sigue prevaleciendo en Darfur está ocasionando un sufrimiento inmenso a su pueblo. Ambos bandos del conflicto -el Gobierno de Sudán y sus fuerzas aliadas, así como todos los grupos de la oposición de Darfur- han de comprender que los civiles no deberían ser víctimas de sus disputas políticas.

El consentimiento del Gobierno sudanés al despliegue de la misión híbrida de Naciones Unidas y Unión Africana (UA), destinada a mantener la paz en la región, es, por supuesto, un acontecimiento grato. Pero el mandato de esta misión debe ser lo bastante firme como para permitir una protección total de la población civil. Asimismo, la fuerza debe poseer dotación, capacidad y financiación suficientes para llevar a la práctica este objetivo vital con eficacia. Los países e instituciones que han asignado fondos adicionales para garantizar el éxito de esta misión -en particular Francia, España y la Comisión Europa- son dignos de aplauso.

Es importante que los actores internacionales aseguren al Gobierno de Sudán que la misión de la ONU y de la UA no emprenderá un cambio de régimen en el país ni se desviará de ningún otro modo de su mandato de pacificación. A su vez, el Gobierno sudanés debe ser plenamente consciente de que la comunidad internacional sólo se sentirá impulsada a mantener su respaldo si dicho Gobierno respeta compromisos pasados y coopera en la preparación, el despliegue y el mantenimiento de la misión.

En cuanto a la oposición de Darfur, los recientes esfuerzos realizados por algunos de sus líderes para superar la fragmentación y reunificar su movimiento son una evolución positiva. Es esencial que los principales grupos de la oposición lleguen a un consenso sobre sus metas y posiciones de negociación. Sólo entonces podrán actuar como socios creíbles de la comunidad internacional y del Gobierno sudanés. Todas las partes del conflicto deben ser conscientes de que, en definitiva, no hay manera de poner fin a su disputa salvo a través de un acuerdo de paz equitativo y sostenible secundado por todos los interesados. El regreso de las personas desplazadas dentro del mismo país y la debida atención a las mismas tienen que ser un componente esencial de cualquier acuerdo de esa índole.

Las personas responsables de todo el mundo, en especial políticos y periodistas, deben centrar su atención en Darfur, ya que las injusticias y el daño que sufren a diario millones de víctimas y refugiados son tan espantosos como siempre, pese a la fatiga que algunos puedan percibir derivada del prolongado conflicto. Ahora que hay indicios de una posible estabilización en los próximos meses, es hora de empezar a prepararse para unos volúmenes cada vez mayores de reconstrucción y ayuda al desarrollo, además de la cooperación internacional.

Los países económicamente avanzados en particular deberían cumplir su responsabilidad global y ayudar a Darfur a avanzar hacia la renovación y la prosperidad. Este incremento de la cooperación debería provenir de una ampliación o una reorientación de los programas nacionales de ayuda al desarrollo. Además, deberían estudiarse minuciosamente unos acuerdos internacionales destinados a un uso efectivo de las sinergias.

Al facilitar las relaciones complejas que mantienen la comunidad internacional y los actores locales de Darfur, la ONU desempeña actualmente una labor indispensable y hay que apoyarla activamente. China en particular debería aprovechar su considerable influencia en Sudán para que las autoridades del país alcancen una resolución pacífica y definitiva de la disputa.

Asimismo, dado que Darfur constituye un emblema de dificultades más generalizadas en el mundo, la comunidad internacional debe mirar más allá de las circunstancias inmediatas del conflicto y multiplicar sus esfuerzos por lidiar con las amenazas que han intervenido en el desastre, como el cambio climático y la degradación medioambiental. De hecho, la acelerada expansión de los desiertos probablemente ocasionará una reducción de la producción agrícola de las zonas colindantes, un marcado deterioro de la disponibilidad del agua, y posiblemente más conflictos y desplazamientos de personas.

En diversos lugares del mundo se dan -o pueden empezar a darse- situaciones similares. Por tanto, debemos reconocer y solucionar la naturaleza global de este problema en lugares donde la degradación medioambiental ya está provocando un deterioro peligroso de la vida de la gente. En los lugares en los que acecha ese daño, es necesaria una prevención temprana.

(*) Firman conjuntamente este artículo: Václav Havel, príncipe Hasan Bin Talal, André Glucksmann, Vartan Gregorian, Mike Moore, Michael Novak, Mary Robinson, Yohei Sasakawa, Karel Schwarzenberg, George Soros, Desmond Mpilo Tutu y Richard von Weizsäcker. Traducción de News Clips. © Project Syndicate, 2007

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007