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Alemania blindará sus empresas clave ante inversores extranjeros no deseados

La medida pretende frenar la entrada de dinero público ruso y chino en áreas estratégicas

El Gobierno alemán estudia la aplicación de medidas para impedir la entrada de ciertas inversiones extranjeras en empresas e industrias clave del país. Tras la reu-nión de dos días celebrada por Angela Merkel y sus ministros en el palacio de Meseberg, junto a Berlín, la canciller reconoció que su Ejecutivo busca un modelo para defender los intereses nacionales de "inversores extranjeros problemáticos". En la CDU, el partido de la líder democristiana, se plantea abordar una reforma legal que permita al Estado vetar a estos inversores indeseables por razón de interés nacional. La ley permite hoy actuaciones similares, pero sólo para productores de armamento.

El Gobierno de gran coalición entre democristianos y socialdemócratas consultará además con el sector financiero alemán la posibilidad de recurrir a capital privado para invertirlo en caso de necesidad. La canciller dijo que "se trata de encontrar dónde hay en Alemania capital disponible".

Se crearían de este modo reservas con las que socorrer a empresas de sectores cardinales, como los medios de comunicación o la energía, sometidas a intentos de adquisición hostil. Los expertos coinciden en que los escrúpulos del Gobierno alemán se deben sobre todo a la pujanza de los fondos de inversión estatales controlados por Rusia, China y algunas monarquías petroleras, aunque las trabas podrían servir para frenar a otros inversores no deseados y "salvaguardar los intereses nacionales". Alemania está dispuesta a plantear el asunto en clave comunitaria.

La materia fue objeto de análisis en una reunión que sirvió para fijar la agenda del Gobierno de Angela Merkel. La reu-nión de Meseberg ha tenido lugar poco antes del ecuador temporal de la legislatura y ha servido al Gobierno para definir otros asuntos centrales de los dos años que quedan hasta las próximas elecciones, resumidos en un documento de 12 páginas, la mayoría de cuyos 50 puntos se refiere a asuntos económicos.

Superávit público

Así, el Gobierno considera que su principal meta es el saneamiento del erario público. Espera el Ejecutivo que las arcas del Estado sean autosuficientes a partir de 2011, un anuncio que llega al día siguiente de publicarse el primer superávit presupuestario ordinario desde la reunificación.

La canciller y su vicecanciller socialdemócrata Franz Münterfering no perdieron ayer ocasión de recrearse en los buenos datos económicos que se publican en Alemania. Se esmeraron ambos en dar color optimista al pasado y futuro de su coalición de Gobierno. Tras el "balance de éxito" que ha arrojado la gestión hasta hoy, Merkel subrayó que su Ejecutivo trabaja "para no dejar a nadie atrás" en Alemania. Sus planes pasan por el afianzamiento de los fondos de la Agencia Alemana de Trabajo y en asegurar la posición privilegiada de Alemania entre las naciones exportadoras.

Para lograrlo, el Gobierno pretende facilitar sustancialmente el acceso al mercado de trabajo alemán de inmigrantes extranjeros cualificados. Entre otras medidas permitirán las autoridades que los miles de extranjeros no comunitarios que cada semestre logran licenciarse en universidades alemanas obtengan permisos de residencia durante los tres años siguientes a su graduación de modo que puedan lograr un empleo. También se permitirá a los ingenieros técnicos de los 12 nuevos países miembros de la UE incorporarse al mercado de trabajo alemán desde noviembre, dos años antes de lo inicialmente previsto.

La coalición también quiere dar una mayor participación a los trabajadores en los beneficios de las compañías, si bien los socialdemócratas prefieren que se cree un gran fondo nacional, mientras que los cristianodemócratas se inclinan por que participen directamente en el capital.

En todo caso, la bandera más vistosa de Angela Merkel, que fue ministra de Medio Ambiente en los noventa, es la prevención contra el cambio climático, que le deparó sendos éxitos de crítica y público durante su presidencia de turno de la Unión Europea el pasado semestre y como anfitriona de la cumbre del G-8 en junio en Heiligendamm.

Así que Alemania vuelve a imponerse "ambiciosas metas en política medioambiental". Pretende el Gobierno reducir las emisiones de dióxido de carbono del entre un 35% y un 36% respecto a las de 1990 en los próximos 13 años. De aquí a 2030, el Gobierno quiere que el 30% de la energía consumida en Alemania proceda de fuentes renovables.

En aras del buen entendimiento entre los miembros de la coalición renunció durante dos días el vicecanciller y ministro de Trabajo Münterfering a siquiera mentar el salario mínimo, cuya introducción es causa de litigio público entre sus promotores socialdemócratas y los reacios democristianos.

Dos años de idilio entre rivales

Una pareja tan complicada como la que formaron hace dos años socialdemócratas y democristianos para gobernar Alemania necesita un escenario a la altura. Parece que dieron con él. El palacio barroco de Meseberg, a 70 kilómetros al norte de Berlín, pone la atmósfera perfecta a la celebración de dos años de insólito idilio.

Casi todo fueron buenas palabras y arrumacos entre los dos mayores partidos del país, los miembros del Gobierno lograron con gran eficacia escenificar la armonía. Aunque, como sucede en las mejores familias, también durante el encuentro hubo discusiones. Trascendió la pugna entre el socialdemócrata ministro de Medio Ambiente Sigmar Gabriel (SPD) y su colega de Economía, el socialcristiano Michael Glos (CSU) por los presupuestos de protección climática. Se llevó Gabriel el gato al agua y una partida de 2.600 millones para la cruzada contra el cambio climático.

Más grave fue la sombra arrojada por las noticias de la agresión racista sufrida el pasado fin de semana por un grupo de indios durante una fiesta de pueblo en Sajonia. Por lo que se sabe, el ataque se produjo en un ambiente similar al pogromo. Un grupo de neonazis atacó a los indios en la abarrotada plaza del pueblo con la complicidad o la indiferencia de cientos de vecinos.

En Alemania, el Ministerio de Familia se encarga de los programas de lucha contra el ultraderechismo. Su titular, Ursula von der Leyen (democristiana), recibió duras críticas del ministro de Transportes, Wolfgang Tiefensee (socialdemócrata), que la acusó de recortar por inconsciencia las ayudas a proyectos contra el neonazismo en Alemania oriental. Miembros del SPD pidieron que la gestión de los programas contra el ultraderechismo pase al Ministerio del Interior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007

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