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viernes, 17 de agosto de 2007
Editorial:

Europa desacelera

Las tasas de crecimiento económico de la eurozona y de España en el segundo trimestre del año han sido inferiores a las del primero. Aunque la cesión en la expansión intertrimestral del PIB español, del 0,8%, tres décimas menos que en el trimestre anterior (en términos interanuales el PIB ha crecido un 4%, frente al 4,1% de los tres primeros meses), según la estimación que realiza el INE, el dato del crecimiento medio de las economías con las que compartimos moneda y política monetaria es más preocupante. Y si esa desaceleración europea hace tendencia acabará condicionando de forma significativa las posibilidades de crecimiento de la economía española. Todo ello se produce en medio de una gran inestabilidad bursátil. Ayer las Bolsas europeas sufrieron un nuevo desplome (la de Madrid sufrió su mayor caída desde 2004), arrastradas por los malos resultados de Nueva York y Asia.

Otra de las diferencias significativas del registro de crecimiento de la eurozona frente al español ha sido su sorpresa. Así como era previsible que el crecimiento español (ininterrumpido durante 14 años) fuera cediendo gradualmente hacia ritmos por debajo del 4%, en la eurozona se confiaba en que mantuviera el dinamismo observado en los trimestres precedentes. Ha ocurrido lo contrario: el crecimiento de las 13 economías de la unión monetaria ha sido sólo del 0,3%, frente al 0,9% y 0,7% en los dos trimestres precedentes. El de Alemania, la economía más importante de la zona, un 0,3% frente al 0,5% anterior. No son datos alarmantes, pero sí cuestionan la duración de la fase expansiva en Europa, a la que se le concedían varios trimestres más de intenso crecimiento, superior al de la más agotada economía estadounidense.

El comportamiento de los mercados inmobiliarios y las perturbaciones financieras en lo que llevamos de tercer trimestre no van a favorecer un repunte significativo en esos ritmos de crecimiento. Probablemente ya habrán contribuido a inhibir algunas decisiones de gasto privado en la mayoría de las economías y lo seguirán haciendo a medida que los precios de las viviendas sigan desacelerándose y las condiciones financieras no se suavicen.

Es razonable, por tanto, que ante un entorno menos propiciador del crecimiento económico y del empleo, inhibidor de la demanda de consumo, y sin amenazas inflacionistas en el horizonte, el BCE no tome decisiones que acentúen esa desaceleración. Desde finales de 2005 han sido ocho las dosis de un cuarto de punto en que ha elevado el tipo de interés de referencia. No tiene por qué hacerlo una más inmediatamente, si esas circunstancias persisten. La prudencia que ha mostrado recientemente a la hora de garantizar la existencia de liquidez suficiente ha de exhibirla también en las decisiones sobre el precio del dinero, y en su correcta comunicación.

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