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lunes, 23 de julio de 2007
Reportaje:ARMANDO LLANOS

Pionero de la arqueología alavesa

Armando Llanos, discípulo de Barandiaran, lleva 50 años investigando el pasado remoto de su territorio

ARMANDO LLANOS, pionero en los estudios arqueológicos en Álava, promotor del turismo, director artístico de Gráficas Heraclio Fournier, conserva intacto el ánimo que le llevó hace medio siglo a colaborar con Barandiaran. Recientemente ha presentado la última aportación del Instituto Alavés de Arqueología, unas pinturas rupestres encontradas en Valderejo, y diserta en foros académicos sobre las posibilidades sociales de los yacimientos arqueológicos, un asunto que le preocupa desde que se implicó en el poblado de La Hoya, cerca de Laguardia.

En 2002, Armando Llanos (Vitoria, 1935) recibió el premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza, por su trabajo en el campo de la arqueología, adonde llegó casi de forma inevitable. Su padre le entretenía de niño con los relatos de los grandes descubrimientos arqueológicos; más tarde, su afición por la espeleología le llevó a descubrir por su cuenta algunos restos humanos en las cuevas alavesas. Sólo faltaba el impulso científico de José Miguel de Barandiaran para certificar lo que se convertiría en una pasión.

"Barandiaran, cuando volvió del exilio en 1953, participó en una serie de conferencias en la Caja de Ahorros. Entonces le preguntamos a ver si podíamos participar en alguna excavación y nos invitó a acudir a la cueva de Lezetxiki, en Mondragón. Fue un hombre siempre abierto a la colaboración en el trabajo de campo. Siempre decía que estaba en contra de la cultura libresca", recuerda Llanos.

La amistad que fraguó con el sabio de Ataun fue clave en esa dedicación posterior a la arqueología. Armando Llanos, que había estudiado Artes Aplicadas, trabajaba en la fábrica de naipes Heraclio Fournier, en la que llegaría a ocupar el cargo de director artístico. La arqueología era una afición que Barandiaran profesionalizó al mismo tiempo que se consolidaba su amistad. Llanos, actual presidente del Instituto Alavés de Arqueología (IAA) recuerda "las horas de reflexiones, del relato de experiencias por él vividas, de enseñanzas continuas en suma, siempre alentándonos a iniciar nuestros propios programas de investigación".

Y así, con el tiempo, el grupo dirigido por Llanos llegó al poblado de La Hoya, en Laguardia, en un programa definido de excavaciones, que todavía sigue, que trataba de rastrear la presencia humana en Álava. "Habíamos estudiado diferentes castros en Murgia y la Llanada, y La Hoya era el siguiente paso, pero los descubrimientos nos superaron incluso a nosotros mismos", recuerda. Aunque la tarea no era fácil. "En aquellos trabajos de campo se mantenía una estructura espartana, debida, sobre todo, a la ausencia de apoyos económicos: cocina bajo toldo, duchas improvisadas con bidones de agua, dormitorios en viejas escuelas, transporte en caballerías o tractores".

Los trabajos de La Hoya, sin duda el proyecto más ambicioso que ha realizado Llanos, entre 1973 y 1989, ha permitido comprender cómo era la vida en aquel tiempo de final de la edad del Bronce y la edad del Hierro. "A mí siempre me ha interesado el aspecto histórico de la arqueología. La reconstrucción del momento de la Humanidad que se desprende de los restos encontrados. No se trata sólo de describir los hallazgos, hay que interpretar. Por ejemplo, en La Hoya, en el siglo IV antes de Cristo, se ha encontrado una sauna. Es un indicio claro de cómo era la sociedad que habitó aquel poblado y eso hay que explicarlo", comenta.

Ya entonces, Llanos y su equipo pusieron en marcha una práctica turística que ahora se difunde en la restauración de la catedral de Vitoria, lo de "abierto por obras". "Pero ya se sabe que a veces los proyectos no cuentan con el marketing adecuado o se adelantan a su tiempo, porque nadie se acuerda de ello, de aquellas visitas a las excavaciones, que atraían gentes de otros países europeos deseosas de conocer una excavación arqueológica en activo", apunta.

El presidente del IAA no olvida a aquellos turistas holandeses que vinieron expresamente a La Hoya, sin conocer nada del País Vasco o la Rioja alavesa. "Cuando les enseñamos Laguardia, se quedaron maravillados por la belleza de un pueblo del que no tenían noticia".

Por lo que le corresponde, Llanos puede hablar con conocimiento de causa sobre la difusión del patrimonio alavés, uno de los asuntos clave, ahora que se habla de la catedral de Santa María o del yacimiento de Iruña-Veleia. "Es una labor que no ha sido reconocida. Hay un potencial riquísimo, a todos los niveles. Si nos centramos en el arqueológico, los dólmenes de la Rioja o las cuevas artificiales. Y todavía siguen sin creérselo: La Hoya está hoy medio abandonada y esa es una responsabilidad institucional", denuncia.

Pero también es cierto que el interés por ese pasado lejano es relativamente reciente, no en vano, los arqueólogos eran mirados con recelo por los habitantes de los pueblos, cuando legaban con sus pertrechos a excavar. "Por eso ofrecíamos charlas a las gentes de los pueblos, para granjearnos su confianza, aunque no siempre decíamos la verdad, todo hay que decirlo. Por ejemplo, cuando encontramos el primer colgante de oro que se halló en Álava, en el castro de Oro", cuenta el arqueólogo, "por razones obvias".

La apuesta por la difusión turística del patrimonio

Recorriendo su trayectoria, da la impresión de que a principios de los años ochenta del siglo XX Armando Llanos no tenía suficiente con su trabajo en Heraclio Fournier y la arqueología. Fue entonces cuando apostó por la difusión turística de Álava. "Siempre en la vida, se hacen quijotadas". Así resume aquella aventura. "Tres personas, al ver el potencial turístico de nuestro territorio, creamos Protur Álava, una asociación sin ánimo de lucro, en un momento en el que solo había una oficina de turismo, en el parque de La Florida. Entonces, empezamos a elaborar paquetes de viajes, y a difundir las posibilidades arqueológicas del territorio", explica.

Pero no eran tiempos en los que se considerase que el País Vasco pudiera ser un destino turístico de calidad. "Las instituciones se arrugaron, si no se pusieron en contra", recuerda con cierto enojo el presidente del IAA. "Buscábamos que las instituciones públicas se involucrasen en la difusión del patrimonio alavés. Su responsabilidad pasa por el mantenimiento de ese legado histórico, pero también en la promoción turística del patrimonio".

Llanos reflexiona sobre la situación actual de Vitoria y Álava, después de que se haya apostado fuerte por la promoción del País Vasco. "San Sebastián siempre ha sido una capital turística; en Bilbao, con la reconversión de la ría, se ha apostado fuerte. Pero en Vitoria, todavía tenemos una visión corta, somos los vitorianicos, que no valoran sus posibilidades. Por ejemplo, sigue habiendo gente de Vitoria que vive de espaldas al casco viejo", explica.

Así y todo considera que esa concepción pacata de su ciudad natal se está superando. "El potencial de Vitoria es la catedral, y eso se ha sabido hacer muy bien, con un buen marketing; parece que la gente ya se va dando cuenta de las virtudes de su ciudad". aclara. Llanos dejó sus actividades turísticas, pero no ha abandonado la arqueología, con la reciente presentación de unas pinturas rupestres en Valderejo. "Se trata de un hallazgo de entidad, que permite recuperar el parque natural también como un referente de los asentamientos humanos alrededor del río Ebro", comenta. El estudio sobre esas pinturas aparecerá publicado en el siguiente número de la revista del IAA.

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