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jueves, 12 de julio de 2007
Tribuna:EL DEBATE DEL PUERTO

Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja

El autor cree que la decisión sobre la ampliación o no del puerto la deben tomar, tras un debate público previo, el presidente Camps y la alcaldesa Barberá, que están "democráticamente legitimados"

Cuenta la leyenda que con este sencillo verso ganó Quevedo una jugosa apuesta: la de decirle a la reina que cojeaba ostensiblemente sin sufrir la ira real. La anécdota viene a cuento de la incómoda situación en la que se han quedado Camps y Rita gracias al órdago lanzado por el afortunado ganador de la 32 th American's Cup, Ernesto Bertarelli, El Deseado. De fora vindran... No es la primera vez que sucede algo parecido. Sin ir más lejos, hasta hace bien poco, la defensa del Arco Mediterráneo era cosa de rojeras atrincherados en la Universidad, pero ahora, Ford mediante, empresarios y Generalitat se han travestido en acérrimos defensores. En el caso del Puerto, tampoco es nuevo el debate sobre la opción estratégica más adecuada pero lo que antes era una maniobra inconfesable de la izquierda para sembrar el desconcierto, ahora ocupa las mentes de nuestros próceres. Vivir para ver.

"Probablemente el elemento de compatibilidad sea desviar a Sagunto la expansión prevista (y, quizá, parte de la actividad)"

Ni Camps ni Rita se esperaban el brete. El uno, auspiciando la Fórmula Uno Portuaria que, al igual que la Real Academia, limpia, fija y da esplendor. La otra, proclamando contra viento y marea desde su permanente púlpito que "todo es compatible": el puerto transoceánico líder del mundo mundial, la mejor Marina del mundo mundial, el mejor turismo del mundo mundial...

Los Dioses de la ciudad les han gastado una mala pasada utilizando a Ernie y Bernie (Javier Martín dixit), como mensajeros. Sin quitarle méritos a Ecclestone, parece que han sido Bertarelli y su sancho panza particular monsieur Bonnefous quienes han visto la jugada: Valencia como high level tourism place, o mucho guiri con mucho money como prefería decir Carlos Cano en sus fantásticas coplas. ¡¡Clink, Caja!! ¡¡Clink, Caja!! Para que Ernie y Bernie, dos discípulos aventajados de la escuela de Sinatra, nos catapulten a la escena internacional sólo tenemos que pronunciar el "sí quiero", pagar gustosamente los suculentos cánones y, eso sí, olvidarnos del "megapuerto". Todo no cabe y hay eso que se llama externalidades negativas. Megayates, glamour a cabassos y turismo de alto copete, o contenedores multicolor y camiones en fila india.

Han puesto a Camps y a Rita delante del espejo, ligeros de ropa y ambos andan un tanto azorados. Azorados y un tanto cabreados porque, al final, alguien que no es la chusma ecologista y de izquierdas les ha dicho que a elegir tocan y tienen realmente difícil contentar a todos.

Sumémonos a coro o al corifeo no para aumentar el desconcierto ni en representación de nadie pero sí con el propósito de intentar valorar el interés de los ciudadanos -supuestamente clientes y copropietarios de la ciudad- en todo este asunto. Pensando desde esa atalaya, lo primero que conviene aclarar es que no estamos ante una elección elemental de "cañones o mantequilla". No es un dilema de todo o nada sino una decisión compleja que parece sensato sopesar. ¿Nos interesa ser una ciudad conocida por el turismo de calidad y que cuente, como condición indispensable con una oferta cultural atractiva? ¿Son rentables los "eventos"? A la luz de las tendencias observables y de aportaciones valiosas como las del Centro de Estudios Económico Tomillo sobre el impacto económico de la Copa, habría que contestar afirmativamente (a priori) a sendas preguntas.

¿Tenemos activos para la aventura? Yo diría que también aunque sólo si abandonamos la autocomplacencia. El clima, las playas, las infraestructuras, la nueva oferta hotelera, el considerable potencial de una fachada marítima (hoy por hoy muy problemática), la nueva marina, nuevos espacios urbanos, un patrimonio cultural desaprovechado, una oferta considerable de contenedores culturales sin demasiado contenido bien planificado, la joya de El Saler y L'Albufera... Claro que, de entrada, con todo lo que está lloviendo, resulta increíble que Rita siga empecinada en no enmendalla y en obviar la necesaria revisión del Plan General, sustituyéndola por una "homologación" tan estéril como fraudulenta desde la perspectiva de los intereses generales. Y otro tanto sucede con el famoso y metodológicamente nulo Plan Estratégico que habría que revisar subsanando el déficit de participación y replanteando los objetivos a medio plazo.

Ciudad del ocio y la cultura, que también es negocio aunque etimológicamente el negocio sea la negación del ocio. Esa es una posible salida a la que nos empujan todos los vientos glosados por Ausias March en forma de oportunidades. Pero subsiste un "pequeño" problema. El puerto no es "de la ciudad". Sirve al área metropolitana, al País, al transpaís y a media España y es una infraestructura logística de gran importancia que además genera un valor añadido considerable (más de 900 millones de euros de renta anual, 14.000 empleos y los efectos multiplicadores de las inversiones). El magnífico artículo de J .V. Boira (Historia del Puerto. Universitat de València y Gobierno de España. 2007) nos permite también comprobar las altas tasas de crecimiento de la actividad portuaria aunque sería bueno hablar de tasas de rentabilidad comparativas para no caer en el fácil cuantitativismo. En cualquier caso, todo menos una actividad espúrea y marginal. Con muchas externalidades negativas (eso sí) y con unos planes de expansión que las incrementarían considerablemente (el tráfico de camiones, el impacto ambiental, la incompatibilidad de usos...).

Probablemente el elemento, el único elemento, de compatibilidad sea "desviar" a Puerto de Sagunto la expansión prevista (y quizá, progresivamente, parte de la actividad existente) de forma que ganen terreno los usos turísticos y de ocio y no perdamos la ventaja logística. Se impone el debate sosegado y no la maniobra dilatoria y miope de "aplazar" hasta el 2009 la ampliación prevista, haciendo gala de "flexibilidad". El Puerto como metáfora escribía hace poco Josep Torrent (EL PAÍS 6-7-2007): "Camps y Barberá tienen que decidirse por el futuro. Este no debe quedar en manos de representantes portuarios o empresariales. Mucho menos desde luego, de prepotentes voceros que están de paso". Estamos hablando de los intereses generales, de la mejor opción, del consenso. No se trata por tanto de papanatismo provinciano ni de actos de pleitesía con nuevos ricos prepotentes, rasgo típico del imparable avance del proceso de bobalización (Eduardo Galeano dixit). Esta ciudad no es de Ernie y Bernie, ni de empresarios, armadores, transportistas y consignatarios. A nuestro dúo dinámico le toca decidir. Están democráticamente legitimados (y obligados). Si, antes, abren la ventana y dejan entrar la brisa en forma de opinión, mucho mejor.

En cualquier caso y sea cual fuere la solución adoptada no deberíamos olvidar que la ciudad y el área metropolitana siguen teniendo un considerable número de problemas que son relativamente independientes de la decisión adoptada y cuya resolución depende, primero, de que se reconozcan como problemas y, segundo, de los recursos mentales y financieros que se dediquen. Es otra historia pero nunca es bueno tomar la parte por el todo.

Josep Sorribes es profesor de Economía Regional y Urbana de la Universidad de Valencia.

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