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Reportaje:

La Concertación hace agua

La alianza entre socialistas y democristianos que gobierna Chile desde la salida de Pinochet en 1990 se resquebraja por las pugnas internas

Dos proyectos de ley importantes para el Gobierno chileno han estado a punto de naufragar de no mediar la intervención de la presidenta Michelle Bachelet y un tercero se fue a pique en las últimas semanas. Sin llegar a una rebelión, los parlamentarios de la Concertación -alianza entre socialistas y democristianos que gobierna Chile desde que el fallecido dictador Augusto Pinochet dejara el poder en 1990- han notificado al Gobierno, en manos de una socialista, que no cuente incondicionalmente con ellos. La pérdida de disciplina se suma a otras señales de fatiga en la coalición tras 18 años en el poder.

A pesar de que la economía crecerá casi un 6% en 2007, impulsada por los altos precios del cobre, y que el desempleo bajó a un 6,7% "ha sido más difícil gobernar en la opulencia que en la escasez", dice el politólogo Carlos Huneeus. El Gobierno cayó en los sondeos por la mala operación del Transantiago, el nuevo sistema de transporte público de la capital, mientras la Concertación refleja un desgaste en sus filas, además de las críticas internas contra Bachelet por su falta de liderazgo.

La popularidad de Bachelet cayó por los problemas con el transporte de la capital

"La Concertación ha perdido el enemigo y parte de su identidad", señala un experto

A pesar de que los socialistas tienen mayoría en el Congreso por primera vez desde el término de la dictadura, el Gobierno ve como los parlamentarios díscolos de su partido apoyan a otros grupos, tanto de izquierda como de derecha. El caso más dramático ocurrió con el Transantiago. Para tapar los fallos del sistema y, al mismo tiempo, no incrementar las tarifas del transporte en la capital, algo socialmente explosivo por el descontento con el sistema, el Gobierno envió un proyecto de ley que inyecta 213 millones de euros al Transantiago.

Al no contar con el voto de un senador democristiano, el proyecto estuvo al borde del rechazo. El Gobierno ofreció más recursos a las regiones para aplacar las quejas por el gasto adicional en Santiago y tuvo que hacer mil maniobras para sacar adelante el aumento de fondos para el transporte.

También se aprobó de milagro un incremento del salario mínimo. La disputa política por poco más de un euro se zanjó con un aumento que dejó el salario mínimo en 203 euros mensuales, con un ajuste adicional de 1,3 euros si la economía crece este año 5,8%. Otro proyecto para facilitar inversiones fue rechazado con votos de tres senadores díscolos y de la derecha en bloque.

A la coalición gobernante le falta un objetivo, afirma el doctor en ciencias políticas de la Universidad de Nueva York, Patricio Navia. Si lo tuviera "podría gobernar muchos años porque la derecha ha sido incapaz de capitalizar la crisis de la Concertación". Integrada por democristianos, socialistas y sus aliados, la Concertación se fundó para alcanzar la democracia y "ésta ya se alcanzó. Pinochet se acabó como sujeto y antes como objeto, con su arresto en Londres", agrega.

El ex ministro Genaro Arriagada coincide con Navia: "La Concertación ha perdido el enemigo y en parte su identidad al desaparecer Pinochet y tras la desarticulación de la derecha". La coalición tiene logros, agrega, pero "le falta épica, traducir su programa en campaña moderna de lucha de clases, sin llegar a Hugo Chávez. Redujo la pobreza [de 38,6% en 1990 a 13,7% en 2006], pero quedó como algo asexuado. Elevó el acceso a la educación y la cobertura de salud, pero es descafeinado".

Inmersos en pugnas intestinas, los partidos y sus dirigentes se mueven con anticipación para los comicios municipales (2008) y presidenciales (2009). La Democracia Cristiana pasó al Supremo al senador Adolfo Zaldívar, ex presidente del partido, por votar contra los fondos para el Transantiago. El Partido por la Democracia expulsó a uno de sus fundadores y éste formó un nuevo movimiento con otros dos parlamentarios. En el Partido Socialista hay disputas sobre cómo apoyar mejor a Bachelet, que es de sus filas. Arriagada cree que "la crisis de descrédito y desintegración de los partidos, que recorre América Latina, entró a Chile como un viento helado".

El caos del Transantiago

Viajes en horas punta en un Metro atestado, cierre de estaciones, largas esperas nocturnas por un bus, zonas que se quedaron sin transporte. Son algunos de los problemas del nuevo sistema de transporte público en la capital chilena, el Transantiago, que integra el metro y los buses.

La mala operación del Transantiago provocó un cambio de Gobierno, hizo retroceder al Ejecutivo en las encuestas, motivó protestas y los políticos creen que si no mejora puede ser el epitafio de la Concertación. Diseñado en el anterior Gobierno de Ricardo Lagos, comenzó en febrero sin que las obras estuviesen concluidas.

Con nuevos recorridos y menos buses de los necesarios, el sistema es el principal problema que ha tenido la Concertación en su historia porque afecta al grueso de sus votantes. En los barrios populares lo bautizaron como transtortuga por las demoras. Hasta el inicio del Transantiago, el transporte no figuraba en las encuestas como una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007

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