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viernes, 22 de junio de 2007
Tribuna:

Carta bolivariana al presidente Chávez

La no renovación de la licencia del grupo audiovisual Radio Caracas Televisión (RCTV) ha despertado polémica dentro de su país y en muchas otras partes del mundo. Cuando escuchó las críticas internacionales a la decisión de su Gobierno, dijo "que se vayan al carajo", pensando que era una intromisión inaceptable en las competencias soberanas de Venezuela. Pero usted también hace juicios sobre las decisiones de otros países, unos acertados y otros no tanto, como por ejemplo cuando asaeteó al Senado de Brasil por pronunciarse sobre el mismo asunto. En realidad, usted tiene derecho a opinar sobre otros gobiernos y los demás tienen derecho a opinar sobre el suyo, porque el debate internacional de hoy es un rico intercambio en el que participan no sólo los líderes políticos, sino también la sociedad civil y los medios de comunicación.

Sus victorias electorales de 1998, 2000, 2004 y 2006 son otros tantos éxitos de la democracia en América y, por tanto, buenas noticias para los demócratas de todo el mundo. Su capacidad para comunicar con el pueblo venezolano es bien conocida. Si ahora muchas personas de buena voluntad estamos preocupadas por las libertades en Venezuela es porque la historia demuestra que la democracia puede, desgraciadamente, degenerar en algunos casos y desviarse hacia el abuso, el sueño convertirse en pesadilla, y acabar en fracaso. Los venezolanos son los primeros que no quieren que esto ocurra y tampoco lo desean los verdaderos amigos de Venezuela.

Como sabe, además de votaciones periódicas, la democracia requiere un esfuerzo constante de respeto por los otros, y sobre todo por aquellos que piensan de manera distinta. El pensamiento único, sea de raíz política o religiosa, termina conduciendo a la intolerancia y la exclusión. Usted denuncia con firmeza la política exterior de Estados Unidos. Pero en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2006, citó varias veces un libro de Noam Chomsky. Este autor, nacido en Filadelfia y profesor en el MIT, los filmes de Michael Moore, otros artistas y gran parte de la prensa norteamericana están dirigiendo desde el interior críticas terribles, creo que justificadas, al presidente Bush. Las libertades de opinión y de expresión cimentan así esa vieja democracia, tan admirada en sus orígenes por Simón Bolívar, y permitirán la elección de un Gobierno en Estados Unidos más sensible a los problemas del mundo, con el que América Latina y Europa podamos por fin entendernos.

Al incorporar las diversas fuerzas vivas, la ventaja de la democracia es que moviliza todo el genio y las capacidades de un país, de derechas y de izquierdas, ricos y pobres, de una u otra etnia y religión. Como ejemplo de integración reciente, ahí tenemos el caso de Suráfrica, que está superando de manera admirable un pasado de desigualdad e injusticia. Usted conoce mejor que nadie que en Venezuela preocupan la seguridad ciudadana, el desarrollo económico y la educación, y estos y otros retos se afrontan mejor con la participación de todos que con recetas ideológicas que pueden satisfacer los espíritus pero no arreglan los problemas cotidianos. Los recursos naturales tampoco constituyen una fórmula infalible para el avance de un país, porque la economía tiene sus propias leyes. La redistribución de la renta petrolera que su Gobierno realiza ayuda a muchos a salir de la pobreza; sin embargo, esto no asegura una economía productiva. El cerrar un país a los intercambios con el exterior conduce al final al estancamiento.

Evidentemente, las personas que idearon el golpe de Estado de 2002 contra la legitimidad democrática deben ser sometidas a los tribunales, pero esto no puede llevar a silenciar a los adversarios políticos. Usted también intentó un golpe de Estado en 1992, estuvo en prisión, recibió luego un indulto, y ahora es presidente de la República. Quienes apoyaron el golpe de Estado se equivocaron, pero el país saldría ganando si ellos continuasen participando en el debate. Estas experiencias demuestran en cualquier caso que hay que abandonar la violencia política para siempre y conducir las batallas en el terreno abierto de las ideas y la persuasión.

Junto a la integración de todos, permítame evocar también la idea de unidad, tan querida al Libertador. Como Simón Bolívar vio el primero, los países de América Latina tendrían un grandísimo potencial si se unieran, pero persisten algunas controversias y disputas. Los países árabes hablan la misma lengua y tienen una historia común, pero están divididos. Pienso que el sueño de unidad de Bolívar se está realizando en Europa.

Superando un pasado de tiranías, luchas intestinas y explotación colonial, en la mayor parte de la Europa actual no existen fronteras, tenemos una economía interdependiente con una moneda común, mantenemos instituciones supranacionales, y perseguimos unas relaciones pacíficas con todo el mundo. Los sistemas políticos europeos propician la integración de todos y la dignidad humana, y hemos creado una Unión de Estados que garantiza la paz. Los gobiernos de diversos colores encuentran terrenos de acuerdo. Aunque estos son progresos considerables, los europeos no queremos dar lecciones a nadie. En cada región del mundo las circunstancias son distintas y cada una debe descubrir su propia vía hacia la resolución de controversias internacionales y el acercamiento regional. Simplemente, el caso europeo puede ser de ayuda o inspiración y, desde luego, es lo más parecido que existe a los ideales de asociación entre países que Bolívar proclamó.

La figura de Bolívar no es un patrimonio de los venezolanos, ni de los andinos, ni siquiera de los americanos. Bolívar es hoy un patrimonio global. Tan deudor de Bolívar puede declararse un europeo que reconoce la barbarie del colonialismo, como un norteamericano que defiende los derechos humanos en todo el mundo, como un africano indignado con el expolio de su país por propios y extraños, como un chino que reclama la democracia y la libertad.

A pesar de los enormes cambios de los dos últimos siglos, Bolívar sigue interpelando al norte rico y dominador, pero también a sus propios compatriotas. En su célebre Carta de Jamaica de 1815 pregunta: "¿Seremos nosotros capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de la República?".

Con los mejores deseos desde Europa para Venezuela y para todo el gran continente americano.

Martín Ortega Carcelén es investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea en París.

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