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Reportaje:

España deja huella en Sarajevo

El Ministerio de Cultura rehabilitará la biblioteca de la capital bosnia

No tenía valor estratégico ni importancia militar alguna, pero la furia contra la cultura de los radicales serbios destruyó a finales de agosto de 1992, al comienzo del asedio, la biblioteca de Sarajevo, el símbolo de la convivencia entre comunidades distintas en la capital de Bosnia-Herzegovina. Miles de libros, documentos y manuscritos conservados a lo largo de siglos por musulmanes, serbios ortodoxos, croatas católicos y judíos fueron pasto de las llamas tras un bombardeo que conmocionó a la opinión pública mundial y dio la espantosa medida de las barbaridades que se iban a cometer en la guerra de Bosnia, entre abril de 1992 y diciembre de 1995. Asomada al río Miljacka, al final del precioso barrio turco de Sarajevo, la biblioteca muestra todavía hoy las heridas del conflicto con sus ventanas tapiadas y sus columnas dañadas que contemplan el desfile de los bulliciosos tranvías y el paso de los peatones que intentan levantar esta ciudad en una ya larga posguerra. Los cada día más numerosos grupos de turistas que pasean por las callejuelas del casco antiguo otomano se encuentran con las puertas cerradas de la biblioteca, que sólo se abre en contadas ocasiones con motivo de alguna muestra de pintura.

El simbólico edificio, de estilo neomudéjar, quedó destrozado a causa de la guerra de Bosnia

Construida a finales del siglo XIX, durante el periodo en el que Bosnia perteneció al imperio austrohúngaro, el estilo neomudéjar representa esa mezcla entre la cultura centroeuropea y la otomana que otorga personalidad a Sarajevo. "Este edificio", comentó a este diario Semiha Borovac, alcaldesa de Sarajevo, "es sin duda alguna el más representativo de nuestra ciudad y el único de relevancia que estaba pendiente de una rehabilitación a fondo. Por eso nos alegramos mucho de la inversión que ha aprobado el Gobierno español y que perpetuará la cooperación militar y civil que ha prestado España". Un millón de euros en números redondos dedicará el Ministerio de Cultura español a la rehabilitación integral de toda la fachada, ya que los espacios interiores han sido remozados ya por las autoridades bosnias o por organismos extranjeros. La rehabilitación del emblemático monumento, que sirvió antes de la guerra como biblioteca y como edificio representativo, estará terminada el próximo año y los técnicos españoles ya tienen elaborado un informe preliminar. "Me pareció muy importante", señaló ayer la ministra de Cultura, Carmen Calvo, "dejar una huella española relacionada con los libros, ahora que nuestro despliegue militar toca a su fin. Al mismo tiempo que se marchan las tropas, que han realizado una labor tan meritoria para pacificar Bosnia, comenzamos a levantar andamios para rehabilitar la biblioteca de Sarajevo. Ha sido una decisión dictada por la cabeza, pero también con el corazón a sugerencia de una diputada socialista por Guadalajara, María Soledad Herrero, que visitó la capital bosnia hace unos meses".

Desde el otoño de 1992, cuando un contingente de la Legión se desplegó entre Mostar y Sarajevo como cascos azules de la ONU, hasta hoy, cerca de 35.000 militares y grupos amplios de cooperantes de ONG, médicos, guardias civiles, diplomáticos, juristas y profesionales de todo tipo han acudido desde España a esta república de la antigua Yugoslavia. Esta presencia, que se ha convertido en la misión de paz más relevante desarrollada por España en toda su historia, ha costado 2.000 millones de euros y, sobre todo, se ha cobrado la vida de 20 militares y una cooperante de Médicos del Mundo. De ahí nace el empeño de la colonia española en Sarajevo y en Mostar de dejar una huella tan significativa como la biblioteca. "Si un emblema está dañado, toda la sociedad sigue dañada, y si el símbolo está rehabilitado, la gente se siente contenta y aliviada. Es algo que percibe cualquiera que pasee por las calles de Sarajevo", manifiesta el embajador en Bosnia, José María Castroviejo.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de junio de 2007