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domingo, 27 de mayo de 2007
Reportaje:Elecciones 27M

La insípida y dorada densidad

La densidad no es calificable desde el punto de vista ético; es un concepto moralmente insípido, pero económicamente poderoso. La ampolla inmobiliaria está basada en la magnificación de la densidad y en la conversión del campo en periferia. Por eso, el escaso valor del suelo agrícola comparado con el precio del suelo urbano representa un sólido argumento con un cálido brillo dorado, que hace atractivo el hábitat disperso, siempre que se aproveche el proceso químico que transforma la tierra en ladrillo. Quien domine la densidad puede convertir en oro todo lo que posea. La densidad es una insípida lapis philosophorum, que está siendo utilizada con honestos o perversos fines.

El Diablo habita en la ciudad dispersa, sostiene Ole Bouman, director del Instituto Holandés de Arquitectura, quien demoniza el fenómeno de la suburbanización: "La verdad necesita densidad, concurrencia de extraños y concurso de ideas. Allí donde la densidad no existe, los mitos y las mentiras proliferarán. (...) 'Dios creó el campo y el hombre la ciudad', pero ahora también sabemos que el Diablo creó las urbanizaciones". La dispersión, el sprawl, es malo, una mentira, y además fea. Bouman predica que se dignifique la periferia con tótems, edificios híbridos, grandes infraestructuras y una nueva agricultura. La ciudad diseminada endeuda a la gente, la engaña con el sueño americano y la conduce por un vía crucis de atascos, accidentes y tiempos perdidos.

San Sebastián es un núcleo concluido. El plan de renovación urbana de Pasaialdea debe ser tan ambicioso como el bilbaíno

Para los próximos años, Zorrozaurre es el reto de Bilbao, que ha apostado por el poder transformador de la arquitectura

Vitoria tiene su desafío futuro en la gestión del suelo que va a quedar libre con el desvío de la actual línea férrea

La seducción de cierta arquitectura hay que conjugarla con la densidad suficiente

Con la ley de Suelo el poder ha pasado de los promotores a los ayuntamientos

Desde septiembre del año pasado, todo ha cambiado en la Ciudad-Región vasca, en Euskal Hiria. La densidad ha perdido su color dorado y ha pasado a tener el sabor de los productos bio, que se asocian con la ecología y con el desarrollo "que consume lo justo" (no me gusta utilizar la palabra sostenible). La nueva ley que va a ordenar el suelo, los usos y las edificaciones está modificando el poder que tenía la ciencia urbanística de trasmutar el suelo en oro. Con esta ley, tres cuartas partes de las viviendas que se levanten en la periferia de las ciudades vascas y cuatro de cada diez de las que se construyan en el centro van a tener su precio limitado. La insípida piedra dorada ha pasado de manos de los promotores a manos de la ciudadanía y de los ayuntamientos.

La nueva ley de Suelo vasca nombra sólo tres veces la palabra arquitectura: una para referirse a la arquitectura rural y dos a la arquitectura bioclimática. La arquitectura como arte no existe para la legislación urbanística. Sin embargo, creo, refiriéndome en concreto a la vivienda pública, que el poder de seducción de la arquitectura es grande y que puede generar efectos balsámicos sobre el comportamiento social. Sin imaginación, sin innovación y sin la evolución necesaria de los tipos y modelos de vivienda que alimentan la historia de la arquitectura, vamos a habitar edificios sin alma, sin la energía espiritual que sirve de combustible a la vida en comunidad.

La organización política contemporánea tiene que apostar decididamente por suprimir las limitaciones municipales y establecer pactos de coperación que superen el ámbito ciudad. Ante la desorientación que produce la pérdida de peso de los territorios históricos, devorados por arriba por el Gobierno territorial y por abajo por el poder local, se impone una colaboración institucional de banda ancha. En ese sentido, la implantación del tren de alta velocidad va a ser el primer ejercicio que pondrá a prueba la capacidad de diálogo de los diferentes estamentos del poder. La Y ferroviaria va representar un eje estructural fundamental, que dará coherencia y unidad a toda la Ciudad-Región, en la que sus tres núcleos más importantes se funden ya, día a día, con un ciclo lento de comunicaciones virtuales y reales cada vez más intensas.

Vitoria-Gasteiz, autocomplaciente, sin problema de suelo ni de orografía y con las expectativas cubiertas de Salburua y Zabalgana, donde habitarán más de 60.000 personas, tiene su desafío futuro en la gestión del suelo que va a quedar vacante con el desvío de la línea férrea que aísla la zona sur del centro urbano. La imaginación se reclama para gestionar este corredor ferroviario y un downtown de muy alta densidad estaría justificado, porque aportaría identidad al perfil urbano, restando protagonismo a las cuatro torres de iglesia del casco medieval, que con el paso del tiempo han perdido su influencia simbólica.

Donostia-San Sebastián ha colgado el cartel de no caben más viviendas. Con algunas excepciones, como las verdes colinas de Alza y de Martutene, el planeamiento en curso agota prácticamente las posibilidades de nuevos desarrollos. San Sebastián es un núcleo concluido y una de sus líneas naturales de expansión es el ecobulevar de Donostialdea, que conecta con Pasaia. Euskal Hiria tiene una deuda con la bahía de Pasaia; la inversión es necesaria y las actuaciones son urgentes, porque llevan 15 años de retraso. El plan de renovación urbana de Pasaialdea debe tener la misma ambición que Bilbao Ría 2000 impuso a la zona de Abandoibarra y que ha supuesto un vuelco para el desarrollo de las riberas del Nervión. Pero, como dice Ibon Areso, responsable largo tiempo del urbanismo de Bilbao, el entendimiento entre las diferentes administraciones y entes públicos, más incluso si son del mismo partido, es más difícil y complicado que el entendimiento entre el sector público y el privado.

Bilbao no sería el mismo sin Ibon Areso, quien tiene muy claro que vivimos en un mundo de marcas y que lo primero que había que hacer era crear la marca Bilbao y ponerla en el mapa. Bilbao en los años ochenta se moría, como ahora se muere Pasaia, y la renovación urbana, la terapia que había que aplicar, tenía que ser de choque. La creación de una sociedad como Bilbao Ría 2000 fue el instrumento adecuado para gestionar el urbanismo, el transporte y el medio ambiente de las zonas metropolitanas, en aquel momento degradadas.

Ahora, el futuro, el reto de Bilbao para los próximos años es Zorrozaurre. Depués de la propuesta para ordenar la península que se hizo a Renzo Piano, quien declinó el ofrecimiento, hubo que tener valor para trasladar el encargo a Zaha Hadid, una arquitecta que no había realizado hasta entonces ningún trabajo de urbanismo. Asumir riesgos, impregnados de visión global, dar la confianza justa al valor transformador de la arquitectura y buscar desesperadamente un cierto poder de seducción es lo hace que Bilbao sea una referencia en el urbanismo contemporáneo.

La seducción que produce determinada arquitectura hay que conjugarla con la densidad suficiente que requieren las nuevas operaciones urbanísticas. La densidad se sustenta en el aprovechamiento lucrativo, que a su vez descansa su peso sobre la vivienda libre como soporte financiero. La densidad, depués de haber perdido su color dorado con la nueva ley de Suelo, no va a ser capaz, por sí sola, de transmutar el terreno en espacio construido y hará falta una mayor cantidad de oro público, o una innovadora magia alquímica que desconozco, para que se resuelvan desahogadamente los retos urbanísticos que tiene planteados la Ciudad-Región vasca.

Javier Mozas es arquitecto y codirector de a+t, revista de arquitectura.

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