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Crónica:La otra mirada | Elecciones 27M

Las facultades mentales del Estado

Al PSOE le queda todavía un año para cumplir su promesa electoral de crear en el Congreso de los Diputados una comisión que reflexione sobre el derecho a la eutanasia, a una muerte digna y todo eso. Pero no es probable que lo haga porque ha enviado numerosos mensajes en el sentido de que "no es el momento". ¿No es el momento de quién? ¿De Acebes? ¿De Rajoy? ¿De Zaplana? ¿De la Conferencia Episcopal? ¿De quién no es el momento, a ver, cuando tres de cada cuatro jóvenes creen que es correcto ayudar a morir a un enfermo incurable, cuando entre los menores de 45 años las cifras de apoyo a la eutanasia rozaban en 1995 el 70%, cuando el encarnizamiento terapéutico, con las nuevas técnicas para alargar la vida, la puta vida, cabría decir en este caso, alcanza ya niveles de delirio? ¿De quién no es el momento cuando la derecha persigue implacablemente a los médicos que alivian el dolor, que facilitan el tránsito, cuando a los 50 años, en muchos sitios, te jubilan, que es como decirte muérete (vean el caso de TVE, donde a los cuatro días de quitarse de encima a experimentados profesionales de 50 años se han convocado plazas para cubrir 800 vacantes)? De acuerdo, sí, me muero, nos morimos, pero échennos una mano con las leyes.

Al comprobar que no llegaba el momento, Madeleine Z, la mujer de la foto, se hizo por su cuenta con la Guía de autoliberación, editada por la asociación DMD (derecho a morir dignamente), y tomó nota del cóctel de fármacos preciso para irse "despacito" al otro mundo. Madeleine Z tenía una capacidad notable para disfrutar de la vida y había sido una mujer feliz, intensa, interesante, capaz de inspirar una hermosa canción a Georges Brassens. Pero sufría desde hacía algún tiempo una enfermedad neuromuscular evolutiva y no estaba dispuesta a rubricar una vida digna, alegre, plena, con una muerte de mierda. No quería acabar sus días en una cama de hospital, alimentada por una ración diaria de encarnizamiento terapéutico, de tortura científica, de sadismo legal. Le ponía los pelos de punta la idea de que tuvieran que limpiarle el culo ("por mí y por quienes me lo tengan que limpiar", añadía). Así que en plena posesión de sus facultades mentales (algo de lo que no siempre puede presumir el Estado) decidió disponer de su muerte con el mismo grado de libertad que había dispuesto de su vida y se quitó de en medio el viernes 12 de enero del presente año, después de dejarnos unas declaraciones y unas fotos como la que aparece en esta página. La imagen de Madeleine se nos hizo familiar y querida de inmediato gracias a ese rostro tranquilo, al humor que se desprende de su mirada, al sosiego que transmite su expresión corporal. Más que una abuela, parece el arquetipo de una abuela.

No es probable que durante la campaña a las municipales y autonómicas salga a relucir la cuestión del derecho a una muerte digna. No queda bien en los mítines. Sin embargo, el poder local, cuando se utiliza con talento, puede impulsar los grandes temas estatales. Debemos, por ejemplo, la existencia del testamento vital, hoy tan a mano, a una ley del Parlamento catalán (bien es cierto que empujado por la asociación DMD). Si de lo que se trata es de echar una mano, en fin, se puede hacer desde cualquier posición o instancia. Así que cuando nos digan que no es el momento, preguntemos de quién no es el momento, a ver, porque entre el momento de Rouco Varela y el nuestro hay un abismo insuperable.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de mayo de 2007