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Entrevista:Vicepresidente de la Xunta de Galicia | Elecciones 27M

"No debemos imprimir un ritmo de cambio que nadie reclama"

El nacionalismo gallego afronta el domingo una cita crucial para su historia. Los ciudadanos acudirán a las urnas por primera vez desde que el BNG está en el Gobierno de la Xunta. Su portavoz nacional, Anxo Quintana (Ourense, 1959), está convencido de que su partido vivirá un despegue electoral gracias a la "simpatía" que él percibe en la calle. "Nuestro paso por el gobierno", asegura, "ha servido para derribar muchos muros y abrir muchas puertas". El empresariado, añade, ha descubierto en el poder a un Bloque diferente al que imaginaba.

Pregunta. Después de un año y medio como vicepresidente de la Xunta, ¿echaba de menos los mítines, la calle?

Respuesta. La verdad es que no me da tiempo. Tengo por norma compatibilizar continuamente mi función como vicepresidente y la de portavoz nacional del BNG, y la actividad política es intensa todo el año. Además, mi trabajo en Vicepresidencia me lleva a un contacto continuo con la gente. Me divido a partes iguales entre el despacho y la calle.

"La convivencia con el PSOE va mejor de lo que pequeños errores pueden mostrar. La coalición goza de buena salud y la mantendrá durante toda la legislatura"

"No sería capaz de hacer una fiesta para los mayores si no hubiese puesto en marcha una red pública de residencias, centros de día, transporte adaptado..."

P. ¿Y qué le dice ese barómetro callejero sobre la labor de los nacionalistas en la Xunta?

R. Estoy notando una valoración positiva del paso del BNG por el Gobierno en el conjunto de la sociedad y muy positiva en las bases electorales del partido.

P. ¿Teme que sea el PSOE el que rentabilice la coalición?

R. He estado convencido desde el principio de que eso no va a suceder. Ahora tenemos la confirmación práctica. El nacionalismo es hoy una realidad política en Galicia y para la normalidad política del país sería bueno que todo el mundo se percatara. Los ciudadanos ya se dan cuenta, pero en el mundo de la empresa, en los medios de comunicación y en el mundo asociativo se debería interiorizar que en Galicia existen tres espacios políticos definidos: la derecha española, la izquierda española y el nacionalismo.

P. ¿Nacionalismo de izquierdas?

R. El nacionalismo en Galicia no precisa adjetivación porque sólo hay uno. Y siempre tuvo una base popular y un proyecto político transformador destinado a las mayorías sociales. Es una caracterización propia que no se inscribe en lo que tradicionalmente se considera izquierda. Hablar en Galicia sólo de derechas e izquierdas es empobrecer absurdamente el panorama político y estar fuera de la realidad. El panorama político en Galicia es mucho más rico y diferente a otras partes del Estado.

P. ¿Pero cómo se puede aglutinar la izquierda y la derecha?

R. No se aglutina la izquierda y la derecha, es un nacionalismo transformador con un proyecto político que comparte la necesidad de que Galicia ocupe el lugar que le corresponde en el Estado español con un proyecto de justicia social. El nacionalismo siempre fue así.

P. En sus mítines pide usted el voto incluso de quienes hasta ahora han votado al PP. ¿Atiende ahora el BNG también los intereses de estas personas?

R. El BNG aspira a ser el proyecto político de referencia de todas las personas con sentimiento de país y con ansias de justicia social. Por eso aún no ha descubierto su techo. Nuestro paso por el Gobierno sirve para derribar muchos muros y abrir muchas puertas. Y hoy la gente está descubriendo el BNG que siempre fue, pero que no tuvo oportunidad de ver. Un partido que practica el nacionalismo de la gente, preocupado por los problemas de la gente y que oferta soluciones. En esta campaña veo eso mejor que en ninguna otra.

P. ¿No puede hacerles caer eso en el populismo?

R. El populismo es la antítesis de lo que hace el BNG. Si alguna formación política en Galicia se moja, da propuestas claras y contundentes es el Bloque. Hacer populismo es hablar de vivienda para todos, su antítesis es decir el 40% del suelo irá a vivienda protegida. Al primer eslogan se apuntan el PP y el PSOE, al segundo sólo el BNG.

P. ¿Qué prejuicios contra el BNG cree que persisten?

R. No son tanto prejuicios como una cultura política que hace escribir la realidad desde la perspectiva de las fuerzas políticas estatales y sólo desde la dinámica derecha e izquierda. Existe otra interpretación de la realidad que es la nacionalista.

P. ¿Ha dejado sorprendidos a muchos empresarios desde que es vicepresidente?

R. No se puede imaginar la gente a cuántos ni cuáles. Por prudencia y respeto no los mencionaré, pero son muchos los que después de una pequeña conversación pronuncian siempre la misma frase: "Yo no pensé que el BNG fuera así". Además, expresan cierta esperanza a que haya una fuerza política dispuesta a crear un espacio gallego de desarrollo.

P. ¿Y cómo recibe usted las críticas de sectores nacionalistas como el sindicato CIG?

R. Con paciencia, porque no queda otro remedio. Los sindicatos tienen que cumplir su función en la sociedad y tenemos que aceptar que en nuestra acción de gobierno habrá muchas medidas que no serán compartidas por los sindicatos, igual que habrá muchas otras que no serán compartidas por los empresarios. Pero nuestra misión es gobernar para el conjunto de la sociedad y nos tenemos que acostumbrar a recibir esas críticas con total normalidad. Por otro lado, en el ámbito del nacionalismo hay algo que no se debe olvidar. Es lógico que entre un patrón de un barco y los marineros haya tensión social y diferentes prioridades y criterios, pero si ese barco no tiene aguas para faenar los que van a salir perdiendo son el patrón y los marineros.

P. ¿Quiere decir que todo lo que predicaron durante los 16 años de fraguismo no se puede aplicar ahora de golpe?

R. Es evidente que un país no se puede transformar en año y medio. Requiere unas dosis de paciencia. Pero en este año y medio hemos dado pasos de gigante: un plan de vivienda pensado para la gente, no para la especulación; una política de comercio para el pequeño comercio y no para las multinacionales; una política para el medio rural que no dé por perdidas las hectáreas sin utilizar; una red pública de servicios sociales...

P. ¿Qué mensaje le daría a la militancia nacionalista que se sienta decepcionada?

R. Que aparte de tener paciencia, escuchen a la gente. La gente en general está valorando muy positivamente la acción de gobierno del BNG y la base electoral, extraordinariamente. No queramos nosotros imprimirle a esto un ritmo que nadie reclama.

P. ¿Cómo va la convivencia en el bipartito?

R. (Silencio) Se intenta. Va bastante mejor de lo que a veces pequeños errores pueden mostrar. El BNG y el PSOE son dos fuerzas políticas muy diferentes, en cuanto a proyecto y a forma de entender la política, las relaciones personales y la vida. Tiene un extraordinario valor para el país que, siendo así, tengamos la responsabilidad y la madurez de hacer un programa conjunto y nos comprometamos a ejecutarlo. Esa es la normalidad en Europa, pero aquí no había cultura de coalición, por eso muchas veces tenemos que remar a contracorriente. Pero que quede claro que el BNG va a cumplir el acuerdo de gobierno que firmamos.

P. Esta campaña ha aumentado la tensión con los socialistas.

R. No especialmente. La falta de cultura de coalición afecta primero a los que la integramos, que muchas veces le damos importancia y dimensión a discrepancias que no la tienen. Y los medios de comunicación consideran noticia cuestiones que en otras partes de Europa no lo serían. Todos contribuimos a ello, sobre todo los miembros de la coalición con determinados errores de interpretación.

P. ¿Necesita el bipartito entonces un asesor matrimonial?

R. (Risas) Cuando un matrimonio no funciona bien no hay asesor que lo arregle. No, está garantizada la responsabilidad y madurez de quienes componemos el Gobierno. La coalición goza de buena salud y la mantendrá durante estos cuatro años.

P. ¿Se está cumpliendo el pacto para no utilizar sus cargos públicos durante la campaña?

R. Por parte del BNG sin ninguna duda.

P. Los mayores son para usted una parte importante de la sociedad gallega. ¿Qué quiere sacar de ellos?

R. Lo que quiero es que los mayores gallegos disfruten de un envejecimiento activo, que se sientan útiles, que tengan servicios y que lleven adelante su vida con total dignidad. Hacer esto en un país donde el 21% de la población tiene más de 65 años es de justicia y un elemento fundamental para transformar el país.

P. ¿Y qué quería sacar Fraga cuando también les hacía fiestas a los mayores?

R. Hacer fiestas con los mayores y al mismo tiempo condenarlos a no tener plazas de residencia ni centros de día es la mayor atrocidad y el mayor fraude político que se ha hecho en este país en mucho tiempo. Yo no sería capaz de hacer una fiesta para los mayores si no hubiese puesto en marcha una red pública de residencias, centros de día, transporte adaptado...

P. ¿Cómo van las relaciones con Madrid?

R. Regular. A Madrid hay que educarla en el respeto por Galicia con diálogo y exigencia.

P. ¿Está el presidente Touriño en esa labor de presionar al Gobierno central?

R. El presidente Touriño cumple su función como presidente, lo que pasa es que el PSOE tiene que combinar su compromiso con Galicia y su compromiso como sostén de un Gobierno que pretende gobernar para todo el Estado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de mayo de 2007