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Editorial:

La deriva de Chávez

La presidencia de Hugo Chávez se ha despojado de su ambigua retórica inicial para convertirse en un radical experimento político, económico y social apoyado en el dinero del petróleo. En menos de 24 horas, el líder venezolano ha anunciado, en un paquete 1º de mayo en plena sintonía con su talante efectista, la salida de su país del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y la "nacionalización" de la franja petrolífera del Orinoco, donde se sitúan las mayores reservas del mundo de crudo pesado.

El abandono del FMI y del Banco Mundial era cuestión cantada desde mediados del mes pasado, cuando el ministro de Finanzas venezolano se despidió de ambas instituciones financieras multilaterales después de que Caracas liquidara anticipadamente una deuda que vencía en 2012. Chávez nunca ha ocultado su desdén por ambos organismos mundialistas, que considera instrumentos del imperialismo económico estadounidense. La nacionalización de las explotaciones del Orinoco, en las que están implicadas media docena de grandes multinacionales, es en realidad el comienzo de una renegociación de los actuales contratos para que la empresa estatal Petróleos de Venezuela -la caja que paga todas las ambiciones presidenciales- tenga al menos una participación del 60% en los proyectos. Chávez, que acaba de inaugurar un nuevo mandato de seis años, avanza así en su manual socialista para estatalizar todos los sectores clave de la economía.

Los ámbitos a los que se aplica el control irrestricto de Chávez tienen cada vez menos importancia ante el hecho decisivo de que el líder venezolano -mezclando demagogia, populismo de sainete y una escandalosa falta de tacto en relación a todos: Estados, personas e instituciones- ha ido eliminando cualquier vaguedad política manifestada durante sus primeros años al timón. El antiguo paracaidista reúne ya en su persona todos los resortes del poder, incluyendo el Parlamento, la judicatura y los económicos. Y, como demuestra el caso de la mayor cadena de televisión opositora que pronto dejará de emitir, está dispuesto a actuar sin contemplaciones contra sus críticos. Lo que el paisaje venezolano revela hoy es el eclipse total de la democracia entendida como imprescindible contrapeso de poderes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de mayo de 2007