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viernes, 6 de abril de 2007
Crítica:

Un talento domesticado

JORDI COSTA 6 ABR 2007
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Con su ópera prima Escuela de jóvenes asesinos (1989), Michael Lehmann no sólo logró materializar con inusual precisión el esquivo concepto de película de culto, sino que formuló una suerte de manifiesto creativo refrendado en su trayectoria inmediatamente posterior. Meet the Applegates (1991), El gran halcón (1991) y Cabezas huecas (1994) confirmaban el talento de un cineasta empeñado en transgredir el lenguaje del cine de consumo desde dentro distorsionando la convención con una mirada de marcado acento excéntrico. Los últimos trabajos del director, cada vez más vinculado al medio televisivo, revelan que ha perdido el pulso con la industria. Que ha tirado, en definitiva, la toalla.

¡Porque lo digo yo! comedia romántica con guión de dos autoras que velaron las armas de su oficio en el equipo de Quédate a mi lado (1998) podría funcionar como correlato tonal de la propia carrera de Lehmann. Esta historia de madre patológicamente protectora (Diane Keaton) que busca novio a una de sus hijas (Mandy Moore) a través de un anuncio en Internet se abre con vigor, marcando las distancias con respecto al grueso del género mediante algún toque de sofisticación, pero no tarda en remansar su ímpetu en los territorios de la apatía y el lugar común. Una Diane Keaton condenada a ejercitar un doloroso slapstick otoñal y el almíbar que, progresivamente, va tomando posesión del conjunto acaban frustrando toda esperanza de que Lehmann haya reactivado su talento anómalo. La película es como la propia carrera del cineasta: algo que empezó más o menos bien y acabó fatal.

 
 

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