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Entrevista:Arto Paasilinna

"La muerte nos amenaza, pero también nos hace libres"

Uno de los escritores finlandeses de culto novela uno de los dramas de su país en Delicioso suicidio en grupo. Con humor, ironía y sarcasmo, el autor crea una fábula en la que desenmascara los atajos hacia la muerte. El novelista, ex guardabosques y ex poeta, reflexiona en esta entrevista sobre el sentido de la vida y la manera de asumirla, a la vez que denuncia el maltrato a la naturaleza.

"La destrucción de la naturaleza debería ser considerada un crimen"

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Paasilinna. ¿Paasilinna? ¿Quién es ése? Son interrogantes ante los cuales un finlandés, un nórdico y más de un francés o italiano subirían las cejas y pondrían cara de ¿cómo, no sabe quién es? Pero en España la verdad es que es un escritor que se ha editado muy poco y sin mucha fortuna. En cambio, en Finlandia un nuevo libro de Arto Paasilinna (Kittila, 1942) es siempre esperado con una sonrisa. Humor e ironía son sus aliados. El objetivo: denunciar problemas ecológicos y de la sociedad contemporánea, a la vez que lleva a las personas al encuentro consigo mismo. Sin temores. Incluso se atrevió con uno de los principales dramas de su país y que tituló: Hurmaava joukkoitsemurha. Que en español viene a ser algo así como Delicioso suicidio en grupo (Anagrama), título con que se acaba de editar en España.

Los finlandeses sabían que Paasilinna no los iba defraudar. Sabían de su tradición de ver la vida y escribirla desde su esquina literaria favorita que le permite abordar el mundo desde lo absurdo. Porque sólo desde allí alguien puede exclamar que "con la muerte se puede jugar, pero con la vida no. ¡Viva!".

PREGUNTA. Vaya manera original de abordar un tema tan delicado como el suicidio.

RESPUESTA. El suicidio como tema de una novela es exigente y peligroso, ya que la autodestrucción ha de ser tratada con responsabilidad y no se puede hacer de ella un chiste. Sin embargo, esto no significa que haya que desesperarse; al contrario, mi intención ha sido la de proporcionar a los lectores una esperanza de vivir.

P. Parafraseando al narrador, ¿está obligado el ser humano a conformarse con la espera de la muerte?

R. Así es. Los mortales han de conformarse con su destino. Y sin embargo, la espera de la muerte no le da a la vida el contenido que yo desearía; el anhelo de la muerte no le da a la vida un contenido digno ni valioso.

P. Entre tragedia y humor, la novela es una exaltación de la vida y esperanza en el ser humano.

R. No se puede escribir una novela demasiado sombría sobre este tipo de tema. No es conveniente hacer de la autodestrucción un hecho comprensible ni, bajo ningún concepto, hacer de ella algo digno de aprobación. Al margen de la tragedia, he intentado de verdad darles a los lectores esperanza, y de otro modo, con ayuda del humor.

La relación de los finlandeses, y en general los nórdicos, con la muerte es especial, ya que registra uno de los índices más altos de suicidio. Incluso hay muchos escritores de novela negra y policiaca. Paasilinna rompe con tópicos. Es un fanático de la vida. Su tránsito literario por ese atajo hacia la muerte le ha permitido recordar que, "en realidad, las personas siempre estaban viviendo el primer día del resto de sus vidas, aunque no se les ocurriese nunca pensarlo en medio de tanto trajín". Lo escribió en 1990 en Delicioso suicidio en grupo. Dejó claro que tenía calada a la taimada muerte que ha hecho que en Finlandia el suicidio haya adquirido la categoría de "deporte nacional".

Sus novelas son un viaje. Una aventura en medio de lo desconcertante que ve desde su singular esquina con algún compromiso, denuncia o advertencia. Sin temer a muertos ni vivos. Es crítico con la situación contradictoria de que a mayor calidad de vida y bienestar social hay más suicidios. Y lanza una idea fundamental: que los motivos de suicidio son raras veces problemas económicos, y que el bienestar material por sí mismo no garantizaría la felicidad de la persona. Lo dice un ex guardabosques, ex periodista y ex poeta. Experiencias que le permiten denunciar el drama del suicidio y el drama del suicidio colectivo a que la sociedad y los gobiernos están llevando al planeta.

P. ¿Cuáles son los principales problemas de la sociedad contemporánea?

R. La desigualdad, ya sea económica, social o educativa. Y recuerda que el ser humano ha peleado miles de guerras para acabar con ella, pero sin resultado.

P. ¿Qué hacer ante el persistente ataque de la industria y el progreso a la naturaleza, y que usted denuncia en la novela?

R. La destrucción de la naturaleza debería ser considerada un crimen y, en cualquier caso, debería obligarse a las industrias que contaminan a que pagasen los desastres que provocan.

P. Una de las características de sus novelas es la psicología de sus personajes y del entorno social, algo que no abunda en la narrativa de hoy, ¿por qué?

R. La psicología social ayuda a ver la sociedad en sus múltiples dimensiones y, en ese sentido, la novela puede ser escrita como una crítica social digna de tener en cuenta.

Vida y novela se trenzan en este escritor que a los 10 años empezó a enviar sus escritos a publicaciones de Laponia. Ahora tiene casi 40 libros. Fue en 1975 cuando su nombre empezó a sonar con El año de la liebre (Ediciones de la Torre, en España). Le adjudicaron la invención de un género: la novela de humor negro ecológico. Su nombre trascendió en los años noventa a países como Francia e Italia. Y Finlandia dejó de ser sólo el país del autor de Sinuhé, el Egipcio, de Mika Waltari. Otras novelas suyas editadas en España son El molinero aullador y El bosque de los zorros.

Un mundo personal-literario que Arto Paasilinna retrata a través de nueve palabras a las que les crea su sombra: "La depresión puede revivirlo a uno si la vence. La alegría da contenido a la vida. La melancolía es el primer paso hacia la profundidad de ideas. El silencio serena y es como una fiesta. La muerte nos amenaza, pero también nos hace libres. La vida es un enorme regalo que no debemos subestimar. El bienestar sería algo así como un premio. Y la novela, un pedazo de vida".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007