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Reportaje:El urbanismo en la Comunidad

El pueblo menguante

El nuevo plan urbanístico de Casarrubuelos, a 30 kilómetros de Madrid, reduce de 4.000 a 1.100 las viviendas previstas

Casarrubuelos es uno de esos lugares en los que nunca hay problemas para aparcar. El pequeño pueblo del sur de Madrid, con una extensión similar al distrito Retiro (5,5 kilómetros cuadrados) y 2.500 habitantes, se resiste a crecer más rápido que sus infraestructuras.

"No queremos convertirnos en otro Seseña", explica su alcalde, Julián Sánchez (IU). Para evitarlo han reducido de 4.000 a 1.100 viviendas las previsiones de su nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).

Situado en un punto equidistante entre Madrid y Toledo, a 30 kilómetros de ambas, el municipio está configurado por una sucesión de hileras de adosados blancos que rodean el casco antiguo del pueblo, antiguamente agricultor y ganadero. En el centro hay una iglesia de piedra, casas encaladas de no más de dos alturas, una decena de bares y un par de supermercados.

El nuevo PGOU, aprobado el pasado 22 de enero, prevé la construcción de 1.118 chalés adosados. El anterior, de 1998, reservaba espacio a futuros desarrollos para 4.000, un 75% más. "No necesitábamos tantas casas", reflexiona el alcalde. "Hemos mantenido los terrenos, pero hemos reducido la densidad de construcción".

Sentado en su despacho provisional -el Ayuntamiento estará de obras todo el año-, frente a una fotografía de Ernesto Che Guevara colgada en la pared, Julián Sánchez asegura que sacar adelante el plan urbanístico ha costado "sangre, sudor y lágrimas".

Entre otras complicaciones, explica que les tocó "lidiar" en varias ocasiones con Enrique Porto, ex director general de Urbanismo de la Comunidad de Madrid, que dimitió en octubre de 2006 tras difundirse un pelotazo de cuatro millones de euros en Villanueva de la Cañada. "Porto nos llamó para decirnos que teníamos que meter más casas en el nuevo plan, que si no iban a salir muy caras, pero yo no compartía esa idea", explica.

"Al final conseguimos que se respetara nuestro deseo", añade Sánchez, que lleva dos mandatos como alcalde y concejal de Urbanismo. "Antes de entrar en política era trabajador del metal", dice solemne. La corporación municipal está compuesta por seis ediles de IU en el equipo de gobierno y dos del PP en la oposición.

Casarrubuelos comenzó los trámites para el nuevo plan urbanístico en el año 2000, cuando el Ayuntamiento pidió en la Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte de la Comunidad de Madrid que se encargara de elaborarlo. En 2002 empezó su tramitación y han pasado cinco años hasta que el documento ha visto la luz.

El plan reserva casi un tercio del suelo (27,28%) para las nuevas viviendas, de las que 611 serán protegidas. Más de la mitad del territorio (56%) queda como suelo protegido distribuido en dos grandes parcelas, una al norte y otra al sur del municipio.

Desde la oposición plantean pocas pegas. "Aún no he estudiado el PGOU para ver si es bueno o malo. Habrá que estar pendiente de cómo lo desarrollan", afirma Luis Merayo, candidato del PP a la alcaldía de Casarrubuelos para las elecciones de mayo. La explanada protegida más meridional está muy cerca de la valla que separa los límites de Casarrubuelos e Illescas (Toledo) que, con 17.500 habitantes, incluye 20.000 viviendas nuevas en su futuro plan general, pendiente de aprobación.

Illescas pertenece al cinturón de pueblos que rodean Madrid y que proyectan para la próxima década más de 300.000 nuevas viviendas con escasas infraestructuras. Seseña, también en Toledo, pasará de 5.000 a 32.000 pisos en 10 años. Estar cerca de la capital y ofrecer precios más bajos ha impulsado su rápido crecimiento, como podría ocurrir en Casarrubuelos.

Pero a su alcalde le trae sin cuidado ir a contracorriente. "No queremos ser una ciudad dormitorio, lo importante es tener buenas infraestructuras y no crecer a lo loco", apunta.

Las 50 últimas casas protegidas que se sortearon en Casarrubuelos rondaron los 90.000 euros. En el caso de vivienda libre nueva, los precios varían entre 236.000 euros, en el caso de un dormitorio, hasta más de 290.000 para viviendas con tres habitaciones, según datos de Duralvi, una de las inmobiliarias que opera en el pueblo.

Tania Carbonell, de 26 años, aún recuerda Casarrubuelos hace 10 años, cuando tenía 600 habitantes, cinco veces menos que ahora. Ella es vecina del municipio desde que era una niña. Hace cuatro años compró por menos de 90.000 euros una casa de 90 metros cuadrados, dos plantas y tres habitaciones en la que vive con su hermana. Algún fin de semana sube a Madrid para hacer compras o para cenar, pero normalmente hace su vida en Casarrubuelos, donde están sus amigos, su familia y su trabajo. "Lo que más me gusta de aquí es la gente, estar cerca del campo. Éste es mi pueblo y espero que no cambie mucho", asegura.

Piscina y frontón

Casarrubuelos es pequeño, pero tiene casi de todo, según su alcalde, que no quiere que el municipio se convierta en una ciudad dormitorio de Madrid. En un breve paseo en coche, Julián Sánchez (IU) muestra las infraestructuras que han crecido al ritmo del pueblo, que ha pasado de 600 a 2.500 habitantes en los últimos 10 años. Una de ellas es la piscina cubierta municipal, que se convierte en piscina al aire libre en verano. También hay una escuela de música, un colegio y un campo de fútbol con césped artificial, junto al que se levanta la pared de un frontón. "Hay mucha afición por ese deporte", asegura Sánchez.

En 2003 inauguraron el ambulatorio, que incluye cinco consultas y tiene capacidad para atender a una población de 5.000 habitantes, los que esperan alcanzar cuando terminen de construirse las 1.100 viviendas nuevas. Entre las carencias, el alcalde destaca que necesitan una casa de juventud y un instituto, para el que aún no tienen población suficiente. El nuevo plan urbanístico reserva suelo para dos nuevos polígonos industriales junto a la carretera de Toledo (A-42).

Lo que peor funciona en Casarrubuelos es el transporte público, según una vecina. "Hay pocos autobuses diarios para Madrid. Tardan más de una hora y ni siquiera se meten en el pueblo a recoger a la gente", se queja Tania Carbonell.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de febrero de 2007

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