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jueves, 8 de febrero de 2007
Reportaje:

Vientos de cambio en Paraguay

La irrupción en la vida política de un obispo puede acabar con 60 años de dominio 'colorado'

Mucha gente lo venera como si fuera una estrella de rock. Otros lo ven como a un salvador del país. La irrupción en el mundo de la política del obispo dimisionario Fernando Lugo Méndez está causando un gran revuelo en Paraguay.

Por primera vez en casi dos décadas de democracia, la oposición paraguaya podría estar muy cerca de arrebatar el dominio al Partido Colorado, que lleva 60 años en el poder.

Pero el camino del obispo, que no puede renunciar a su investidura, según ha confirmado el papa Benedicto XVI, no se presenta fácil. De persistir en su decisión de entrar en política, el religioso se arriesga a ser excomulgado.

Por otro lado, un artículo de la Constitución paraguaya prohíbe la candidatura a presidente de la República a un ministro de cualquier culto. Algunos piensan que la decisión unilateral de colgar la sotana es suficiente para que pueda concurrir a la presidencia; otros estiman lo contrario.

Curiosamente, su principal contrincante político, el actual presidente Nicanor Duarte Frutos -que no es católico-, también se enfrenta a un dilema similar, ya que la Constitución no contempla la reelección y desde el inicio de su mandato ha buscado sin éxito una enmienda constitucional que le permita presentarse a un segundo periodo.

Duarte Frutos incluso ofreció al obispo solucionar esta crisis con una negociación para reformar la Constitución en beneficio de ambos, pero Lugo -que dejó los hábitos sin autorización papal- no está dispuesto a negociar esa propuesta.

Cuando falta más de un año para las elecciones generales, todos los partidos de la oposición decidieron el pasado lunes unirse detrás de una sola oferta y plataforma presidencial, si bien cada formación presentará sus propias listas para el Congreso y para gobernadores. Y es un secreto a voces que el candidato único de la oposición será Fernando Lugo.

El refugio del sacerdocio

El 3 de febrero se cumplieron 18 años de un golpe militar que derrocó a una de las dictaduras más antiguas de América Latina, la del general Alfredo Stroessner, que gobernó Paraguay de 1954 a 1989.

La figura de Fernando Lugo invita a retroceder en la historia paraguaya. Cuando era adolescente, sus padres le persuadieron para no involucrarse en política y no seguir los pasos de sus tres hermanos mayores, que habían acabado exiliados, detrás de su tío, el legendario caudillo y músico colorado Epifanio Méndez Fleitas. Fernando se decidió entonces por la docencia, pero a los 28 años sintió una llamada profunda y se ordenó sacerdote. Fue misionero de la orden del Verbo Divino y estudió sociología y economía en Ecuador.

A mediados de los años noventa fue nombrado obispo en la diócesis de San Pedro, uno de los sitios más aislados y pobres de Paraguay, pero después de más de una década abogando por el derecho de los más olvidados, Lugo decidió dar un nuevo vuelco a su vida y abandonó el sacerdocio para dedicarse a la política. No fue una decisión fácil, pero, según afirma, sí una que lo llena de dicha y pesar al mismo tiempo. Le duele dejar a sus compañeros de lucha, la orden que fue su familia y la disciplina de la vida religiosa, pero lo hace pensando en un Paraguay mejor.

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