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jueves, 8 de febrero de 2007
Reportaje:

El deslumbrante retrato de la atrocidad

El ruso Lev Dodine adapta con éxito 'Vida y destino', la gran novela de Vitali Grossman

El pobre Grossman escribe en 1959 que "el hombre condenado a la esclavitud es esclavo por destino, no por su propia naturaleza", pero el destino se ríe de él y de su esperanza en esa naturaleza. Su novela Vida y destino, prohibida en la URSS durante años porque establecía paralelismos entre el Gulag y los campos de concentración alemanes, entre Stalin y Hitler, entre el antisemitismo de ambos, se ha estrenado en versión teatral en el MC93 de París, situado en el bulevar Lenin, la prolongación de la rúe Maurice Thorez, nombre del líder comunista francés que resistió a los alemanes... desde Moscú.

¿C'est la vie o es el destino el que ha llevado a Lev Dodine al MC93 de Bobigny? Él dice haber escogido la obra de Grossman porque "nuestros males de hoy vienen de nuestro pasado". Según el director del teatro Maly de San Petersburgo, "los jóvenes de hoy no saben nada excepto que un gran hombre llamado Stalin existió y que en su época imperaba el orden, que aquello no era el caos de ahora; la justicia reinaba y no había ni pobres ni ricos". Dodine descubrió Vida y destino en 1986. El libro, que se terminó de escribir en 1959, se editó por primera vez, en francés y ruso, en París, en 1980. En 1959, su editor, temeroso, envió el mecanoscrito al KGB, que inmediatamente destruyó copias y borradores. ¿Hace falta recordar que entonces no había ni ordenadores ni fotocopiadoras? La obra de Grossman existe porque él depositó dos copias en casa de amigos disidentes.

El montaje alterna las escenas en el campo de concentración con las que transcurren en el domicilio de Víktor Strum, el sabio que no acepta que las matemáticas se adapten a los principios leninistas. Es un vaivén entre la luz cálida del apartamento de los Strum y la luz glacial del lager, a veces luz de Buchenwald, otras luz de Norilsk -uno de los campos más famosos del Gulag-, por fin luz de Berditchev, desde donde nos habla la madre de Víktor Strum escribiendo antes de ser asesinada por los nazis.

La novela de Grossman, que comenzó contando la batalla de Stalingrado desde la óptica del realismo socialista, evolucionó hacia un texto crítico para con el llamado socialismo real. En ella, el peso de antisemitismo se hace más y más importante, pero ese fenómeno aún se ha acentuado más en el montaje teatral. Dodine, por razones obvias, estaba obligado a cortar, y la locura antijudía ha pesado más que la locura tout court, que la psicosis paranoica de Stalin, que, según Hitler -y sabía de lo que hablaba-, veía al dictador soviético como alguien en quien se sumaban "la crueldad de la fiera salvaje y la cobardía del hombre". Total, la Vida y destino teatral es un espectáculo deslumbrante, con un formidable Serguéi Kouryshev como Strum, un extraño objeto a caballo entre el teatro de ideas y el histórico, que maneja con sobriedad recursos circenses y la tradición de la escuela rusa de actores.

Estamos ante un montaje histórico, como antes lo fueron Hermanos y hermanas, Las estrellas en el alba de Galina, Claustrophobia o, más recientemente, los montajes que el Maly ha hecho de Chéjov. Pero el reconocimiento de su calidad no impide que nos preguntemos sobre la pertinencia de su orientación. ¿No sería más importante confrontar lo que Grossman cuenta con lo que luego se ha sabido? Por ejemplo, la magnitud de la ayuda anglo-americana a Stalin, esos envíos de 5.000 tanques, 7.000 aviones, 375.000 camiones, 2.000 locomotoras, 52.000 jeeps, etcétera, que permitieron a la URSS recuperarse y a Stalin sobrevivir a su incompetencia y al ataque de una ciudadanía soviética que en Ucrania o en el Báltico se alistó bajo uniforme enemigo.

La figura del general Vlassov, como la de los 500.000 rusos voluntarios que participaron del lado alemán en el cerco de Stalingrado, y el hecho de que todos, ejército democrático de Vlassov y rusos enrolados con los nazis, acabaran siendo entregados a Stalin por los americanos, es quizá un ángulo de ataque más novedoso a la hora de revisar las realidades de Stalin como estratega, de la guerra patriótica y de la supervivencia del socialismo real que el poner de relieve la dimensión antisemita de la represión estalinista. Es una opinión que no cuestiona el mérito de Vida y destino como montaje, pero sí la eficacia de la orientación histórico-política del mismo.

Escena del montaje teatral Vida y destino.

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