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lunes, 29 de enero de 2007
Reportaje:

Una ciudad vertical

Un exposición del 50 aniversario del PGOU de Benidorm ofrece una visión revisionista de la ciudad de los rascacielos

El franquismo quiso borrar todas las vanguardias arquitectónicas y las reminiscencias de modernidad cultivadas por la República, pero superados los años más oscuros de la dictadura, con la llegada de los tecnócratas y el turismo, en los años cincuenta se permitieron ciertas licencias y ensayos. Benidorm fue el conejillo de indias en el que se ensayó un modelo urbanístico que reunía todo lo que hasta ese momento se había rechazado. El pueblo contaba con poco más de 3.000 habitantes cuando aprobó el primer Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), que convertía un núcleo deprimido de marineros y pescadores en una gran ciudad de vacaciones para 100.000 personas. Fue el primer PGOU de la historia, puesto que la Ley del Suelo franquista que contemplaba por primera vez aquella figura administrativa ni siquiera había nacido y no lo haría hasta ocho meses después. "La ciudad diseñada en 1956 se convirtió en un laboratorio donde poner en practica todo lo que parecía un sueño y que hasta entonces el régimen había prohibido, desde permitir el uso del bikini hasta levantar el modelo de ciudad de Le Courbusier", explica Juanjo Chiner, investigador del fenómeno Benidorm, arquitecto y comisario de la exposición del 50 aniversario del nacimiento de la ciudad vertical. "Los mismos técnicos que trabajaban en el PGOU hacían la ley del suelo en Madrid. Uno de los comisarios políticos que impuso el régimen para supervisar los trabajos, el arquitecto Muñoz Monasterio, había ganado en tiempos de la República un concurso para transformar radicalmente los alrededores de la Puerta del Sol de Madrid y construir grandes bloques de edificios. Nunca llegó a hacerse", relata Chiner.

Los cerramientos y retranqueos abortaron el modelo de una urbe abierta y ajardinada

Benidorm optó por las torres de apartamentos al gusto de los turistas británicos

Por primera vez una muestra sobre el nacimiento de la ciudad que acoge a la mitad del turismo de la Comunidad Valenciana ofrece una versión crítica y revisionista del modelo urbanístico que la ha hecho famosa. La apertura del aeropuerto de L'Altet en Alicante en 1970 supuso la llegada del turismo de masas británico y la adopción de un modelo urbanístico de torres con entidad propia al gusto de los ingleses. Este modelo no resultó atractivo para los visitantes alemanes con mayor poder adquisitivo.

Las deficiencias en el PGOU de Benidorm se muestran a lo largo de la exposición ubicada en el Aula de la CAM con imágenes de las inundaciones producidas en 1972, cuando todavía se pretendía urbanizar el principal barranco de la ciudad y no se había tenido en cuenta la canalización y dotación de infraestructuras. Los cerramientos de los retranqueos y plantas bajas por parte de comercios y restaurantes, algo radicalmente opuesto al proyecto, ha provocado el fracaso de la ciudad abierta y ajardinada que se propugnaba.

El ex alcalde Pedro Zaragoza señalaba recientemente: "A veces lloro cuando paseo y veo en lo que se han convertido algunas calles". El actual primer edil, Manuel Pérez Fenoll, se limitó en enorgullecerse en la presentación de la exposición de que "nadie queda indiferente cuando nos visita".

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