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lunes, 22 de enero de 2007
Reportaje:

50 años de aulas católicas

La Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) aboga por la innovación para afrontar su próximo medio siglo

Religiosos y enseñanza es un binomio indeleble en la memoria de varias generaciones de españoles. Serviría, seguramente, para explicar la historia de la educación en medio mundo, pero en esta ocasión, el viaje comienza en la España de 1957, el año en que se fundó la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza, la FERE, que ahora cumple medio siglo.

La semilla de esta organización la puso 27 años antes la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE), nacida en la antesala de la Segunda República para "atender las necesidades de los colegios católicos ante situaciones políticas cambiantes". Lo era la que se vivía entonces y no pintaba bien para los religiosos, que vieron confirmados sus peores presagios: fueron apartados de las tareas de la enseñanza por ley. Aunque, como corresponde, también se hizo la trampa, y la Iglesia logró mantener algunos colegios detrás de una titularidad civil.

La federación no cree que vaya a crecer numéricamente, pero sí a mantenerse

Al final de la Segunda República los religiosos recuperaron la gestión de sus colegios

La República duró poco y, a su fin, los religiosos recuperaron la gestión de sus colegios. La áspera posguerra deja fotos de niños malnutridos en escuelas infradotadas. Pero miles de ellos pudieron educarse en los centros religiosos, "que han hecho un esfuerzo constante para adaptar sus enseñanzas a la evolución pedagógica y social", empeño en el que la FERE jugó siempre un papel destacado mediante sus escuelas psicopedagógicas.

Carmen Labrador, profesora de Historia de la Educación de la Complutense, tiene ahora el encargo de rescatar en un libro la vida y obras de la FERE, una organización que, a su juicio, "ocupa un lugar destacado en la historia de la educación española". Lo tiene, ciertamente, en la actualidad, donde la federación, que goza de buena salud, sigue defendiendo con pulso firme los valores e intereses de la escuela católica. Pero cabe atribuírsele también un buen talante en la negociación, que le ha permitido arañar mejoras y avances en cada ley educativa, desde el peso social que confieren sus 2.200 centros educativos donde se educan 1.400.000 alumnos, el 20% del total desde infantil a bachillerato y FP. La protesta en la calle de la FERE-CECA no suele pasar inadvertida. Pero su presidente, el salesiano Manuel de Castro, siempre repite que antes de llegar a eso, agotan el diálogo. Así ha sido en la negociación de la última ley educativa y estos días celebran el cincuentenario luciendo la corbata de oro de la orden de Alfonso X el Sabio, que les ha concedido el Ministerio de Educación.

De las buenas relaciones que mantienen con el Gobierno actual da una idea la presencia de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, en la inauguración de este aniversario, que se celebró el jueves pasado. Aunque es indiscutible que los centros concertados católicos se sienten mejor tratados bajo Gobiernos conservadores, Manuel de Castro suele insistir en la independencia política de sus colegios y en la libertad ideológica en la que forman, para lo que se sirve de ejemplos de ex alumnos "de todos los colores y partidos".

La FERE no cree que la escuela católica esté en situación de crecer numéricamente, ni en centros ni en alumnos, pero sí en mantenerse en la proporción actual respecto a la escuela pública, de la que no quieren ser subsidiarios. "Hemos querido en los últimos años romper esa pugna entre la escuela pública y la concertada que no permite mejoras en la educación. Creo que en la actualidad cabe hablar de redes complementarias", afirma De Castro.

Respecto al modelo pedagógico, los colegios católicos miran de cerca "la calidad y la innovación, las nuevas tecnologías y el aprendizaje de lenguas extrajeras", sin olvidar algunas asignaturas pendientes, como la atención educativa a alumnos con necesidades especiales o la escolarización equilibrada de inmigrantes, donde De Castro reconoce que hay margen para hacer algunas "correcciones".

No es ajena esta escuela concertada a los problemas que hoy sacuden el sistema educativo, como el fracaso escolar, la indisciplina o las bajas calificaciones. Por tanto, se plantean seguir insistiendo en lo que, a su juicio, son las tres palabras claves de la educación, "equidad, libertad y calidad". Tres palabras que no siempre estuvieron ligadas a la enseñanza que se impartió en los centros religiosos, pero con las que ahora quieren conducir hacia el futuro.

Alumnos del colegio Obispo Perelló de Madrid juegan al fútbol a mediados del siglo XX.

Asistentes a un encuentro de la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE), fundada en 1930 (arriba). / FOTOS CEDIDAS POR FERE-CECA

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