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sábado, 20 de enero de 2007
Reportaje:ESCAPADAS

Epicuro manda recuerdos

En Samos, la herencia de su filósofo nativo invade los sentidos

En esta isla griega, el pope Manolis recibe a los turistas con versos pareados, hay una playa que se llama Tsamadú, y el alegre 'mosjato', un vino dulce, hace olvidar las penas. Puro Mediterráneo.

Al acercarse a la isla de Samos, en el horizonte se yergue un impresionante monte, el Kerkis (1.570 metros). A partir de ese momento comienza una verdadera fiesta para la vista: frondosos bosques salpicados de pueblecitos, en lo alto de las montañas, al pie de ellas, pespunteando las costas... Al viajero se le despiertan los sentidos: contempla el azul y blanco de las casas; le llega a los pulmones la brisa del Egeo; tiene la sensación de haber oído, como Odiseo, a las sirenas, y siente la salmuera del mar en la piel. Los iniciados en la alucinación tocan el cielo con el dedo. Y uno siente la emoción de ser un elegido de los dioses.

Samos, con sus 474 kilómetros cuadrados, es una de las siete islas griegas de mayor extensión. Tiene 45 kilómetros de norte a sur, y 20 de este a oeste. Cuenta con grandes playas, como la de Potami (en el norte) y la de Psilí Ammos (en el sur). Un detalle a tener muy en cuenta es que casi la totalidad de las playas del norte de la isla son de guijarros, mientras que las del sur son playas de arena. Sin embargo, la playa más extensa del norte, la mencionada playa de Potami, es de arena.

La isla de Samos, patria de los matemáticos Pitágoras y Aristarco, y del filósofo materialista Epicuro, fue una de las polis griegas más importantes en el siglo V antes de Cristo. En 1089 cayó en manos de los turcos y posteriormente fue ocupada por los venecianos, hasta acabar de nuevo en manos turcas. Hasta el 11 de noviembre de 1912, Samos no pasó a formar parte del Estado griego.

De Vací a Karlóvasi

Partiendo de Vací, la capital, la primera excursión que se le ofrece al viajero le lleva a Karlóvasi, la segunda gran ciudad de la isla. En Vací, entre las obras del Museo Arqueológico destaca una admirable estatua arcaica, una figura masculina de cinco metros de altura, conocida como el Kouros de Lefkíu. A la salida del museo esperan una visita la iglesia de San Nicolás y la de San Espiridón, para encender una vela a estos santos que iluminan al viajero en su periplo. No se debe abandonar Vací sin hacer una parada en el Museo del Vino. Y es que el vino de Samos es excepcional: el más preciado, el mosjato, un vino dulce que alegra el paladar.

Esta primera excursión, Vací-Karlóvasi, transcurre a lo largo de la costa norte. El primer pueblo que sale al paso es Kokkari, uno de los más bellos de la isla. Kokkari tiene playa, pero el viajero que no sea impaciente debería continuar hasta la de Tsamadú, un paraje al que se accede entre pinos y en el que encontraremos unas aguas garcilasianamente cristalinas. A continuación de ese baño, que podría finalizar a la hora de la comida, no hay mejor propuesta que adentrarse en la montaña, y a cinco kilómetros accedemos a un pueblo escondido en las montañas: Vurliotes. En la plaza podrá degustar la mejor comida casera y se sentirá como en casa. Siguen las visitas a tres pueblos: el muy frecuentado Ayios Konstantinos, el encantador Manolates y, por último, antes de llegar a Karlóvasi, Idrusa, en cuyo café puede ocurrir que uno de los paisanos agasaje con música local a los visitantes.

En Karlóvasi se encuentra la casa de uno de los poetas griegos contemporáneos que han dado mayor gloria a Grecia: Yanis Ritsos. En esta ciudad, el poeta, nacido en Monemvasiá, en el sureste del Peloponeso, escribió gran parte de su obra, y el municipio ha erigido en su memoria un sillón de piedra en la playa, allí, en el rincón predilecto del autor del espléndido libro de poemas Epitafio. En este sillón puede evocarse un verso de Yanis Ritsos: "La noche cae en el alba y oculta mi sendero".

Potami es la playa más conocida de Karlóvasi y no defraudará al visitante. En este lugar podemos iniciar una idílica excursión, adentrándonos en las montañas. Samos es una isla con vegetación salvaje. El viajero no se arrepentirá de realizar la escalada, en la que por otra parte no dejará la piel, dado que la ascensión está perfectamente habilitada, en tan sólo 20 minutos. Al llegar a la cima agradecerá toparse con una taberna en pleno corazón de la montaña. Contemplará desde allí el mar, a vista de pájaro. Los dueños de Dúkisa, el nombre de la taberna de madera, le ofrecerán el mejor vino de Samos, de cultivo propio, y comida exquisita. Y en ese lugar se puede continuar la excursión hacia las cataratas, atravesando el río y recorriendo luego el camino en un trayecto que dura varias horas. Las cataratas y la vegetación del entorno dejarán una huella en la memoria.

El monte Kerkis

La segunda excursión que merece la pena realizar es a la parte oeste de la isla, recorriendo las laderas del monte Kerkis. De Karlóvasi a Drakéi, la carretera se adentra en la zona montañosa más verde y atractiva de la isla. El primer pueblo que le sale al paso al viajero es Ayii Zeodori. Conviene hacer una parada en los miradores, desde los que se contempla el cabo de Punda y el de Manolaki. Al final del camino llegamos a Drakéi, un pueblo de montaña. Ahí termina la carretera. En el café, el viajero creerá que ha sufrido una alucinación al ver que, contra las costumbres de la geografía griega, está tomado por las mujeres del pueblo, que son las que se sientan en él. En ese café no hay hombres.

Pitagorio y Hereon

La tercera excursión recomendable es: Vací-Pitagorio-Hereon. Pitagorio es el pueblo de Pitágoras, en cuya memoria se ha erigido una estatua de bronce, del escultor Nikolaos Ikaris. Allí los turistas se sacan fotografías emulando la postura del matemático, con el dedo en alto. Hoy día es el destino más reputado de la isla: en él se concentran los viajeros de mayor solvencia económica y en su puerto se pueden contemplar espléndidos yates. En Pitagorio es obligada la visita a la iglesia de la Transfiguración del Salvador, cuya fiesta se celebra el 6 de agosto. Esa fecha reúne a muchos vecinos de la isla. El pope Manolis, que regenta esta iglesia, es un cretense que da la bienvenida a los turistas recitando pareados tradicionales de su isla natal. Y desde Pitagorio, siguiendo nuestro camino, llegamos al pueblo de Hereon, el mayor emplazamiento arqueológico de la isla, el lugar en el que nació la diosa Hera. Por último, una de las atracciones para los isleños es tomar un barquito para pasar a la isla de Samiopula, en la que hay tabernas que sirven un pescado realmente exquisito.

Mucho más, difícil de expresar, ofrece esta isla, pero recordando a Pitágoras habrá que decir: "No digas pocas cosas en muchas palabras, sino di muchas cosas en pocas palabras". Cerremos, pues, esta presentación aquí, con el laconismo de la geometría y con la viva recomendación de viajar a esta isla maravillosa.

- Alicia Villar es profesora de Literatura Neohelénica en el Master de Estudios Neohelénicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir- Samos cuenta con aeropuerto y está conectada por barco con Atenas, además de con algunas islas vecinas (Ícaria, Paros, Siros, Fornous). - Grecotour (914 45 52 57 y 902 23 32 32; www.grecotour.com) es una agencia especializada en viajes a Grecia.Información- Turismo de Grecia en España(915 48 48 90; www.gnto.gr).- Oficina de turismo de Samos(00 30 22 7302 8582).

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