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sábado, 20 de enero de 2007
Crítica:

Mística y realidad femenina

  • Edición de M. J. Guerra y A. Hardisson

Diez mujeres, expertas filósofas, dedicadas profesionalmente a la filosofía en el ámbito académico, escriben sobre diez mujeres excepcionales del siglo XX (en un segundo tomo se doblará el asunto). Sus estudios son la elaboración de conferencias que dieron en el Ateneo de La Laguna, institución con una trayectoria cultural interesantísima en estos últimos años que han abocado en el de su centenario. El hecho de que las autoras se inserten en mayor o menor grado dentro de la comunidad filosófica feminista, y de que en la mayoría de los diez capítulos, no todos, la cuestión feminista sea el objeto primordial de indagación en torno a una pensadora (sea porque el objeto de su pensar haya sido fundamentalmente ése, o porque, aunque no lo haya sido, se la intente confrontar con él), añade interés al libro.

20 PENSADORAS DEL SIGLO XX. TOMO I

Edición de M. J. Guerra y A. Hardisson

Ediciones Nobel. Oviedo, 2006

200 páginas. 14 euros

La militancia feminista apenas se deja notar a ráfagas escolásticas en algún capítulo. Prima una profunda convicción en ese sentido, que mentes serenas quieren y consiguen desplegar, comunicar, objetivamente, con un pathos añadido que eleva el texto por encima de la exangüinidad académica. El lector que quiera introducirse en la figura y pensamiento de estas diez pensadoras puede estar seguro de que no va a perder el tiempo con este libro, porque, tras la fácil lectura de sus doscientas páginas escasas, acabará con una idea clara y distinta de cada una de esas mujeres y del derrotero histórico que en el siglo XX les tocó vivir a ellas y, con ellas y por ellas, a una de las grandes cuestiones mucho más que teóricas de nuestro tiempo.

Un abanico espléndido. Lou Salomé, mujer fatal, promiscua, hombreriega, una gran "pensadora oral". La tremenda Emma Goldmann, la Roja, anarquista, para quien el amor libre y el control de natalidad liberaban más a la mujer que otras pamplinas como el sufragio: tan inútil en mujeres como en hombres, porque lo único que hace es reforzar siempre la omnipotencia de los mismos. Rosa Luxemburgo, la mártir comunista, que parece que siempre tuvo en la cabeza la liberación de un universal proletario más que la de la particularidad femenina, que dejaba en manos de la imperiosidad del fatum revolucionario. Alexandra Kollontai, por el contrario, se enfrentó al aparato del partido comunista ruso, al que pertenecía, porque pensaba que la liberación femenina contribuiría al triunfo de la revolución, del que no era sólo una secuela necesaria; proporcionó a la desinhibición sexual una dimensión política, aunque su erotismo emancipatorio fuera cercenado por las medidas familiar-conservadoras de Stalin. Elvira López, en otra onda, parte de una constatación sorprendente: el universal kantiano no se aplica a las mujeres; una exclusión tan ilegítima como absurda, desde luego.

El morbo retórico-feminista de Virginia Woolf: entre androginia conceptual y práctica bisexual, la mujer ha de vivir en la ambigüedad e indeterminación (de un tercer sexo intermedio) a fin de poder existir como entidad propia. Las grandes -quizá las más grandes- pensadoras Hannah Arendt y María Zambrano, para quienes parece que el feminismo no fue tema. Simone de Beauvoir, la autora del más importante ensayo feminista del siglo XX, El segundo sexo (1949), que se plegó, sin embargo, al sistema masculino de exclusión de las mujeres del saber, y a quien habría que reivindicar a pesar suyo en este sentido. El feminismo no airado de Betty Friedan, la feminista quizá más famosa e influyente, que no gusta, sin embargo, a todas, debido a su supuesto camaleonismo estratégico, a su pretendida debilidad teórica, inherente al loable empeño de acercarse también a las amas de casa; debido, sobre todo, a que su inclusión de los hombres en la prisión de la mística femenina resta toda importancia al tema del patriarcado y sus privilegios, sin el que no sería posible entender nada.

¿Hay mucho que entender, o que pensar, todavía en las sociedades libres para que la mujer se libere? (Emma la Roja hablaba de la emancipación de la emancipación). ¿Hay que ser feminista para ser pensadora? ¿Hay que ser todavía feminista para ser una mujer liberada? (Este libro supone una aventura de consciencia muy interesante).

Diez profesoras escriben sobre intelectuales que marcaron la historia del siglo XX desde el punto de vista de las mujeres, como Rosa Luxemburgo, Emma Goldmann, Alexandra Kollontai, Virginia Woolf, Hannah Arendt, María Zambrano o Simone de Beauvoir.

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