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domingo, 10 de diciembre de 2006

El peligro del atracón

Comer compulsivamente, a escondidas o de noche, puede ser una de las causas de la obesidad. La voracidad para aplacar la ansiedad que a veces se oculta por vergüenza puede desembocar en un patrón alimentario caótico y crónico

Aunque es evidente que la obesidad se desarrolla cuando la ingesta de energía supera al gasto, a menudo, la causa son problemas psicológicos. Alrededor del 20%-40% de las personas que acuden a una consulta para adelgazar refieren que comen de forma compulsiva cuando tienen ansiedad, se aburren, se sienten solas o están deprimidas. Hoy es evidente que para tratar a una persona con obesidad no basta con ponerle una dieta, sino que hay que descubrir cuáles son las razones de la ingesta excesiva. Es decir, no es suficiente con saber lo que se come, sino también por qué se come en exceso.

Hay personas obesas que comen de forma compulsiva. Las compulsiones se caracterizan por el consumo de gran cantidad de alimentos en un corto periodo de tiempo, que se asocia a sensación de pérdida de control sobre la ingesta, comiendo rápidamente, sin hambre, y a escondidas para ocultar la voracidad. Una forma de aplacar la ansiedad, disminuir la angustia y olvidar los problemas. La comida es como un tranquilizante, un ansiolítico de corta duración. A los pocos minutos, la sensación de tranquilidad desaparece y es sustituida por la culpabilidad y frustración, que generan una baja autoestima. Estas personas se avergüenzan de su conducta y tienden a esconder el problema, ocultándoselo a los familiares y a su médico. Se llama el trastorno por atracón.

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Si bien este síndrome se parece a la bulimia nerviosa en el comer compulsivo, no se producen conductas compensatorias o de purga, como autoprovocación del vómito, ayuno o dietas muy restrictivas, ejercicio intenso, ingesta de diuréticos o laxantes. Por tanto, con los atracones de repetición se favorece la obesidad. Todos podemos tener algún episodio esporádico, no hay nada anormal en ello. Para diagnosticar este síndrome, que es más frecuente entre las mujeres, las comilonas se deben producir con una frecuencia mínima de dos días a la semana. Existe una relación entre el desarrollo del trastorno por atracón y la realización previa de dietas para adelgazar excesivamente restrictivas. El problema es que, una vez que la persona comienza con este patrón alimentario caótico, de restricciones y compulsiones, éste tiende a cronificarse. Y como consecuencia de este síndrome se produce un deterioro progresivo de la calidad de vida.

Actualmente existen tratamientos eficaces para este síndrome que combinan los aspectos nutricionales, fármacos y tratamientos psicológicos. Por tanto, es importante que las personas que lo padecen tomen conciencia de lo que les sucede, de su posible cronificación y sus consecuencias, para que busquen ayuda médica y psicológica y rompan el círculo vicioso compulsiones-obesidad.

Existe también el síndrome de atracones nocturnos: insomnio y episodios compulsivos durante la noche, junto con anorexia matinal. Se reconoce clínicamente porque los pacientes refieren que se levantan al menos una vez cada noche a comer. Es una patología relativamente frecuente, ya que se estima que afecta al 1,5%-2% de la población general. Sin embargo, este porcentaje es mucho más elevado, del 20% al 30%, entre los pacientes que acuden a una consulta de obesidad, ya que las comilonas nocturnas también favorecen la ganancia de peso. Son también frecuentes las alteraciones del estado de ánimo, con ansiedad, depresión… Síntomas que se exacerban con el estrés. Se han demostrado alteraciones hormonales y neuroendocrinológicas, con alteraciones en el patrón de síntesis diurno y nocturno de ciertas hormonas como melatonina, leptina, ghrelina y cortisol. Es posible un tratamiento con fármacos, psicoterapia y terapia de comportamiento para el aprendizaje de pautas de alimentación.

Si usted tiene un problema de peso y es de los que se alimentan compulsivamente o de los que se levantan por la noche a comer, debería preguntarse si estos comportamientos están contribuyendo a su problema de obesidad. Sea sincero, y si la respuesta es positiva, consúltelo con su médico. Su problema no es una rareza.

Pilar Riobó es jefa asociada de endocrinología y nutrición en la Fundación Jiménez Díaz.

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