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sábado, 18 de noviembre de 2006
Crítica:

Un país donde todos huyen

  • Yuri Andrujovich
Yuri Andrujovich describe en este libro la transición social y política en Ucrania, donde las nuevas generaciones sólo sueñan con emigrar a Occidente en busca de un futuro.

¿Qué sabemos, en realidad, de los países del Este, aquellos a los que hace menos de veinte años se les conocía aún como los países del otro lado del telón de acero? El libro -impresionante, bellísimo y tremendamente cercano- de Yuri Andrujovich va a ayudarnos a saber mucho. La verdad es que, en estos momentos, la mejor literatura europea está viniendo de los países que se encuentran pegados a la línea que separa el Este del Oeste por una sencilla razón: son países con un conflicto grave de personalidad, de definición, de autodescubrimiento. Es decir: con un verdadero conflicto dramático, que emergen de la insoportable presión soviética para tratar de encontrar no ya su independencia y libertad, sino incluso su idea de libertad e independencia; países que durante decenios han alimentado el fantasma de la prosperidad y la libertad occidentales, gentes que, ante la apertura de fronteras, son potencialmente emigrantes que salen de la carestía y de la opción entre ser (cito al autor) homo sovieticus u homo antisovieticus para acabar por convertirse, como él se teme, en gente Woolworth.

EL ÚLTIMO TERRITORIO

Yuri Andrujovich

Traducción de Iury Lech

Acantilado. Barcelona, 2006

216 páginas. 16 euros

Este libro es, en realidad, un conjunto de artículos y mucho más. Por de pronto, son textos que se mueven por asociaciones que parecen llevar al autor de un asunto a otro; sin embargo, el lector se percata enseguida de que esta construcción es de corte narrativo y que el sentido que guía cada texto se impone sobre su aparente arbitrariedad; lo que queda es una sucesión de imágenes cargadas de pensamiento -y un punto de humor siempre, y una escritura descarada- que predominan sobre lo que entenderíamos por puro y severo ensayismo o mero articulismo.

Ucrania es un país indepen

diente desde hace poco más de diez años que pertenece a un espacio geográfico cargado de historia. Polacos, turcos y rusos han sido para él una permanente fuente de conflicto. En este "devastador corredor entre Europa Occidental y Oriental", Andrujovich mira hacia lo que fue el Imperio austrohúngaro como la única referencia de europeísmo y estabilidad para Ucrania; pero el imperio cayó y con él la vieja Europa y en el sentir ucranio subyace el "culto en torno al mito de entreguerras, que de vez en cuando nos permite decir en voz alta: 'aquí fue violada Europa". Esa actitud de vivir permanentemente escindido entre lo europeo y lo eslavo se resuelve ahora no tanto en un pertenecer como en una huida porque Europa es la expresión de tal deseo; el autor contempla consternado una sociedad producto de la bota soviética de donde todo el mundo, una vez liberado, quiere escapar, pero de donde sólo escapan los más listos activos o audaces, y en la que permanece sobre todo una masa descolocada y donde todo tiene aún un tinte penosamente lumpen-soviético y es, además de feo, viejo. Sin embargo, él permanece y se pregunta por qué. Y aquí llegamos al meollo del asunto: ¿qué hago yo aquí -viene a preguntarse el escritor- donde la gente emigra con la conciencia de "el último que salga que apague la luz"?

La independencia parece convertirse, paradójicamente, no en un acto de afirmación sino en una puerta de escape. Y contra ello habla Andrujovich: "Se puede proyectar hacia el pasado la imagen del enemigo y durante mucho tiempo complacerse con albergar esperanzas. Pero ¿qué hacemos con el futuro? En este punto, yo me inclino por renunciar al patetismo. Sobre el futuro, ni una sola palabra: queda tan lejos que quizá no lleguemos a verlo. Detengámonos aquí y ahora. Éste es nuestro país, una provincia abandonada, el fin de una época, el fin del mundo y de todo lo demás. Es nuestro territorio. Nadie nos dará otro".

Aquellos a quienes "ha dolido España" no dejará de sonarles esta situación. "¿Cuál es el destino de un escritor", se pregunta Andrujovich por sí mismo, "en un país del que todos huyen?". Quizá tenga sentido traer aquí el grave verso del exiliado Luis Cernuda: "Si yo soy español, lo soy a la manera de los que no pueden ser otra cosa". Pero en su relación de amor-odio, la prosa de Andrujovich se despliega con una fuerza expresiva distinta y apasionante. Una voz que llama y nos habla desde su realidad al otro lado de Europa y que es perfectamente reconocible. Escucharla es ponerse, una vez más, en el lugar del otro, ese ejercicio vital, y la vida que viene a contarnos es dura, pero nos pertenece por vecindad. Su prosa posee una mezcla de visualidad y sensualidad que prende rotundamente en el lector y el tono abierto y generoso con que se expone lo complementa de manera perfecta.

El centro de su reflexión sobre Ucrania -el último territorio- y sobre el mundo es la relación entre lo que une y lo que divide, como la línea de los Cárpatos une y divide Este y Oeste. Esa metáfora se plasma en este libro que, a su vez, se parece a esa imagen en la que habla de la que fue antigua y hermosa ciudad de Lvov como de un arca donde siente que "se nos ha reunido para que se salvara una pareja de cada especie".

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