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Reportaje:FIN DE SEMANA

Un santo para los ateos

Peregrinaje a la casa natal de Miguel Servet, en Villanueva de Sigena

Fue quemado en Ginebra por su heterodoxia, y su pueblo oscense atrae ahora a representantes del Movimiento Unitario Universalista, grupo que acoge a gentes sin credo, gays y otros colectivos.

Si lo pienso, me doy cuenta de que mi vida ha estado vinculada azarosamente con Miguel Servet. Durante años he vivido en Zaragoza en la calle de Miguel Servet; luego tuve una intervención cardiaca (algo muy servetiano, también) en el hospital Miguel Servet; cada día paso, de camino al trabajo, frente a una estatua de Servet; sin proponérmelo, di en Ginebra con el lugar donde fue quemado Servet, y, esta vez sabiéndolo, he estado en la plaza de su pueblo, Villanueva de Sigena, donde fue hecho arder en efigie; un día mi amigo el pintor Alfredo Cabañuz me contó que había nacido en la misma casa que Servet. Pienso en estas cosas ahora que, un poco azarosamente también, me encuentro escribiendo sobre Servet y sobre por qué Villanueva de Sigena se ha convertido en el destino de una especie de Camino de Santiago paralelo y oculto que nos lleva del desierto de los Monegros a la avalancha de bodas homosexuales en Massachusetts.

Miguel Servet nació en 1511 en Villanueva de Sigena, una pequeña población de los Monegros. Su padre era notario, al servicio de las monjas de la orden de San Juan de Jerusalén, que tenían un monasterio junto al pueblo. De hecho, el pueblo tiene su origen en este convento del siglo XI, actualmente en restauración. El palacio en el que nació Servet fue derruido parcialmente en 1970; en la mitad que quedó en pie se ha abierto una casa-museo dedicada a su figura, sede del Instituto de Estudios Sijenenses, que hoy se puede visitar. Servet abandonó Sigena para dedicarse a los estudios, pasó por ciudades como Toulouse y París, y pronto se convirtió en una figura perseguida por el carácter herético de sus escritos. Para muchos, lo más conocido de Servet quizá sea su aportación científica al estudio de la circulación de la sangre, pero Servet era también un humanista pionero en defender cosas que hoy consideramos fundamentales, como es la libertad de conciencia. Se opuso al bautismo infantil y contribuyó a sentar las bases para distinguir entre delito civil y delito religioso. Condenado por la Iglesia católica, fue también mandado apresar por Calvino. Servet ardió junto a sus libros en Ginebra. También, como he dicho, se le hizo arder en efigie en su villa natal, en la plaza que queda frente a la iglesia, y donde hoy se puede ver una estatua de homenaje dedicada a su figura.

Si uno entra en la casa natal de Servet verá en la pared una placa, fechada en 2005, de los unitarios universalistas de España. Los unitarios y los universalistas son dos corrientes religiosas que se fusionaron en los años sesenta. Son corrientes religiosas en un sentido muy particular, pues carecen de un credo específico y no es raro que entre sus miembros haya ateos. En sus filas hay personas originarias de múltiples religiones, a las que han despojado de toda iconografía, fe en los milagros, dogma o mediación jerarquizada en el trato con la divinidad. Los unitarios universalistas tienen a Miguel Servet como "pionero y primer mártir", según se lee en la placa de Sigena y según se le considera oficialmente. En España, este grupo religioso no es muy conocido, aunque cuenta con varias sedes; en Estados Unidos, sin embargo, cuenta con cerca de 700.000 miembros. En Brooklyn, por ejemplo, uno puede dar con un templo en cuyos vitrales se reconoce la figura de Servet. De un modo discreto, van llegando a Villanueva de Sigena seguidores de esta corriente espiritual, pioneros en cuestiones como la ordenación de las primeras mujeres sacerdotisas, el matrimonio entre homosexuales, además de derechos civiles históricos como el fin de la esclavitud. De ahí que al principio me refiriese a Sigena como una especie de camino jacobeo secreto y, en no pocos sentidos, más interesante que el original.

Aunque sea para ellos una cuestión lateral, el episodio que más fama ha dado al unitarismo entre nosotros ha venido siendo la boda entre las lesbianas Hillary y Julie Goodridge, oficiada por el reverendo Willian G. Sinkford en una sede unitaria de Boston. Estas dos mujeres encabezaron una demanda legal por discriminación matrimonial entre ciudadanos del mismo sexo que acabó con una sentencia a su favor por la que pudieron casarse el 17 de mayo de 2004. Ese mismo día comenzaron a llegar homosexuales de otros Estados para celebrar sus bodas, hasta superar los 8.000 casamientos. Muchas de estas ceremonias se llevaban a cabo en templos de unitarios universalistas. Hillary y Julie volvieron a ser noticia este verano por haberse separado en el mes de julio.

Tierra de visionarios

Las planicies de los Monegros son como un borrador o un papel en blanco al que a lo largo de los siglos han acudido místicos, regeneracionistas y toda clase de visionarios. Se encuentran ruinas de monasterios de diversas órdenes, como la cartuja de las Fuentes; en el monte San Caprasio hay cuevas tradicionalmente vinculadas a la bandolería, con el mítico bandido Cucaracha, y a las que en la actualidad acuden eremitas ocasionales. No faltan experiencias de comunas de inspiración hippy desde los años sesenta, ni una tradición anarquista que durante la Guerra Civil contó con un George Orwell combatiendo en su frente. Éste es precisamente uno de los atractivos en los que se viene trabajando últimamente, la llamada ruta Orwell: puestos de trinchera restaurados donde está documentada la presencia de este escritor, como el de Monte Irazo. El puesto de trinchera de Monte Oscuro es de más difícil acceso, pero cuenta con el aliciente de ver el paisaje arrugado y gris "como la piel de los elefantes", tal y como aparece descrito en su libro Homenaje a Cataluña. Uno de los Cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez, el titulado Sólo vine a hablar por teléfono, transcurre en los Monegros: una mujer tiene una avería en su coche, entra en un hospital psiquiátrico para pedir ayuda y es tomada por una interna...

Las guías ofrecen diversas rutas monegrinas: la mudéjar, con sus torres arabizantes de ladrillo; la de las saladas, con su impresionante variedad de aves; la de los torrollones, que es como se llama a los farallones de roca erosionada, o la jacobea tradicional, que también pasa por Sigena. Valga hoy esta de Servet.

Ismael Grasa (Huesca, 1968) es autor de La Tercera Guerra Mundial (Anagrama).

GUÍA PRÁCTICA

Visitas- Casa-museo Miguel Servet. Abierta al público todos los sábados, domingos y festivos, de 12.00 a 14.00 y de 16.30 a 18.30. Se pueden también concertar citas entre semana en el Ayuntamiento de Villanueva de Sigena (974 57 81 37).- Monasterio de Sigena (974 57 81 58). Del siglo XII, su interior fue incendiado durante la Guerra Civil española. Consultar visitas.Comer- La Bodega (974 57 81 87). Plaza de la Iglesia. Villanueva de Sigena. Unos 25 euros (menú, 10 euros).Dormir- Casa Helvética (974 57 82 79). Diputación, 13. Villanueva de Sigena. Apartamentos para cuatro o cinco personas, 50 euros.- Hotel Sariñena (974 57 04 53).Plaza de la Constitución, 6. Sariñena. La habitación doble, 45 euros.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006

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