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Reportaje:La emigración en la UE

Europa del Este se queda sin mano de obra

Personas y empresas se mueven en dirección opuesta. Los ciudadanos del Este llevan 15 años abandonando sus países en busca de una vida mejor en la vieja Europa, mientras que los empresarios de la UE deslocalizan sus producciones en los países ex comunistas donde los trabajadores cobran un salario hasta cuatro veces menor. Los datos que maneja la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) muestran que desde 1998 el número de trabajadores del Este residentes en la UE no ha dejado de crecer. Las estimaciones de la OIM indican que la emigración Este-Oeste tras la caída del telón de acero se duplicó respecto a las tres décadas anteriores. Una media de 850.000 trabajadores y refugiados emigró cada año. En 2004 ingresaron 10 nuevos socios del Este en la UE y los antiguos miembros impusieron restricciones a los nuevos trabajadores comunitarios. Sólo tres países, Reino Unido, Suecia e Irlanda, abrieron de par en par sus fronteras. Sólo en el primero se incorporaron desde 2004 al mercado laboral unos 600.000 trabajadores del Este, en su mayoría polacos, y no sólo fontaneros; médicos y albañiles del Este han contribuido a atenuar los problemas del envejecimiento de los británicos y del resto de Europa y han tenido un impacto positivo en las economías de los países de acogida, según un informe de febrero del Ejecutivo comunitario. El problema se plantea en los países de origen, donde los inmigrantes han dejado sus pueblos desiertos, las fábricas sin mano de obra y miles de familias partidas justo cuando llueven fondos europeos para construir carreteras, presas y otras infraestructuras que requieren cantidades ingentes de mano de obra para ejecutarlas. En Letonia, el país más pequeño y pobre de la UE, 50.000 de sus 2,3 millones de ciudadanos han abandonado el país rumbo al Reino Unido e Irlanda sobre todo. Hay regiones letonas como la de Latgale, donde falta un eslabón generacional, el de los adultos en edad de trabajar. En Polonia y los países bálticos no hay brazos, sobre todo en la construcción, la sanidad y la agricultura. En Rumania, que ingresará en la UE en enero, se calcula que dos millones de rumanos -el 20% de la fuerza laboral- se han ido a vivir fuera y los empresarios han empezado a contratar chinos para cubrir los puestos de los que trabajan en Coslada o Castellón. Y la República Checa ha puesto en marcha un programa para reclutar a trabajadores de Croacia, Kazajistán o Ucrania. Esto es la globalización, y no siempre funciona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006