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domingo, 5 de noviembre de 2006
Reportaje:

Los lectores del Capitán Tximista

Cinco escritores vascos repasan su relación con la literatura de Pío Baroja al cumplirse el cincuentenario de su muerte

"La literatura de Pío Baroja ha dejado un herencia de buenos lectores, masas de lectores que se han acercado a su prosa engañosamente fácil, más que buenos escritores", asegura Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923), último Premio Nacional de Narrativa. Junto a Pinilla, los escritores Fernando Marías (Bilbao, 1958), José Fernández de la Sota (Bilbao, 1960), Pedro Ugarte (Bilbao, 1963) y Anjel Lertxundi (Orio, 1948) rememoran su interés por la literatura de Baroja al conmemorar el 50º aniversario de su muerte, que se cumplió el pasado 30 de octubre. A los cinco las novelas de Baroja les abrieron en la adolescencia el camino de la literatura y han disfrutado después con la autobiografia Desde la última vuelta del camino.

La búsqueda de las

cosas sencillas

Pinilla admira a Baroja por su minuciosidad, su búsqueda de las cosas sencillas y el uso de un estilo que "transmite una engañosa facilidad", que se acerca a "un lenguaje invisible", que no perturba al trasmitir la narración al lector. Vuelve una y otra vez a sus novelas, pero nunca le ha interesado seguir su estilo. "Le admiro, pero yo siempre he ido por otro lado", explica.

"Los imitadores de Baroja saltan el gran esfuerzo de conseguir la sencillez y van directamente a copiar el resultado. No es auténtico. La prosa de Baroja salía así de sus entrañas", señala. Pinilla lee ahora el tercer volumen de las memorias de Baroja, Desde la última vuelta del camino. "Escribe lo justo, es mordaz sin llegar a la violencia, sus comentarios no hieren, excepto a la Iglesia católica", añade. "Parece que no escribe, sino que está soñando". Pinilla defiende que las obras de Baroja, "como toda la buena literatura" nunca pierde vigencia. "Quien quiera conocer tipos del País Vasco, que lea a Baroja. Con su enfoque sombrío de la vida, su amargura, falta de pasión, su honestidad y sus criticas podrá aprender mucho".

Misericordia por

sus personajes

Al releer en los últimos meses las novelas de la trilogía La lucha por la vida, Fernando Marías ha disfrutado mucho más que cuando lo hizo por vez primera hace casi 30 años. Ha descubierto ahora "los aspectos más dramáticos" de sus historia y "la misericordia por su personajes". Marías comenzó a leer a Baroja con esta trilogía (La busca, Mala hierba, y Aurora roja). "Aquellas novelas parecían escritas para mí. Las leí en el momento de mi vida que me había trasladado a Madrid y viví en paralelo los descubrimientos de los personajes", cuenta. "Su estilo es de una efectividad extrordinaria".

Marías defiende que la autobiografía de Baroja es como una novela, contada de forma fría y aséptica, en la que un hombre oscuro, cerrado y enigmático no habla de sus sentimientos. "Sólo pensaba en observar el mundo y contarlo". Sentado frente a los 16 tomos de las obras completas del autor guipuzcoano sentencia: "Fue un novelista genial". Al releerle hoy propone hacer el esfuerzo de redescubir su modernidad: "Parece recién escrito".

Un gran memorialista

Las novelas de Baroja permanecen en la memoria de José Fernández de la Sota junto a los recuerdos de la adolescencia. "Me quedó con la imagen de Baroja que soy yo mismo leyendo sus novelas y descubriendo la ficción. Fueron títulos que me marcaron". De los cuentos de Vidas sombrías, pasó a las novelas y de ahí, a las memorias. "Hoy no releería las novelas. En cambio, lo hago muy a gusto con su autobiografía, un texto apasionante". Fernández de la Sota considera que Baroja fue, sobre todo, un gran memorialista, que, sin embargo, siguió escribiendo novelas. "No me consideró barojiano", puntualiza. "Es un club en el que exite una relación amor-odio".

Iniciación a la lectura

Pedro Ugarte reconoce su relación entrañable con la literatura barojiana. "Mi generación aprendió a leer novelas con él. Sólo por eso, su literatura ya es valiosa". Cree que en Baroja está la esencia de un gran novelista: "A pocos escritores les cuadra mejor esa palabra".

Ugarte considera que fue una suerte para la literatura que para describir un momento concreto de la historia existiese un escritor como Baroja. Al principio le interesó de él su capacidad de plantear historias de marinos, conspiradores y guerras carlistas. Aún recuerda lo que disfrutó con las peripecias de Shanti Andía. Sus ensayos, en cambio, le parecen más confusos. Y con el paso de los años ha preferido leer las memorias Desde la última vuelta del camino. Ugarte entiende que las críticas que ha recibido Baroja resultan injustas. "Lo importante es lo que escribió, no su personalidad", defiende.

Una mirada distinta del paisaje y los personajes

La estrella del Capitán Tximista fue la primera novela de Baroja que cayó en las manos de un Anjel Lertxundi adolescente. "Devoré sus novelas, primero las de temática vasca y luego todo lo demas", recuerda. A diferencia de otros lectores que abandonaron, Lertxundi ha segudio leyendo a Baroja "para disfrutar de un gran narrador y para escribir sobre él".

Ahora le interesa sobre todo porque encontró en él a uno de esos escritiores que "ayudan a identificar un paisaje y hacerlo tuyo". "El paisaje vasco es distinto antes y después de Baroja", subraya Lertxundi. "Es una mirada diferente al paisaje y a los personajes vascos".

En opinión de Lertxundi, la altura de las narraciones del escritor guipuzcoano no ha tenido en Europa la repercusión que merecieron. "Su modo de contar es moderno y ha resistido bien el paso de los años. Aguanta igual hoy que hace 60 años. Sus novelas tienen un ritmo narrativo que no da al lector un momento de descanso. Es visual, cinematográfico; la gran humanidad y el análisis psicológico de los personajes están basados en hechos".

Lertxundi destaca la forma en que Baroja abordó la cuestión lingüística, "como un elemento más de definición de los personajes, planteando con gran intuición y viveza los problemas de comunicación que causan el uso de una u otra lengua".

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