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Editorial:

'Burbuja' en retirada

El precio medio de la vivienda sigue creciendo, pero a una tasa menor. En los últimos 12 meses el precio de la vivienda libre aumentó el 9,8%, según las estadísticas facilitadas por el Ministerio de la Vivienda para el tercer trimestre. Es decir, la burbuja inmobiliaria española parece que está retrocediendo precisamente en las condiciones de desaceleración controlada que propuso el Gobierno al inicio de la legislatura.

A pesar de la controversia sobre las fuentes estadísticas diversas, no todas de igual calidad, la pérdida de pulso de los precios es coherente con la percepción que transmiten otros indicadores, como el plazo de venta de los pisos, que según algunas agencias inmobiliarias ha pasado de una media de tres meses a otra que puede superar los seis meses; o el conocido desplazamiento de las inversiones de las empresas constructoras hacia el mercado energético. No se trata solamente de que la tasa agregada de los precios se esté desacelerando, sino de que en algunas zonas de la geografía española los precios están bajando. Ése es el caso de Soria, Álava, Burgos o Palencia, con descensos de hasta casi el 3%.

Precisamente se trata de modular la evolución de los precios para que no se produzcan descensos en el valor de los pisos, que, al fin y al cabo, son un activo inversor de los ciudadanos del que pende una pesada deuda hipotecaria y préstamos de otra naturaleza. Por lo demás, a pesar de los crecimientos más moderados del coste de la vivienda, resulta que todavía son muchos los segmentos de población que tienen difícil acceso a pisos, en régimen de propiedad o de alquiler. Aunque el número de viviendas protegidas ha aumentado respecto a las construidas con la política de vivienda de los Gobiernos de Aznar, todavía son insuficientes para atender la demanda básica de los niveles de renta que no pueden permitirse una vivienda libre.

El mercado de alquiler tampoco crece al ritmo deseado. La sociedad pública de alquiler no consigue convencer a los propietarios de los pisos para que los pongan en el mercado a precios razonables; sigue pesando el viejo temor de la inseguridad jurídica, que ni siquiera se disuelve con las garantías que ofrece el Ministerio de Vivienda. No basta con enfriar los precios, porque se mantienen en niveles muy elevados después de más de 10 años de boom; es necesario además aplicar políticas para que la propiedad y el alquiler atiendan a todos los niveles de renta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de octubre de 2006