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lunes, 18 de septiembre de 2006
Entrevista:ALEJANDRO VALVERDE | Segundo clasificado | VUELTA 2006

"No he ganado, pero la gente está encantada"

Mirar para atrás no está bien visto en el ciclismo. Es el primer consejo que se da en las escuelas: si vas fugado, no mires atrás. Y mirar para atrás le sentó fatal a Horrillo en la llegada de La Castellana. Pero hablar con Valverde el último día de la Vuelta que pudo haber ganado es un ejercicio necesario para saber dónde y cómo perdió la ronda española. "Sensación agridulce no tengo ahora. Un día así fue después de perder el maillot, pero después me hice a la idea: soy deportivo y veo que Vinokúrov ha terminado muy fuerte, muy fuerte. ¿Que yo pude tener un poco de fallo en la etapa de Granada? A lo mejor, pero él ha demostrado que estaba muy fuerte", dice.

Pregunta. ¿Cuál fue el error en esa etapa?

"¿Presión? Lo que pasa es que ya llevo tiempo así, con todos encima de mí, y estoy acostumbrado. Ven que no me rindo, que salí a por todas"

"Vinokúrov, que me saca siete Vueltas, es, sobre todo, un corredor que siempre te ataca cuando no te lo esperas. Ha estado fuerte, muy fuerte"

Respuesta. De primeras, mala suerte en el equipo: teníamos dos en la fuga y luego, en ese momento, Vladimir rompió la bici y a Horrach se le bajó el sillín. Tuvimos que parar a los dos que teníamos en la fuga para que ayudaran atrás y nos quedamos sin nadie delante. Y luego, quizá, llevar un plato grande de sólo 52 dientes [10,5 metros por pedalada]

...

P. Y Vinokúrov llevaba el 54...

R. Sí, ya lo sabía. Me fijé en que él cambió de bici cuando yo paré a mear, en la autovía, cuando nos acercábamos al último puerto, a 15 o 20 kilómetros, pero no sabía por qué era. Llamaron y dijeron que daba el aire de culo...

P. ¿Y no os olíais la tostada?

R. No, para nada... Y entonces, entre el esfuerzo que hice en el último repecho para quedarme cerca de ellos y que, cuando estaba llegando en el descenso, me vio, arrancó y me quedé a 50 metros. Estuve un poco indeciso entonces. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Y, además, y se juntó todo, no me funcionaba el pinganillo y no sabía dónde venían mis compañeros Vladimir y Zandio. Al final, entre que Vinokúrov pesa más que yo, el 54, que venía de hacer un gran esfuerzo y mis dudas, pues hasta luego.

P. Cuando veía que en algunos tramos no podía ni dar pedales y que el kazajo se iba, ¿qué pensaba?

R. Que lo perdía todo. Se me fue un poco la moral, pero sin olvidar que él ha terminado la Vuelta muy fuerte.

P. También echando la vista atrás, y viendo lo que pasó después, ¿no piensa que quizá debió haber entrado en el sprint del repecho de Lugo, que ganó Vinokúrov y le puso la moral por las nubes, pues llegó al día siguiente del repaso del Morredero?

R. Pues a lo mejor... Vi que salió cuatro o cinco puestos delante de mí e hice el amago, pero luego me volví a sentar. A lo mejor tenía que haber salido.

P. ¿Tenía entonces un poco de miedo a las llegadas en grupo después de su caída en el Tour, lo de la Clásica de San Sebastián y la caída en Urkiola?

R. Es así, es así. Pero durante la Vuelta, según ha ido avanzando, me he ido olvidando, me he ido metiendo en la carrera, he ido mucho mejor en ese aspecto.

P. Terminando con los posibles errores, viendo que iba fácil y que Vinokúrov no le soltaba, ¿se arrepiente de su ataque en Calar Alto?

R. Sí, sí, también. En el último kilómetro, que era muy duro, él probó. Cuando paró, quizá debía haber probado yo. No sé si me habría respondido.

P. ¿Exceso de confianza?

R. Lo tenía a 1m 42s en la general y pensaba que me sobraba tiempo. Fue, en ese sentido, un exceso de confianza.

P. Y se supone que todas estas experiencias, todos estos detalles, ya habrán entrado en su disco duro, que constituirán eso que se llama aprender con vistas al futuro...

R. Exactamente. Lo mejor que me ha dejado esta Vuelta es el saber que durante tres semanas he rendido al ciento por ciento, que no he tenido ningún día malo y que en las cronos el progreso ha sido fenomenal, sean llanas, menos llanas, largas o cortas. He mejorado mucho en ellas, aunque se sufre mucho y no me gustan. Y eso ante el Tour es tremendo. Este año hice en el Tour sólo cuatro días, pero el primero era un buen prólogo y acabé quinto, así que bien...

P. Usted aparece siempre sonriente, pero también se sabe que a veces le baja la moral. Ahora, ¿cómo está?

R. Ahora, bien. Pero aquel día estuvo bajo de verdad.

P. El ser el ídolo del ciclismo español, la gran esperanza en estos momentos tan turbios, ¿no le carga excesivamente de presión?

R. Lo que pasa es que ya llevo tiempo así, con toda la gente encima de mí, y estoy acostumbrado. Yo voy a hacerlo lo mejor posible. Creo que lo doy todo, como he demostrado. Aunque la gente vea que no he ganado, también ve que no me rindo. Si me hubiese rendido, en la contrarreloj del sábado habría salido a hacerlo bien, pero sólo para no perder el segundo puesto, pero salí a por todas.

P. Tras Calar Alto, Bruyneel, el director del Discovery, dijo que lo mejor de esta Vuelta era que la iba a ganar un ídolo, por usted.

R. No he ganado, pero creo que la gente se ha quedado encantada porque ha sido una Vuelta bonita, una Vuelta en la que sólo se ha hablado de ciclismo, que ya estaba bien... Eso es positivo o, mejor, para no usar esa palabra, que ahora suena fea, un balance bueno.

P. ¿Le han ganado sólo por fuerza o también han sido más astutos, hábiles, para clavarle el cuchillo en cuanto le veían dudar?

R. Yo creo que Vinokúrov es, sobre todo, un corredor muy atacador. Siempre te ataca cuando no te lo esperas, como en Granada. No es uno que puedas pensar aquí ataca, aquí guarda. No; es un atacador puro. No se trataba tanto de forzarme a cometer errores, sino de atacar siempre. Y, encima, dos contra uno.

P. Y usted, a la defensiva, nunca había corrido...

R. Sí, sí, claro. Éste era mi primer maillot amarillo en una gran vuelta. Nunca lo había tenido que defender, lo que ha sido otra experiencia nueva. Hay que saber aprender a hacer todo eso. Tengo 26 años, aunque, como ya me llevan tantos oyendo, parezca que tengo 30. Y Vinokúrov tiene 33 recién cumplidos. Me saca siete Vueltas.

P. Veintiséis años y un buen palmarés ya...

R. ¡Jo!, este año esto y las dos clásicas, la Lieja y la Flecha. Y luego, si se repasa, tercero en Romandía, segundo en el País Vasco, sexto en la Dauphiné, quinto en Murcia... Eso es mucha regularidad. Encima, ganando etapas en todas. Siempre estoy delante, siempre.

P. ¿Ha pensado en esta Vuelta que usted o su equipo despiertan antipatía, que llegado el momento nadie les echaba una mano?

R. No, hombre; no. Cada equipo hace sus tácticas y a veces te vienen bien o no, pero no he pensado en motivos ocultos a la hora de ayudar o no.

P. A algunos seguro que les cae bien. Bettini dijo que le había prestado unos guantes de invierno...

R. No, no llegó a dejármelos. Fue en el Calar Alto. Me los ofreció, pero no se los cogí, y eso es señal de que entre grandes campeones hay buen ambiente.

P. El domingo próximo, el Mundial, una prueba en la que ya ha sido dos veces segundo. Antes de comenzar la Vuelta se hablaba de la triple corona: el maillot blanco del ProTour, el amarillo de la Vuelta y el arcoiris del Mundial. ¿El no ganar aquí le ha bajado un poco la moral?

R. Me había bajado un poquito, en efecto, sobre todo ese día, pero después me ha vuelto a subir poco a poco. Y ahora, después de la última contrarreloj creo que ya está bien. Aparte, que se lo decía a los compañeros y a Eusebio [Unzue], el director, que, aunque me hayan ganado, yo a las etapas salía bien, con sensaciones buenas.

P. ¿Se ve campeón del mundo?

R. Es muy difícil, pero imposible no. Dos años segundo y un año sexto... Serán los rivales de la Lieja, pero hay que ver la recuperación que tengo de la Vuelta. En principio, he acabado bien, pero... Descansaré bien y a ver si tengo suerte. Hay que ver también si hace frío, si no... Si hace frío, no pasa nada. Lo malo es que llueva.

P. Y también Vinokúrov será allí el rival... ¿Le habrá comido la moral?

R. Para nada. Y, si me gana, no pasa nada. Aunque sólo sean tres en el equipo, sólo tienen que controlar a Bettini, y ya está. El resto, a rueda. Nuestra selección me gusta, aunque me habría gustado más con Pereiro, Txente o Zandio, pero si no están... De todas maneras, el seleccionador sabe bien.

P. ¿Qué sería para usted ser campeón del mundo?

R. Un sueño.

P. Y el año que viene, ¿qué?

R. Me apetece el Tour, intentarlo bien. Pero todo para el Tour, no. Primero, las clásicas.

Alexander Vinokúrov y Alejandro Valverde se dan la mano durante la etapa de ayer. / REUTERS

Alejandro Valverde. / ASSOCIATED PRESS

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