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Entrevista:Carlos Fuentes | EL MAPA HUMANO DE UN ESCRITOR

"He querido darle voz a la miseria, la violencia y la insatisfacción de la gran mayoría de los mexicanos"

El autor mexicano sigue en la búsqueda de la realidad de su país en su nuevo libro: Todas las familias felices. En esta entrevista, reflexiona sobre el deber que tiene el escritor de contar la vida a través de la literatura. De la importancia de darle un lenguaje a lo no dicho, como la violencia. Además, analiza la encrucijada política que vive México, la situación de la mujer y el valor de la memoria.

Carlos Fuentes hace un alto en sus vacaciones estivales en Mallorca para comentar su última obra, Todas las familias felices. Una narración coral compuesta por dieciséis relatos luminosos, violentos, terribles, en los que asoma la impotencia y la rabia ante la imposibilidad de subvertir el orden establecido. Unas convenciones que condenan a esa masa de desheredados que componen la población mexicana y que no tienen forma de hacer notar su presencia. Desde los crueles asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez a los problemas de integración del México indio y mestizo, el escritor, con una intensidad expresiva más concentrada que nunca, crea su propia Comedia Humana, un fresco de personajes melancólicos, resignados o desesperados a los que el gran autor presta su profunda humanidad.

"No es una colección de historias, sino una radicalización del tiempo presente en el que se contiene el pasado y el porvenir"

"Escribir es una forma de rebelión contra el destino siempre"

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PREGUNTA. El denominador común de estos relatos es la violencia, una violencia extrema en sus diversas formas y expresiones. ¿Qué reflexión quiere provocar en el lector?

RESPUESTA. Creo que el novelista trata de exorcizar los males y acaba profetizándolos. El exorcismo se nos convierte en profecía y eso es lo que ha pasado en México, que toda la violencia latente en el país está ascendiendo al nivel de la población. La frase final, un homenaje a Joseph Conrad: "La violencia, la violencia", es la realidad actual de México, y de nuevo hay que exorcizarla. Lo bueno de la literatura es que no se contenta con reflejar la historia sino que la anticipa y a veces la recuerda. No existe un presente absoluto sino que hay un presente literario en el que el pasado y el futuro tienen realidad. Así quiero que se lea esta novela: no como una colección de historias sino como una radicalización del tiempo presente en el que se contiene el pasado y el porvenir.

P. Describe un México con personajes cercados por una corrupción inevitable. Pastor Pagán, el protagonista de la primera historia, no quería "acusar a todos al excusarse a sí mismo". ¿Es imposible erradicar la corrupción en México?

R. La corrupción no es privativa de México, de ninguna manera, existe en todas partes: en Estados Unidos, en todos los países europeos, en África, en cualquier país que pueda mencionar hay corrupción. El problema es la posibilidad de señalarla y combatirla. En México hay una vieja cultura de la corrupción, los aztecas eran muy corruptos, Moctezuma era un dictador, un monarca autoritario y en la colonia española había una corrupción también muy grande, todo era sobornable. La república independiente y sus instituciones han sido estigmatizadas por la corrupción. La oportunidad que tenemos ahora en México es que quizá la democracia nos ayude a hacerla transparente, a revelarla y a llevarla donde debe ir que es a la justicia y a los tribunales.

P. ¿Son reales, en este momento, esas perspectivas de democratización para su país?

R. Yo tengo esa esperanza. Hay una situación política inesperada en México porque el país, a partir de las elecciones, se radicalizó en dos bandos extremistas. Por un lado la extrema derecha, católica, que viene de la rebelión cristera de los años veinte, con un candidato presidencial, Calderón, que no es de esa facción pero parece secuestrado por ella, y del otro lado el desbordamiento de López Obrador y su propia retórica de extrema izquierda, populista o como se quiera llamar pero que moviliza muchas masas. Y en el centro estamos la mayor parte de los mexicanos buscando soluciones legales e institucionales, de manera que éste es un momento muy conflictivo y muy difícil. Yo espero que gane la razón y la concordia, que finalmente podamos construir una democracia más allá de las veleidades políticas del presidente Fox, de López Obrador y de los actuales actores.

P. Los relatos que componen el libro están narrados desde dentro de la sociedad mexicana. ¿Estas historias de familia le sirven para componer su mapa personal de la condición humana?

R. Se puede imaginar la familia más perfecta y feliz y siempre encontrará una oveja negra, ésa es la sal y pimienta de nuestras familias. Hay familias en las que todos son horrendos, los Borgia eran siniestros, pero también en la normalidad de las familias hay alguien que estropea un poco las cosas. Cuando trato de estas familias simplemente echo una lupa más fuerte sobre esa condición aunque dentro de un supuesto: son familias individuales a las que rodeo de coros colectivos. Todas las historias que voy contando están rodeadas por un coro, que es la voz de los que no tienen voz. He querido dar voz a esa voz colectiva a los que dicen: "También nosotros estamos aquí". Desde la tragedia griega se ha dado resonancia social y colectiva a los dramas particulares y todos los hechos individuales que narro están dominados por el gran coro, como el de Grecia, que es el que advierte: "Hay más que ustedes, también nosotros estamos aquí". Hay una sociedad que a veces tiene voz, pero a veces no la tiene, y México no la ha tenido. He querido darle una voz muy poderosa a esa voz de la miseria, de la violencia, de la insatisfacción y del reclamo constante, de la gran mayoría de los mexicanos.

P. Esos coros que cierran cada relato son una especie de letanías intensamente poéticas. ¿Significa que por fin se decidirá a escribir poesía?

R. No, no. No los vea como poesías sino como canciones de rock. Hay un entierro de un astro del rock and roll donde el propio cura que va a bendecir la ceremonia es sepultado por la masa en el sepulcro con el cantante. El ritmo es más bien un ritmo de música contemporánea. El rock tiene mucho que ver con el coro griego porque es quizá el coro de la sociedad actual, lo que cantan todos los muchachos y es como se identifican colectivamente. Frente a las grandes estrellas, los políticos y los individuos está la gran masa que se manifiesta a través del coro.

P. Hay un coro en el que se menciona explícitamente el tema de Ciudad Juárez y las mujeres asesinadas en la frontera. ¿Es ésta una de sus preocupaciones?

R. Sí, aunque no he hablado demasiado de Ciudad Juárez porque tengo un libro dedicado a la frontera: La frontera de cristal, un libro de cuentos que pasan todos en la frontera entre México y Estados Unidos. Hay uno especialmente dramático de estas mujeres que trabajan en las fábricas, donde una de ellas tiene que dejar a su hijo amarrado a las patas de una mesa y en un momento le avisan que el niño se ha estrangulado. Hay tragedias constantes en esa región y las protagonistas del drama son generalmente mujeres desprotegidas y, en este caso, atacadas por quién sabe quién. En México hay muchos crímenes que se conocen pero que no se resuelven nunca, y uno de ellos es el de las muertas de Ciudad Juárez. ¿Quién las mata? No lo sabemos.

P. La mujer es protagonista en todos estos relatos y su maltrato no se circunscribe a México. Recordemos el caso reciente de Hina, la joven italiana de origen paquistaní asesinada por su padre. ¿Cómo luchar contra el machismo y la crueldad que genera? ¿Hasta cuándo esa impunidad?

R. Cuando hablas de familias tienes que hablar centralmente de la situación de la mujer sobre todo en México y América Latina. Nuestra herencia es: árabe, la mujer al harén; española, la mujer en casa con la pata rota, y azteca, las jóvenes vírgenes, primero las violan y luego las sacrifican en la pirámide. Es una herencia terrible que se ha superado en gran medida, hoy hay una notable apertura hacia las mujeres, pero mencionar el caso de esta joven italiana me da la clave de que se trata de un problema mundial. Yo hablo del caso peculiar y el contexto cultural de México, pero la violencia terrible contra las mujeres existe en todas partes. La mujer es siempre una entidad débil frente a un hombre agresivo, y en México se da con estos atributos culturales que he dicho, pero hay que luchar contra ellos y no hay otro camino que la ley y la vida profesional.

P. ¿Qué le aporta el relato frente a la novela? ¿Como género literario le permite expresarse con más fuerza?

R. Este libro no puede clasificarse desde luego como una novela pero tampoco como un libro de cuentos, están ligados por los coros y lo que hay es una narración coral, yo la llamo así. Son relatos en apariencia individuales pero ligados a una realidad colectiva y están relacionados, a la manera de Balzac, con el regreso de personajes de cuentos anteriores y de cuentos que siguen, y esto crea un universo distinto. He intentado construir una narrativa coral, que se responde y dialoga consigo misma en todos sus segmentos y por ello es diferente del cuento aislado y de la novela, y hay que leerlo como una expresión de la individualidad y de la colectividad.

P. Son narraciones en las que intercala su preocupación por cuestiones existenciales o estéticas, como el concepto de belleza: "¿Puede ser fea una forma habitada por el espíritu?", se pregunta en uno de los cuentos.

R. Detrás de este concepto de la belleza interna está Sócrates. Sócrates era un hombre feo e insistía en que se mirara su alma. Frida Kahlo es otro exponente. Siempre está el concepto apolíneo de la belleza como una forma exterior y el concepto socrático que es la belleza de la percepción de la inteligencia. Yo tiendo a la segunda forma de belleza. En este cuento la prima, una mujer de apariencia desagradable, vuelve loco al primo porque reúne un misterio y una belleza interior extraordinarias.

P. Ésas son páginas de un erotismo muy intenso.

R. Yo espero que sí, que lo sean, porque quise darle a la prima Valentina Soraya todo el erotismo del mundo, lo más que podía yo expresar eróticamente lo metí en ese cuento.

P. Otro relato perturbador es el de la Madre dolorosa que tiene que ver con la difícil integración del indio en el mundo del blanco.

R. Este relato está basado en una historia real que me contó una pintora italiana: su hija estudiaba en San Francisco y se sentó a contemplar el atardecer en la bahía. Al lado se le sentó un negro que le preguntó algo y la chica se aterró. El negro sintió el miedo de la chica blanca y la estranguló. Luego me dijo mi amiga la pintora que mantenía correspondencia con el negro estando éste en la cárcel, porque quería que supiese a quién había matado. Es un cuento que trasladé a la relación racial que hay en México entre el indio y el blanco. Hay personajes de las clases superiores de México y América Latina, muy desagradables. Gente prehistórica que cree que se lo merecen todo y ésa es una actitud espantosa, más en países como México en los que la mitad de la gente vive en la pobreza. Esa arbitrariedad y esa soberbia es lo que engendra grandes explosiones de insatisfacción, de furia y de venganza.

P. Este año ha tenido la desgracia de perder por segunda vez a un hijo, a su hija Natasha. Cuando murió Carlos escribió un texto muy estimulante referido al poder de renovación de la palabra en relación con la muerte. ¿Es capaz ahora de exorcizar el dolor de la muerte de Natasha a través de la palabra?

R. Uno cree eso pero no es cierto. Uno cree que supera el dolor mediante la creación pero es cierto sólo hasta cierto punto, hay un momento en que no hay nada que atenúe ese dolor. Esto es algo que rara vez le pasa a una familia, perder a ambos hijos, y es más duro todavía para Silvia, mi mujer, más duro incluso que para mí. Uno piensa que está haciendo lo que ellos no pueden hacer ya, ése es el estímulo, la espuela, que yo tengo en particular. Pero cuando la verdad es dicha, todo el esfuerzo creativo no suple la ausencia aunque tratas de hacerlo, intentas hacerlo porque no te rindes.

P. ¿Y de dónde saca la energía en situaciones así?

R. De ellos, de ellos. De nada más y nada menos que de ellos. ¿De qué me sirve rebelarme contra el destino? Lo que tengo que hacer es sentarme a escribir, que es una forma de rebelión contra el destino siempre. El destino fluye como el gran río de Heráclito. Todo fluye y ahí vamos, y hay mucha gente que toma la vida así. Yo no dejo nada en ese río de la vida porque vamos a la muerte todos, tranquilos. ¿Verdad? Hay personalidades que tratan de desviar el curso, de someterlo, de aprovecharlo, de desviarlo hacia tu propio jardín y hacer algo con esa agua para que no se vaya a precipitar al mar. Saber canalizar todo eso es una forma de negar sus privilegios a la muerte que tiene tremendos privilegios, todos sabemos que estamos muriendo. La muerte es una cabrona que nunca dice a qué horas va a llegar y no tiene fechas. Yo estoy encasillado emocionalmente entre dos Carlos: mi hijo que era poeta y pintor, un chico de mucho talento, y mi tío Carlos que también murió a los 21 años y dejó una obra poética considerable. De manera que estoy entre las dos personas que me dieron mi nombre, uno antes y otro después, y los tengo muy presentes cuando escribo, estoy en cierto modo ¿qué pretensión, no? supliéndolos. Sé que no los puedo suplir pero los tengo presentes.

P. ¿Nunca el olvido entonces?

R. No, el olvido es una traición. Yo me quedo con los poderes de la memoria para todo. No podría escribir en mi lengua si no tuviera la memoria de la lengua, de lo que me ha precedido, todos somos hijos de la tradición literaria, no podríamos escribir en la propia lengua sin sus antecedentes. No podría escribir sin Cervantes y Quevedo y Góngora.

P. Volvamos a los coros, los hay terribles por su violencia, el de las familias rencorosas, el de las familias salvajes. Son como poemas circulares, una invitación a algún tipo de revolución humanista. ¿Lo ve así?

R. Sí, me costo mucho, mucho, escribirlos. Son textos circulares porque la violencia está circulando entre nosotros de una forma no diría lírica pero sí como una voz casi poética. Es una violencia que se manifiesta en hechos brutales porque está aspirando al lenguaje, y yo creo que el escritor debe darle lenguaje a lo no dicho. En nuestras sociedades la violencia se manifiesta con hechos, no con palabras. Darle lenguaje a lo no dicho es una de las posibles contribuciones del escritor. No se puede vivir en el mundo actual sin tener la preocupación por el otro y no digamos ya en América Latina y en una población como México donde la mitad de la gente vive en la miseria. La situación del mundo actual para mí es la peor que he tenido en mi vida porque la Segunda Guerra Mundial te permitía ser maniqueo: aquí están los buenos y aquí los malos. Era muy claro el asunto. Ahora hay una confusión terrible y un terrible hecho que no puedo dejar de mencionar: el activismo ciego de la Administración de Bush, la incapacidad para negociar, para entender al otro, la idiotez de pensar que lo que ellos van a imponer a Irak o a Palestina o a Irán es lo bueno, cuando ellos tienen su propia cultura antiquísima y saben lo que quieren perfectamente bien. Ese maniqueísmo que Estados Unidos está practicando me parece que es de una peligrosidad extrema.

P. En un relato final hay un homenaje a un cuadro de Hokusai cuya contemplación parece redimir al personaje. ¿Quiere significar que tanta violencia, tanta injusticia y tanta sinrazón pueden ser redimidos por el arte?

R. Es falso, el personaje que posee el hokusai es un hombre maldito que manipula a las dos mujeres aunque ellas finalmente le den su merecido. Es un personaje muy antipático que cree que se redime porque le gusta el arte japonés, es un esteta, pero eso no lo redime como ser humano para nada, en absoluto.

P. Terminamos como empezamos. ¿Qué quiere decirle a sus lectores?

R. Al lector no quiero decirle nada, quiero que él me diga algo a mí, que me responda a través de la lectura, sino para qué publico. ¿Qué me dice el lector a mí? Yo ya sé lo que traté de decir, pero no sé lo que dije hasta que el lector me responda. ¿Adónde va el barquito de papel que uno pone en las aguas del río? ¿Cómo va a ser recibido, cómo lo van a leer? Ése es el gran misterio de la escritura y la gran exposición del escritor. Soy vulnerable, estoy abierto, tengo el pecho aquí, ¡tiren!, ¡balaceen! o ¡láncenme flechas!, ¡Cupido, por Dios!

BIBLIOGRAFÍA

NARRATIVA

La Silla del Águila (Alfaguara).

Inquieta compañía (Alfaguara).

Instinto de Inez (Alfaguara).

Los cinco soles de México (Seix Barral).

Cristóbal nonato (Seix Barral).

Los años con Laura Díaz (Espasa, Alfaguara).

La muerte de Artemio Cruz (Punto de Lectura, Mondadori, Cátedra).

Cambio de piel (Punto de Lectura).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

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