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domingo, 3 de septiembre de 2006

Platos al calor del sol

Existen medio millón de cocinas solares en el planeta. Una alternativa ecológica necesaria para los países en desarrollo con un uso recreativo en el Primer Mundo

A veces, la cocina sólo es posible si el tiempo lo permite. Y hoy es posible. A las once de la mañana, en pleno mes de julio, los rayos de sol bombardean la terraza del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, en Terrassa (Barcelona). En un rincón se erige un gigantesco reflector de ocho metros cuadrados de superficie hecho de hierro y cristal. La ambientóloga Marta Pahissa aprieta los últimos tornillos mientras los cocineros Paco Guzmán y Albert Cases, protegidos con gafas de sol y blancos delantales, llenan la olla de agua. Los raviolis son el plato elegido. "Gasto 0 y felicidad 100%; es perfecto cocinar con el sol", dice Marta.

En el mundo existen cerca de medio millón de cocinas solares de distintas tecnologías, calcula Jordi Miralles, presidente de la Fundación Terra, entidad que promueve este tipo de experiencias. Básicamente hay dos formas de aprovechar la radiación solar. La de acumulación atrapa la energía solar a través del efecto invernadero y hace de horno. Son cocinas sencillas de construir que no requieren de atención permanente durante la cocción. Las cocinas solares de concentración aprovechan la propiedad de reflexión de un espejo parabólico o de otras formas. Los raviolis se están cociendo en un reflector diseñado por Wolfgang Scheffler, que montó su primer aparato en 1986. Este físico austriaco construye cocinas solares para colectivos. La mayor está instalada en la India: 84 reflectores capaces de cocinar para 18.000 personas a diario. Marta ha trabajado en varias ocasiones con Scheffler y conoce a la perfección estos artilugios; además fue la directora de la conferencia solar celebrada en julio en Granada. La joven subraya que España cuenta con el mayor centro de investigación, desarrollo y ensayos de Europa dedicado a las tecnologías solares de concentración, la Plataforma Solar de Almería.

Licenciada en ciencias ambientales, Marta ha extendido su devoción a la familia, que ya dispone de su propio horno solar; la abuela Victoria incluida. Marta defiende esta forma de cocinar para evitar, entre otras cosas, la deforestación y las enfermedades oculares y respiratorias que provocan las cocinas a leña. Existen unos 2.000 millones de personas con problemas de combustible para poder cocinar cada día, subraya. En áreas rurales de países como India o en el África Subsahariana se ven obligados a caminar entre una y cinco horas y hasta 15 kilómetros diarios para la recolección. El reto es lograr 200 millones de cocinas solares para tratar de solucionar la crisis de la leña en los países en desarrollo. Marta propone para nuestros hogares un uso recreativo de estas cocinas como barbacoa solar. Pero ¿qué comemos si no hay sol? "Es la pregunta que más veces nos formulan… Si se nos acaba la bombona de butano, no podremos encender el fogón, y si no hay sol, no podremos encender la cocina solar", explica Marta. "En áreas rurales de países en desarrollo se acostumbra a cocinar también la cena durante el mediodía. En caso de tener un día nublado, se puede usar el combustible tradicional. Y existen dispositivos de acumulación y retención del calor".

En otra terraza, en Barcelona, otras dos cocinas solares están en marcha. Son dos aparatos domésticos. Las manzanas se preparan en un horno que lleva el nombre de SOUL (Sun Oven Ultra Light), una simple caja de madera con lana natural que actúa de aislante, un vidrio de tapa y un reflector. Este modelo lo promueve la Fundación Terra.

Albert agujerea las manzanas por el corazón, les introduce azúcar, canela y mantequilla. Y a esperar. El cocinero no se conforma. Pone en marcha la cocina parabólica KSOL, que concentra los rayos del sol en la paella para preparar un pollo con chanfaina. Coloca la paella en esta cocina que pesa 219 kilos y capaz para 12 raciones. Su potencia es de 600 vatios, y su precio, unos 150 euros. Albert saltea la cebolla tierna, el pimiento, el calabacín y la berenjena, todo cortado a dados; añade ajo y laurel, y el pollo marcado.

"Tiene sentido una cocina solar doméstica si cocinas al aire libre", asegura Miralles, pensando en las posibilidades de la barbacoa solar. Sin embargo, reconoce que en Europa no ha cuajado todavía. "Está en la línea de la cooperación y la experimentación". Y añade: "Si la gente tuviera conciencia de las emisiones tóxicas, la barbacoa del siglo XXI sería solar".

Lo que hay que saber

01 Es indispensable que haga sol. En días de buena radiación solar, las cocinas parabólicas cocinan igual de rápido que las convencionales, según los expertos.

02 Conviene cocinar siempre con gafas de sol.

03 Se recomienda que la olla sea negra, mate y lleve tapa, aunque pueden usarse otros recipientes. Es preferible que sean oscuros.

04 La parábola reflectora debe reorientarse cada 15 minutos.

05 Con una adecuada radiación solar, un litro de agua tarda en hervir unos ocho o nueve minutos.

06 El precio de una cocina solar oscila entre los 100 y los 180 euros.

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