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domingo, 27 de agosto de 2006
Reportaje:

En busca del 'oro negro' español

La escalada del petróleo anima a una docena de firmas a rastrear crudo y gas en el subsuelo

España no es Tejas, pero algo de petróleo tiene. La producción española -1,23 millones de barriles en 2005, la mitad de lo que Venezuela extrae en un solo día- es una aportación meramente testimonial de cara a la cobertura del consumo interno. Pero la escalada del precio del crudo en los mercados internacionales está animando a una docena de empresas (con Repsol YPF y Cepsa a la cabeza) a explorar el subsuelo (sobre todo el marino) en busca de hidrocarburos. La cuenca vascocantábrica, la mediterránea, el valle del Guadalquivir y Canarias centran los esfuerzos inversores, que el año pasado alcanzaron 44,9 millones (37,7 millones en exploración y el resto, explotación), un 75% más que en 2004.

El milagro se produjo en el paraje de La Lora, en el noroeste de Burgos, en 1964. La antigua Campsa y su socia Amo Spain descubrieron en esa zona el primer yacimiento de petróleo en España. De aquellos pozos apenas salían 85 barriles diarios de un crudo espeso, de calidad mediocre, lejos de los millones de barriles del fino oro negro del golfo Pérsico. Pese a todo, el hallazgo supuso un hito para la dictadura franquista y para sus servicios de propaganda. Hoy, en La Lora, se sacan sólo 113 barriles al día (41.410 al año), el 4% de la producción en España, que, en todo 2005, alcanzó 1,23 millones de barriles, la mitad de lo que Venezuela extrae cada 24 horas.

"En España hay petróleo", afirma el consultor Carlos Álvarez, que ha trabajado para BP y Repsol YPF y está en el negocio desde 1981. "No habrá grandes campos, pero sí yacimientos de tamaño pequeño a medio que, con el barril a 70 dólares, son rentables", añade. Vale la pena invertir si hay crudo. "Si se encuentra, es rentable, pero es difícil", coincide Fernando Meléndez, de Petroleum, firma dedicada a la exploración y producción de hidrocarburos y que acaba de ser adquirida por Gas Natural.

No hay un 'boom', pero la actividad es ahora un poco más pujante que en los noventa

El crudo se concentra en Tarragona y Burgos, mientras el valle del Guadalquivir tiene gas

La escalada del precio del petróleo -de 10 a 70 dólares en siete años- está animando a las petroleras a volver su vista hacia España. En la actualidad una docena de empresas buscan o extraen crudo y gas en territorio español, muy lejos, con todo, de la situación de hace 20 años, cuando superaban la treintena. Repsol YPF, Cepsa, la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi (SHESA) y Petroleum son las más significativas. La última en apuntarse a la lista ha sido la británica Medoil, que acaba de pedir permiso al Gobierno para buscar crudo frente a la costa de Valencia, lo que ha generado una gran polémica en la zona. En el último año dos grandes, British Gas y Hunt Oil, han abandonado el país.

Un total de 70 permisos y 25 concesiones de explotación están vigentes ahora para buscar hidrocarburos, según la Comisión Nacional de la Energía (Ministerio de Industria). No se trata del mejor momento, según los expertos. No hay un boom. Pero esta actividad en España, que vivió su fiebre de oro entre 1960 y 1985, es ligeramente superior a la de los noventa.

¿Dónde hay petróleo? La máxima de cajón a la que recurren los geólogos es simple: busca donde ya hay. "Vemos qué es lo que han hecho los demás y nos fijamos en zonas próximas, así se reduce la incertidumbre", explica Gonzalo Ruiz, de la Asociación de Geólogos y Geofísicos Españoles del Petróleo, que trabaja para una de las compañías del sector. "Aquí hay poco donde rascar", puntualiza. En España hay tres grandes áreas en las que se centra la explotación y exploración de crudo y gas. Se trata de la cuenca vascocantábrica, la mediterránea (frente a Cataluña y Comunidad Valenciana) y el valle del Guadalquivir (gas natural).

La más activa en este negocio es Repsol. La petrolera produce crudo a través de la plataforma Casablanca situada en el Mediterráneo, frente a las costas de Tarragona, y extrae gas en el golfo de Cádiz. "Este campo está ya en su fase terminal", señalan fuentes del grupo, que tiene permiso para buscar hidrocarburos (casi siempre yacimientos submarinos) en Murcia, Málaga, Asturias, Canarias y Tarragona. Mientras, Cepsa tiene una participación en la plataforma Casablanca, área en la que también explora. También busca crudo en el Pirineo catalán. La actividad de Petroleum se centra en el valle del Guadalquivir y el golfo de Cádiz, en cuanto al gas, y frente a las costas de Tarragona, en petróleo. Shesa se centra en el norte.

Las inversiones, sin embargo, son modestas. El dinero destinado a las actividades de exploración y explotación por las empresas alcanzó los 44,9 millones de euros en 2005 (casi todo en exploración), según el Ministerio de Industria (véase gráfico). Este importe es el doble del registrado en 2004, pero está muy lejos de los 141 millones invertidos en 2001. La producción va a la baja. En 2005, alcanzó 1,23 millones de barriles, frente a los 1,87 millones de 2004. En 2005, se realizó un sondeo (fase avanzada de la exploración), frente a los tres de 2004 y a los cinco de 2003, aunque en 2000 no hubo ninguno.

Más allá de las estadísticas, los expertos aprecian una ligera recuperación. "La actividad fue pujante hasta 1985", explica Carlos Álvarez. "Desde ese año, con el brusco descenso del precio del crudo hubo un parón tremendo y se ha ido recuperando muy poco a poco", dice. "Con el barril cotizando a 15 dólares en el mercado internacional no salía tan rentable buscar crudo en España; ahora que está en máximos, sí", añade Gonzalo Ruiz. Además, no es muy caro de transformar en carburante, ya que suele ser de calidad media. Cuanto más ligero, el petróleo es más fácil de extraer y menos costoso de refinar (el saudí, por ejemplo); cuando más pesado, más difícil de extraer y más costoso de refinar (el venezolano, extrapesado).

"En comparación con otros países vecinos, como Francia e Italia, España no está lo suficientemente explorada", sostiene Carlos Álvarez. Además de que los costes de exploración están subiendo y el riesgo es cada vez más alto, una de las razones que esgrimen expertos como Fernando Meléndez para explicar por qué la actividad es reducida es el papeleo y los retrasos a los que hay que hacer frente para conseguir la autorización para realizar los trabajos de exploración y explotación.

Una autorización puede llevar años. La empresa solicitante debe tener una capacidad financiera mínima de tres millones de euros. También tiene que satisfacer unos depósitos para investigar y explotar, y comprometerse a una inversión mínima, entre otras requisitos. Todo ello se calcula en función de las hectáreas de la zona que se explora y del año de ejecución del permiso, que suele durar entre cinco y seis años, prorrogable.

Para los ecologistas, todas las exigencias son pocas. "Los trabajos de exploración tienen un impacto brutal en el ecosistema", advierte María José Caballero, de Greenpeace, organización que se opone a los planes de Repsol de sacar petróleo en Canarias. "Hay que exigir a las compañías que evalúen con mayor rigor el efecto de sus trabajos en el medio ambiente".

Reservas mundiales para 40 años

Las grandes potencias convirtieron el petróleo en la principal materia energética, en sustitución del carbón, a mediados del siglo pasado. Y garantizar su suministro es una de sus grandes preocupaciones.

Los últimos datos de reservas mundiales cifran en 1.300 millones los barriles de crudo disponibles y en 173.000 millones los metros cúbicos de gas. Teniendo en cuenta los niveles de consumo actuales, estas reservas aseguran 40 años de petróleo y 65 de gas natural.

Así lo pone de manifiesto un reciente artículo publicado por la revista Cuadernos de información económica, editada por Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros). El miedo a que el crudo se agote es una de las múltiples causas que explican que el precio del barril de brent -de referencia en Europa- haya pasado de los 10 dólares de la década de los noventa a los actuales 70 dólares. Además, la demanda de economías emergentes como China e India todavía han presionado más sobre la oferta.

Pero uno de los principales temores de Occidente es que dos tercios del petróleo está en manos de cinco países del golfo Pérsico. Con más de nueve millones de barriles diarios, Arabia Saudí -donde el petróleo está ligado a la religión y se le considera un regalo de Alá- es el principal productor, seguido de Irán -donde el crudo es el botín de la revolución de los ayatolás de 1979-

con 3,8 millones de barriles.

Además, el 58% de las reservas se encuentran en Oriente Próximo, el 17% en Estados Unidos, un 8% en Latinoamérica y África y un 6% en Europa del Este y Rusia.

Para diversificar el riesgo y disminuir la dependencia de Oriente Próximo, se está explorando en otras zonas del mundo, como el Caspio, pero este proyecto aún no ha madurado. Y la intención del presidente de Estados Unidos de ampliar la explotación en Alaska ha topado con fuertes reticencias entre los ecologistas. Se ha planteado, sin mucho éxito, la necesidad de buscar crudo en África, Asia Central y América Latina, mientras cada vez son más los que destacan la necesidad de dar un mayor impulso a las energías alternativas, sobre todo la solar y el hidrógeno.

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