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Crónica:PIE DE FOTO | EL PAÍS, 16-06-2006

Física y moral

Lo que ven dentro del ataúd de cristal no es una bella durmiente desesperada, sino una momia guanche que se expone (o venía exponiéndose) en el Museo Nacional de Antropología, en Madrid. Se trata de un varón de unos 40 años que vivió entre los siglos XI y XIII. De acuerdo con el reportaje que acompañaba a la foto, en la sala de la momia había también un par de esculturas de aborígenes del África subsahariana, así como un conjunto de cráneos deformados y el esqueleto de un "gigante extremeño" que vivió en Badajoz a mediados del siglo XIX. También se podía ver la cabeza de un pirata chino decapitado en Hai Phong y una colección de máscaras mortuorias. Todo ello bajo el rótulo de "Antropología física".

Nos parece, no sé, una momia amable, quizá poco segura de sus convicciones nacionalistas

¿Por qué física?, nos preguntamos. La mera enumeración del material expuesto evoca más un espacio moral. Uno visita una sala como ésa y sale transformado desde el punto de vista de la conciencia. Qué raro es el mundo, es lo primero que se nos viene a la cabeza. Quién le iba a decir a ese pobre guanche de 1,60 metros de altura que acabaría conviviendo con un gigante extremeño de 2,35. ¿La decisión por la que se les ha reunido en esa sala pertenece al ámbito de la física o de la moral? ¿Por qué esos cráneos deformados al lado suyo? ¿Por qué esos subsaharianos? ¿Por qué esas máscaras mortuorias de etnias tan lejanas? ¿Por qué, Dios mío, la cabeza de un pirata chino decapitado en Hai Phong? Imaginemos por un instante que lo de la resurrección de los muertos fuera verdad y que un día la momia guanche abriera los ojos y lo primero que viera fuera un gigante extremeño. Qué extrañeza, qué espanto, qué hago yo aquí, se preguntaría acojonada, con perdón.

Más todavía: si yo ofreciera mi cuerpo a ese museo para que fuera momificado (tras mi muerte, quiero decir) con la condición de que lo colocaran en esa sala, ¿lo aceptarían? Lo dudo, porque no soy chino ni subsahariano, ni guanche ni extremeño, ni gigante ni pirata. Moralmente hablando, carezco de interés. En cambio, si fuera un enano de Elche, me expondrían encantados bajo la etiqueta "Enano ilicitano del siglo XX". Lo que falta en esa sala para completarla desde el punto moral es eso, un enano ilicitano (o ibicenco, no pretendo molestar a nadie). ¿Hay o no hay un criterio moral tras esa ordenación?

El Cabildo de Tenerife considera que la momia guanche es un "patrimonio arqueológico imprescindible en la historia de los canarios", mientras que el Ministerio de Cultura asegura que "es esencial en el discurso expositivo del museo". A usted y a mí nos da igual, pero nos conmueve mucho su postura. Observen ese hombro levantado, como intentando proteger la cabeza; ese gesto que parece decir "no me hagan daño"; esa sumisión con la que une los brazos al tronco, en posición de firmes... Nos parece, no sé, una momia amable, quizá poco segura de sus convicciones nacionalistas, pero es que la pobre no sabe que es guanche, ni siquiera sabe que es momia. En cuanto al cojín blanco que le han puesto en los pies, ¿no habría sido más caritativo colocárselo debajo de la nuca? Lo digo desde el punto de vista moral, aunque desde el físico quizá los pies lo necesiten más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de agosto de 2006