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Reportaje:

"Éstos son los que condenaron a mi padre"

La hija de un represaliado de la Guerra Civil rechaza que la ley de memoria histórica oculte los nombres de los verdugos

"¡Y que no pueda continuar siendo maestro vuestro! Qué tortura más grande para un padre amante de sus hijos y sobre todo si ese padre es maestro. ¡Adiós, adiós, hijos míos! Sed muy buenos con todos. Guardadme siempre un gran recuerdo. Quered mucho a mamá y obedecedla. Epifanio". El maestro de la escuela de Bárcenas de Pie de Concha, Epifanio Romero Pindado, se despidió con estas palabras en una carta de su mujer y sus cuatro hijos en la primavera de 1938. Siendo maestro, un consejo de guerra lo condenó a muerte el 8 de abril por el delito de "rebelión militar". No fue ejecutado, pero esa sentencia marcó su vida.

Amelia Romero es la hija menor de Epifanio Romero. Cuando la semana pasada se conoció el proyecto de Ley de Memoria Histórica no daba crédito. La ley prevé que se emitan declaraciones de reparación, que se publicarán en el BOE, donde se expresará el carácter injusto de todas las condenas por razones políticas o ideológicas. Sin embargo, "la declaración omitirá toda referencia a la identidad de cuantas personas hubiesen intervenido en los hechos o en las actuaciones jurídicas". "En esta sentencia el nombre de mi padre está bien claro", clama Amelia Romero. "¿Cómo que no se va a saber el nombre de los verdugos? Esta ley va a hacer lo que no se ha hecho en Suráfrica o en Chile". Amelia asegura que está dispuesta a pagar una publicidad en prensa si es necesario para hacer públicos esos nombres de su pasado.

La condena a muerte de Epifanio Romero tiene cinco firmas, sólo una es legible

"Esta ley va a hacer lo que no se ha hecho en Suráfrica o en Chile", dice Amelia Romero

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Es una postura que comparten asociaciones de víctimas de la represión franquista y partidos políticos de izquierda, que han expresado su insatisfacción con el texto. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, explicó tras el Consejo de Ministros que aprobó el proyecto que la ley quiere "cicatrizar heridas sin reabrir nada".

La que muestra Amelia Romero es sólo una más de aquellas sentencias en las que los defensores de la República, según iban siendo derrotados, se convertían en sublevados contra la sublevación. Los antecedentes son que "el día 18 de julio [fecha del alzamiento militar franquista] los elementos del Frente Popular iniciaron de modo violento un movimiento subversivo para dominar (sic) el cual lucha todavía nuestro Ejército", reza el texto. Romero era una persona especialmente señalada como republicano y de izquierdas en Cantabria.

El tribunal militar considera que Romero dirigió "una escuela socialista a la que acudían niños y jóvenes de ambos sexos", envió artículos a la prensa "marcadamente sectarios y de un estilo soez y hasta repugnante" y realizó "denuncias de las personas de derechas", entre otras cosas.

No es la primera vez que se ocultan los nombres de los verdugos franquistas. Se ha hecho siempre. Hasta esta semana, Amelia Romero no tenía la sentencia del juicio de su padre, sino un certificado de la misma obtenido en 1952. En el certificado, cada vez que hace referencia a las firmas, dice "ilegible".

La sentencia de la causa 8106-38 está rubricada con cinco firmas. Pero los nombres, al contrario que los de los condenados, no están mecanografiados. Uno de ellos, el presidente del tribunal, firma con una caligrafía excelente y es perfectamente legible. "Esta sentencia es claramente ilegal", dice Amelia. "Fueron terribles épocas, de acuerdo. Pero lo primero que tiene que hacer alguien que condena a muerte a otra persona es dar su nombre". La ley reconocerá el carácter ilegal de estas sentencias, pero no las revisará ni anulará.

Tras 80 días condenado a muerte, la pena de Epifanio Romero fue conmutada por 20 años de prisión. Amelia cree que influyo la familia de su madre, "que eran muy franquistas y conocían a gente importante". Salió en libertad condicional en 1943. Inhabilitado como maestro, sobrevivió diez años dando clases particulares, acosado por la vigilancia policial. En 1953 se exilió a Venezuela con su familia.

Empujado por su familia, Epifanio Romero volvió a España a principios de 1968. Para ello solicitó la depuración de su expediente. Cuarenta años después de ser condenado a muerte, el Juzgado de Revisiones del Ministerio de Educación Nacional emitió un documento en el que se reconoce que "si bien era persona de ideología izquierdista, nunca tomó parte en actos delictivos, ni contra las personas". Por este documento, Epifanio Romero fue rehabilitado para ejercer como maestro el 7 de abril de 1968. Había muerto una semana antes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006