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Los problemas de la inmigración | La peripecia de un rescate

Fin de una "odisea surrealista" en Malta

España acoge a más de la mitad de los inmigrantes rescatados por el pesquero 'Francisco y Catalina'

Dos aviones militares españoles despegaron a primera hora de la tarde de ayer del aeropuerto de La Valeta con 46 inmigrantes eritreos y etíopes que recogió hace ocho días en el mar el pesquero Francisco y Catalina. Los cinco restantes, de origen magrebí y paquistaní, se quedaron en Malta. Uno de los aparatos hizo escala en la ciudad italiana de Crotone, donde desembarcó a 12; el otro tomó tierra en Barcelona, donde se quedaron otros cinco, de los que se hará cargo Andorra, para proseguir hacia Madrid, donde estaba previsto que ambos aviones aterrizaran esta madrugada con los 29 restantes. La embajadora española en La Valeta, Marta Vilardel, suspiró aliviada al verlos partir: "Afortunadamente se acabó esta odisea surrealista".

El reparto de los inmigrantes no quedó claro hasta que éstos subieron a los aviones. Después de que Italia renunciase a sus exigencias para que España aceptara el trueque de 12 eritreos por 40 marroquíes retenidos en la isla de Lampedusa, fue Libia el país que se descolgó de la operación, al negarse a recibir a los 10 eritreos que había aceptado dos días antes. Finalmente, España se quedará con la mayoría (27 eritreos y dos etíopes), Italia con 12, Andorra con cinco y Malta con otros cinco.

Nada más llegar a Madrid, los 29 inmigrantes que se quedarán en España serán atendidos por la Cruz Roja y Comisión Católica, y trasladados a instalaciones de ambas ONG, dentro del programa de acogida del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se hará cargo de la tutela de los 10 que iban a ser acogidos por Libia, según anunció la vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega, en la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Esa conferencia de prensa fue el último ejemplo del caos que ha presidido la "odisea surrealista" del Francisco y Catalina desde el viernes de la semana pasada, cuando los 10 tripulantes del pesquero español rescataron, a 100 millas al sur de Malta, a 51 náufragos que se hallaban en una lancha a la deriva, y el Gobierno de La Valeta se negó a que los desembarcaran en el archipiélago. La vicepresidenta aseguró ayer que España acogería a 18 de los inmigrantes y que la mayoría de ellos eran "marroquíes", por lo que serían "rápidamente repatriados a su país".

La gestión del Ministerio de Asuntos Exteriores en esta crisis ha levantado chispas en el Gobierno. Después de siete días centralizando la información, ayer por la mañana un portavoz del ministerio se desmarcó de afirmaciones anteriores declarando a la agencia Efe que no era ese departamento, sino la Unión Europea, quien lideraba las negociaciones para repartir a los inmigrantes. Por la tarde, otro portavoz indicó a este periódico que el asunto había pasado a manos del Ministerio del Interior.

En medio de semejante confusión, parece muy sensata la respuesta del portavoz de Defensa acerca de la misión de los aviones enviados a Malta para recoger a los inmigrantes: "Los aparatos se hallan en la isla a disposición de quien corresponda". Esta madrugada, Interior, Defensa, Exteriores y Trabajo se cedieron la responsabilidad de informar sobre la hora de aterrizaje de los aviones, según Efe.

Alegría en el barco

A las cinco de la tarde despegó el primer avión. Pero, hasta ese momento, los tripulantes y los inmigrantes del Francisco y Catalina aún tuvieron que sufrir un poco más. Hacia las once de la mañana, un escarmentado marinero del pesquero comentaba: "A ver si esta vez...". A las doce y media, el barco se puso en movimiento y estalló la alegría. "¡Viva España!", "¡España, te quiero!", gritaban los inmigrantes, que asomaban por la borda y hacían signos de victoria. Era su hora de almorzar y celebraron su última comida: pasta con tomate. Se mirase donde se mirase en el interior del barco, había una sonrisa. Porque no hay espacios vacíos y porque, en tres horas, iban a pisar Europa.

Marta Vilardel, la embajadora de España en Malta, prometió: "Lo primero que voy a hacer en cuanto bajen del barco es darle un beso al capitán". Vilardel lo cumplió horas después de lo que le hubiese gustado -hacia las tres de la tarde- en la zona militar del puerto de La Valeta, ante la inhibidora presencia de decenas de policías y militares que, con cara de pocos amigos y mascarillas sobre la boca, también acudieron a recibir a tripulantes y náufragos. En el muelle, todos los presentes -autoridades maltesas y españolas, policías y militares- demostraron una eficiencia hasta ese momento insólita: los inmigrantes desembarcaron, fueron introducidos en tres autobuses de la policía maltesa y, en pocos minutos, llegaron al aeropuerto, donde esperaban los dos aviones españoles. Los sin papeles pasaron siete días y medio parados a 12 millas de La Valeta y apenas dos horas en la capital maltesa.

En Madrid, la vicepresidenta anunció que el Consejo de Ministros había decidido conceder la Medalla al Mérito Civil al armador y a la tripulación del barco "en señal de agradecimiento por el auxilio prestado en alta mar". El Ministerio de Agricultura acordó "buscar la asignación de ayudas" al pesquero para compensar "las pérdidas económicas", que el capitán cifra en 6.000 euros diarios.

Ocho días bajo el bochorno

La llegada a Madrid de los dos aviones con los últimos inmigrantes del Francisco y Catalina ha puesto fin a la "odisea surrealista" del pesquero, de sus 10 tripulantes y de los 51 sin papeles, que han aguantado ocho días bajo un bochornoso calor en la costa de Malta.

- Día 14. Rescate. El pesquero avista, a 200 millas al sur de Malta, una barca a la deriva con 43 hombres, ocho mujeres (dos de ellas embarazadas) y una niña de dos años, todos ellos subsaharianos. Tras recogerlos, el barco emprende rumbo al cercano puerto de La Valeta. Pero a 26 millas de la costa, una patrullera maltesa le impide continuar.

- Días 15 y 16. Petición a Malta. España pide a la Comisión Europea, a Libia y a Malta que encuentren una solución, pero La Valeta se niega.

- Día 17. Identificación. Exteriores anuncia que está trabajando en la identificación de los inmigrantes para poder repatriarlos, mientras el patrón del pesquero alerta sobre la "cada vez más complicada" situación.

- Día 18. Repatriación. Malta acepta repatriar a los sin papeles cuyas nacionalidades determine la policía española.

- Día 19. Acuerdo. España cierra un acuerdo con varios países europeos y africanos para repartir a los sin papeles. Italia exige que, a cambio España acepte a 10 marroquíes.

- Día 20. Desacuerdo. Roma eleva a 40 el número de marroquíes que debe llevarse España para que Italia acoja a los 12 que quiere dejarle España.

- Día 21. Solución. Italia rectifica, pero Libia, que debía acoger a 10 inmigrantes, se descuelga del acuerdo. España decide acoger a más de la mitad de los extranjeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 2006

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